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lunes 21 de agosto del 2000

  • El voto debe ser libre de condicionamientos materiales y morales

  • La alternancia en el poder no significa llegar a la democracia: especialista político

    México DF, AGO 21, 2000 (Román González/CIMAC).- “La excesiva longevidad de un régimen de gobierno o del predominio de un casi partido/Estado, como la Democracia Cristiana, en Italia, favorece el crecimiento de un sistema complicado y casi intocable de privilegios. En Italia, lo llamamos submundo del poder”, aseguró el especialista en asuntos políticos Michelango Bovero.

    En el auditorio del Instituto Federal Electoral (IFE), el filósofo italiano expresó que se expande, cada vez más, la convicción de que la alternancia en el poder pueda determinar una mejoría en la vida política, o incluso que la misma coincida con la llegada de una “democracia auténtica y madura”.

    El doctor en Filosofía por la Universidad de Turín, Italia, explicó que la alternancia en el poder no es un fenómeno exclusivo de la democracia. “El hecho de que ocurra una renovación política no es una prueba suficiente de la buena calidad democrática de un régimen político. No debemos olvidar que el criterio formal mínimo, con base en el cual se distingue a una democracia de una que no lo es, está representado por el sufragio universal y libre”

    Afirmó que decir que hay democracia, es cuando todos aquellos a los cuales se dirigirán las decisiones políticas, tienen el derecho de participar directa o indirectamente en el mismo proceso electoral. Asimismo, el voto de cada uno debe pesar igual, cada voto, dijo, debe ser el resultado de una decisión individual, libre de condicionamientos materiales y morales.

    “No se puede concluir que un Estado sea o se haya vuelto una democracia madura por el sólo hecho de que se haya verificado una alternancia en el poder. Tampoco se puede afirmar que el mismo Estado no lo fuera anteriormente por la sola razón de que no se había producido aún una alternancia”, aseveró.

    Hay que observar, precisó, que dichos “regímenes longevos”, desde el punto de vista de su fin, no coincide, necesariamente, con la desaparición total de los grupos previamente dominantes de la escena política.

    Con la ponencia “Democracia, alternancia y elecciones”, el filósofo señaló que quien quisiera sostener la existencia de un vínculo indisoluble entre democracia y alternancia, estaría obligado, por coherencia lógica, a afirmar un absurdo, es decir, que unas elecciones libres cuyo resultado no esté predeterminado en un sentido u otro, son inútiles e incluso dañinas para la democracia”.

    Además dijo que vincular de manera estrecha el concepto de democracia al de alternancia implica lógicamente desvincularlo de las elecciones y, por el contrario, vincular el concepto de democracia al de elecciones implica reconocer la posibilidad de que pueda existir democracia, también en los casos donde no haya alternancia.

    Aseguró que el concepto de alternancia y democracia no se pueden sobreponer de manera perfecta. pero la alternancia es posible aun cuando no se tenga una plena democracia.

    Recomendó que las y los ciudadanos no deben ser electores por un día, sujetos pasivos por años, espectadores o apáticos, sino que deben conservar un papel activo, asumiendo la figura de opinión pública critica. “El ciudadano como elector es una especie de juez de los candidatos, la cual debe de prolongar su actividad, tornándose en juez de los elegidos”.

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