viernes 14 de julio del 2000

  • El tormento de las brujas en pleno siglo XXI

  • Pobladores de San Martín Buenavista pretendían linchar y quemar a una mujer

    OAXACA, Oaxaca, 14 JUL, 2000 (Soledad Jarquín, Salvador Flores/ CIMAC).- El paso del tiempo, el crecimiento de la sociedad y los avances “humanos” parecieron no importar mucho a los habitantes de San Martín Buenavista, quienes a manera de un “pequeño correctivo” llevaron a Esther Martínez Martínez hasta la plaza con la pretensión de lincharla y quemarla viva porque supuestamente practicaba la brujería.

    La historia pareciera sacada del siglo XII. Ana María Portugal relata en Las Olvidadas del Milenio este tipo hechos, sólo que aquéllos sucedieron entre 700 y 800 años antes de este siglo. En 1310, dice la investigadora y periodista feminista, Marguerite Poréte, escritora mística, fue condenada a la hoguera en Francia por hereje. En 1312 otra francesa, Clarisa de Ruan, fue acusada de ejercer ilícitamente el arte de la curación y por tanto fue excomulgada.

    En 1320, la inquisición se dedicó a eliminar físicamente a todas las mujeres que habían alcanzado algún grado de conocimientos. La más conocida quizá fue Juana de Arco. En 1430 la joven cae prisionera de los ingleses durante la Guerra de los Cien Años. Es además acusada de puta y de bruja por llevar ropas masculinas y condenada a morir en la hoguera, cuenta la periodista chilena.

    La historia vuelve a repetirse. Y fue hasta esta semana cuando Esther Martínez Martínez pudo relatar lo sucedido el 2 de mayo de 1999 en San Martín Buenavista, una comunidad del municipio de San Pedro Yolox, en la sierra norte de Oaxaca.

    En zapoteco, porque no habla el castellano, la mujer de 53 años relata que la mañana del 2 de mayo de 1999 fue detenida por los topiles (policías comunitarios) al mando de Tomás López García, mientras descansaba en su casa, por órdenes de la autoridad de aquella agencia municipal.

    De manera violenta Esther fue llevada hasta la cárcel municipal acusada de practicar la brujería y de comerse a los niños. Incomunicada y sin alimentos, permaneció durante largo tiempo.

    Esther llena de miedo vio llegar al entonces agente municipal Víctor Pascual López, quien de inmediato ordenó a los topiles que le cortaran el cabello, mismo que colocó en una botella llena de alcohol. El miedo y la humillación se habían apoderado de Esther, quien horas más tarde enfrentó una dura prueba. Atada de manos, los topiles la llevaron a la plaza principal de la pequeña comunidad enclavada en la sierra Juárez y donde sus gritos desesperados se ahogaban entre las inmensidad de las montañas.

    La gente de la población ya estaba reunida en el lugar y pedían a gritos que la quemaran “por bruja”. Incitados por el alcalde un grupo de hombres se internó en los montes para traer leña con la que harían la hoguera. Nada parecía detener la turba.

    Emiliano Salinas, uno de los vecinos de Esther, la acusó frente a todos de haber matado y comido a su hijo, mientras una mujer de nombre Victoria aseguraba que su hijo había muerto “de brujería”, la cual habría sido practicada por Esther, quien una y otra vez negaba las acusaciones sin que nadie la escuchara.

    Sin embargo, la decisión de quemar viva a Esther o ahorcarla empezó a derrumbarse porque algunos consideraron que no sería bueno “hacerse justicia por su propia mano”. La discusión se prolongó durante toda la noche y hasta el día siguiente determinaron que sería el presidente municipal de San Pedro Yolox quien decidiría qué hacer.

    El cuatro de mayo, Esther fue “liberada”, no sin antes firmar un documento en el que la responsabilizaron de cualquier muerte o “desgracia” que pudiera suceder en la comunidad, desde entonces permaneció en su casa vigilada por topiles, sin servicios básicos, pero sobre todo sin poder hablar con nadie. Sus sobrinos no pudieron ser inscritos en la escuela primaria, en fin, Esther, su esposo y el resto de su familia permanecieron aislados de la comunidad.

    Esther pudo burlar la vigilancia, llegó a la ciudad de Oaxaca para poner una denuncia por los hechos ocurridos en mayo de 1999 (averiguación previa número 7503/SC/99), en tanto que el gobierno del estado llamó a las autoridades para recriminarles “su vergonzosa actuación”, pero hasta el momento nadie ha sido detenido.

    El propio exalcalde llegó hasta el Palacio de Gobierno, donde fue citado por las autoridades gubernamentales. Entró y salió del lugar sin que nadie hiciera nada para detenerlo. Fue prácticamente regañado, pero nada más.

    Víctor Pascual López, quien habría ordenado que le cortaran el cabello y quien llevó junto con los topiles a Esther hasta la plaza donde iba a ser linchada, señaló tranquilo que en realidad sólo pretendían “darle un pequeño correctivo” y no por bruja, sino porque ésta habría llevado información a las autoridades de San Juan Quiotepec, comunidad con la que tienen problemas limítrofes.

    No fue decisión sólo mía, explicó el exalcalde quitado de la pena. Fue una determinación de la asamblea, lo bueno es que el problema ya fue superado, comenta sin dejo de remordimiento.

    Esther regresará a su comunidad pese a todo y espera justicia. En tanto su principal verdugo se trasladó a Los Angeles California, donde trabaja como jornalero y desde donde vino sólo para recibir el regaño de las autoridades estatales por “su vergonzosa actuación” en mayo de 1999.

    Lo cierto es que el martirio de las brujas podría volver a escribirse.

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