viernes 9 de junio del 2000

  • Lo califica irrespetuoso e ininteligible; documento denuncia inoperancia en negociación

  • Censura ONU discurso de organismos de mujeres latinoamericanas

    NUEVA YORK, Estados Unidos, JUNIO 9, 2000 (Sonia del Valle/ enviada, CIMAC).- La guerra de las palabras ocultas, lo que esta detrás de ellas es la vida de millones de mujeres en el mundo, aseguran en su declaración las integrantes de la Articulación Latinoamericana y del Caribe, misma que debió leer la peruana Virginia Vargas, horas antes de la clausura de la Sesión Extraordinaria, denominada “La mujer en el año 2000: Igualdad entre los géneros, desarrollo y paz en el siglo XXI”, celebrada en la sede de las Naciones Unidas.

    El discurso consensuado por la región latinoamericana a última hora fue censurado por el Comité de ONG de Naciones Unidas por considerarlo “inintelegible” y una falta de respeto a dicha asamblea.

    El documento denuncia “la patética inoperancia” del proceso de negociación donde las ONG latinoamericanas se preguntan: Cómo volver a creer en aquellos gobiernos –como lo hicieron hace cinco años en Pekín en la Cuarta Conferencia de la Mujer-, cuyas élites responden solamente a sus intereses religiosos, políticos, económicos particulares, pequeños y mezquinos”.

    Subraya que el hecho de que 10 países hayan obstaculizado el proceso de negociación de la PAM y encorchetado “las esperanzas de millones de mujeres”, evidencia el privilegio que dieron estos gobiernos a las palabras, por encima de la vida de las mujeres que son utilizadas para el comercio y el tráfico sexual.

    En el documento de dos cuartillas, dado a conocer la tarde de hoy, por las organizaciones civiles de la región latinoamericana, se preguntan cuántas palabras más se necesitan para que la maternidad no sea un riesgo de muerte, para que el amor no se condene cuando no se ajuste a las palabras con las que algunos quieren definirlo.

    Debido a que las creencias religiosas, tanto musulmanas como cristianas, jugaron un importante papel en las negociaciones, sobre todo para obstaculizar los acuerdos, las ONG cuestionan acerca de la religión de las palabras que definen el dios con el cual se quiere legitimar el desprecio, la violencia, la injusticia en contra de las mujeres. Dicen, sin embargo, que no habrá palabras para amordazar la creatividad, las ideas y los sueños de millones de mujeres.

    A pesar de que las ONG no esperaban respuestas a sus cuestionamientos, las preguntas que hubieran hecho a las y los delegados tenían como finalidad promover la reflexión sobre la responsabilidad que tienen los gobiernos en el cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres, señaló Lidia Alpizar, integrante de la Red Latinoamericana y Caribeña de Jóvenes por los Derechos Sexuales y Reproductivos.

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