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jueves 13 de julio del 2000 | ||
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La diferencia con los países desarrollados, es que en estos países el virus ha atacado principalmente a hombres que tienen sexo inseguro con otros hombres, aunque también hay importantes contagios por relaciones heterosexuales. Pero además la explosiva combinación de subdesarrollo, pobreza y marginalidad han sido el caldo de cultivo para que sólo en 1999, cuatro millones de africanos hayan engrosado la lista de seropositivos, según el reporte global del Programa de Naciones Unidas contra el Sida (ONUSIDA), presentado en la XIII Conferencia Internacional de Sida que se realiza en esta ciudad. Esta es la primera vez que una conferencia internacional sobre Sida se realiza en un país en desarrollo, con la presencia de 12 mil 700 personas y más de un millón visitando la página web de la conferencia: AIDS2000. Además, es la primera ocasión en que el tema de los derechos humanos se aborda en este marco, ya que las anteriores reuniones fueron copadas por la comunidad científica y las compañías farmacéuticas, principalmente. El informe de ONUSIDA advierte que actualmente hay en el mundo 34.3 millones de personas VIH positivas, 33 millones son adultos (15.7 millones mujeres), 1.3 millones infantes y adolescentes menores de 15 años; han muerto a causa del Sida 2.8 millones de personas el año pasado y 18.8 millones han perecido desde que se descubrió el virus hace casi 20 años. Estas muertes superan la cantidad de vidas perdidas en las dos guerras mundiales del siglo XX. Lo más grave de la pandemia es que el 90 por ciento de las personas VIH positivas vive en países en desarrollo, donde las condiciones de marginalidad, la infraestructura sanitaria y de servicios generales básicos, son deficientes o inexistentes, así como el acceso a los medicamentos paliativos del virus es una verdadera utopía por su alto costo. Esta realidad se palpa en un país como Sudáfrica, con larga data de segregación racial institucionalizada y que llevó a la mayoría de la población negra (80 por ciento aproximadamente) a vivir en condiciones de pobreza y explotación extrema que aún prevalecen. Hasta hace seis años que el sistema conocido como "apartheid" fue abolido por gobierno de negros, lo que permitió la llegada a la presidencia de Nelson Mandela, toda una leyenda viviente de la lucha contra el racismo. Sin embargo, todavía subsisten las dos Sudáfricas: la de la población negra, pobre, infestada de VIH y todavía con limitados accesos a recursos de desarrollo y mejores servicios públicos, y la de la gente blanca, con VIH también, pero mejor educada, con mejores trabajos y posibilidades de tratarse con medicamentos antirretrovirales. No en vano, comunidades como Mtubatuba, a unos 250 kilómetros al noroeste de esta ciudad, mayoritariamente negra, presenta serios problemas de prevalencia de VIH, especialmente entre población joven con menos de 25 años. Pese a la alta incidencia de este virus de transmisión sexual, hablar de sexualidad entre esta población y en zonas rurales es sumamente difícil, según representantes de la no gubernamental Centro Africano, que realiza un censo en ésta región para tratar de tener datos precisos de las familias y las personas seropositivas, así como la forma de abordar el tema y diseñar campañas de prevención eficaces. La otra Sudáfrica, la blanca, vive la seropositividad en mejores condiciones, según reconoció Edwin Cameroon, juez de la Suprema Corte de Sudáfrica, quien declaró públicamente en la primera sesión plenaria de la conferencia, su condición de gay, burgués y VIH positivo. Pero su investidura no le impidió poner el dedo en la llaga de ésta inequidad en el acceso a los medicamentos antirretrovirales. Cameroon comenzó a tener los primeros síntomas de las enfermedades oportunistas hace tres años y gracias a su salario de juez puede desembolsar los 400 dólares mensuales que le cuestan las cuatro píldoras que toma a diario para mejorar su sistema inmunológico. Un lujo que su condición social y profesional se lo permite, pero consciente de sus privilegios de clase y raza se preguntó: "¿Qué pasa con la gente pobre de este continente, la mayoría negra que vive diariamente con menos de un dólar y quienes obviamente no tienen la menor posibilidad de ser tratados con éstos medicamentos?". Para él y otros activistas internacionales, los derechos humanos y la salud van de la mano y un derecho humano es la posibilidad de tener buenas condiciones de vida --no sólo el acceso a servicios públicos de calidad-- así como a medicamentos que permitan esa buena calidad de vida, una demanda bastante ignorada en los países en desarrollo. Este es uno de los principales focos de discusión de ésta treceava conferencia que reúne aquí a las principales transnacionales farmacéuticas y a las cuales dirigentes de derechos humanos, representantes del sistema de Naciones Unidas y personalidades científicas, les han señaló con insistencia cómo el alto costo del tratamiento antirretroviral impide mejorar las condiciones de vida de cientos de personas pobres y aumenta notablemente las posibilidades de infecciones de bebés por nacer o lactantes. El juez Camerún, el científico Royó Anderson y otras decenas de eminencias científicas insisten en señalar que la inversión de recursos en tratamientos para quienes ya están infectados y las campañas masivas de prevención sostenidas --incluidas políticas hasta poco populares como reconocer la vida sexual activa de los adolescentes y permitirles acceso libre y gratuito a condones--, son los grandes factores que hubieran --y podrían todavía-- sentar la diferencia en la expansión de esta pandemia. Camerún califica el negocio de las compañías farmacéuticas con el coctel antirretroviral como "un nuevo apartheid o nazismo", "un acto criminal tan grave como cualquier guerra". En efecto, Royó Anderson recordó la estupefacción del mundo por las matanzas de Kosovo y la ex Yugoslavia, pero la muerte de casi tres millones de personas por Sida, en 1999, no desvela a nadie. No en vano, la conferencia internacional de Sida comenzó con una marcha por parte de integrantes de la Campaña Mundial por el Libre Acceso a los Medicamentos, quienes no perdieron ocasión para presionar en paneles y mesas redondas a los representantes de compañías como Merck, laboratorios Abbott, Bristol Mayers, Pfizer y Hoffman-Roche, entre otras. La campaña ejerce fuertes presiones a todos los niveles para demandar la baja en los precios de los medicamentos que controlan la multiplicación del virus en las células humanas.
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