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jueves 1° de junio del 2000 | ||
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En este marco, la próxima semana, en la Sesión Extraordinaria de la Asamblea General de Naciones Unidas “La mujer en el año 2000: Igualdad entre los Géneros, Desarrollo y Paz en el siglo XXI”, se verificarán los logros y avances de las mujeres, lo que todas conocemos como Pekín+5. Las negociaciones suben de tono y los acuerdos están pendientes. Los países musulmanes no aceptan la violación sexual en el matrimonio; el bloque africano no reconoce derechos de herencia y libre matrimonio; el grupo de los 77 quiere sólo hablar de pobreza y desarrollo y nada sobre derechos específicos; Cuba pone obstáculos a los derechos humanos, y México encabeza un grupo de países progresistas a favor de muchos derechos, pero sin querer hablar de modelo económico. De esta manera y entre malabares, palabras, oposiciones, subrayados a un documento sin pies ni cabeza, las negociaciones de los derechos de la mitad del mundo parecen depender estos días de los gobiernos, como al principio de una jornada que ya lleva 25 años. A su vez, María Riley del Center of Concern, vieja negociadora en las Conferencias Mundiales de la Mujer, consideró que ahora es tiempo de oponerse a los gobiernos y reiniciar la lucha por los derechos de las mujeres. Hay tal claridad en ello, que más valdría tomar con calma los próximos días. Mientras tanto, esta capital se convertirá en una ciudad femenina. Se esperan 20 mil mujeres, venidas de los cinco continentes. Hace cinco años en Pekín hubo 20 mil, hoy más de cinco mil ONG estarán representadas. Cerca de 156 hoteles serán ocupados por feministas y conservadoras. La ciudad empieza a cambiar su rostro, en los salones del edificio de Naciones Unidas, las delegaciones no se ponen de acuerdo. El documento que se intenta consensuar de 200 párrafos, apenas se han aprobado 38 de ellos. Los gobiernos del mundo no logran tener acuerdos. Esta será la última vez que discuten sobre los derechos de las mujeres se asegura y disminuirán los recursos para que las mujeres se organicen. En estos días, en el viejo edificio de La Aduana, las feministas, sus redes, grupos y negociadoras trabajarán de día y noche para presionar a las delegaciones oficiales. Alguien se pregunta sí para el año 2005 --como se propuso en Pekín hace 5 años-- habrá desaparecido de las leyes todo vestigio de discriminación y si es verdad que se ha empoderado a las mujeres. Lo cierto es que ya nadie quiere frases ni declaraciones. La sesión especial de Naciones Unidas para analizar avances y resultados, la Conferencia de la Mujer 2000, otra vez, por la paz y el desarrollo, entró en una fase sin retorno. México encabeza un nuevo grupo de países de América Latina y El Caribe, a favor de posiciones progresistas, y ha quedado fuera del G77, donde quien manda, es la Santa Sede y los musulmanes. El peligro, según Suzan Kindervatter, es que no haya documento, y sólo se llegue a una declaración política, sin tocar lo esencial. Es posible que todo quede en manos de las mujeres otra vez, como en los años 70, donde volver a empezar es el signo. Los datos son elocuentes: creció el analfabetismo y la pobreza; los empleos de las mujeres son precarios; las nuevas tecnologías abarcan apenas el dos por ciento; la impunidad en cuestión de derechos humanos es una realidad cotidiana; las recomendaciones del documento de Pekín, siguen sin cumplirse. Se piensa que será imposible en 10 días resolver más de 150 párrafos que aparecen sin consenso y sin resolución. En el ambiente rodeado de programas culturales, 51 actividades de debate entre las mujeres, 136 informes gubernamentales, dejan claro que en relación al al empleo de las mujeres el G77 empuja, mientras que los temas duros de sexualidad, derechos reproductivos, respeto a la diferencia sexual, son defendidos por países como Japón, Australia, Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelandia, pero nada se habla sobre los derechos económicos. Las quejas van de arriba hacia abajo. La Santa Sede se opuso a una referencia sobre el valor de la persona humana, poniendo por encima los derechos del nonato. Tema que parece absurdo frente a mil 800 millones de pobres que existen en el mundo. Las estadísticas, dicen países africanos, no están accesibles a los tomadores de decisión y absurdamente el G77 se opone a que se promuevan políticas que protejan los derechos humanos de las mujeres. Los países como Pakistán, Argelia y Libia, se oponen a que se incluya la perspectiva de género en los documentos oficiales de Naciones Unidas. Nueva York así, durante los próximos 10 días, arderá en discursos y justificaciones. Nadie atina sobre el resultado final. Las mujeres organizadas en algo que se llama Congo, presionaran, han preparado toda clase de estrategias, botones, camisetas, acciones de protesta, marchas y un aparato gigantesco de comunicaciones para poner al día a todas la otras, millones de ellas, que no estarán en Nueva York. Pero algo todavía es peor. Está entre corchetes, reservado o pendiente, todo lo que tiene que ver con los derechos de las trabajadoras de la prensa, su organización y los espacios que ya hemos ganado. En cuanto al conflicto armado. La inversión en armas y los efectos de la guerra, la contribución de las mujeres para el logro de la paz se reconoce, pero se mantiene sin acuerdo la aplicación de la perspectiva de género en los derechos humanos, el derecho humanitario de mujeres desplazadas y los recursos financieros. Como en la época de los años cuarenta, cuando los grandes capitales discutían si aportaban o no a la reconstrucción después de la bomba atómica. Es todo, como diría, Angela King, consejera especial de la Secretaría General de Naciones Unidas, las mujeres de base tendrán que usar la Plataforma de Acción para reiniciar el camino.
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