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lunes 13 de marzo del 2000 | ||
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Nueva York, NY MAR 13, 2000 (Sonia del Valle, CIMAC enviada y María Suárez, FIRE).- Finalizada la primera semana de la Conferencia Preparatoria sobre Pekín+5 en la sede de las Naciones Unidas, delegadas oficiales de la región latinoamericana se manifiestan preocupadas por el estancamiento en las discusiones para evaluar la aplicación de la Plataforma de Acción Mundial (PAM) de la Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer (CCMM) de 1995. Algunas delegadas de Panamá, Brasil y Venezuela consideran que el proceso se caracteriza por un esfuerzo de algunos países y poderes, para “no reconocer avances ni obstáculos y tener que comprometerse con las mujeres”. Nesma Villarreal, quien forma parte de la delegación oficial de Panamá señaló que ésta es una negociación muy dura porque hay países que están tratando de provocar la dilatación del proceso y discutiendo, entre líneas, puntos que no tienen ninguna relevancia o impacto en el proceso". Villarreal, quien es encargada de la Oficina de la Mujer del gobierno de su país y se integró a los debates apenas el viernes pasado, reconoció que son pocos los avances en las discusiones y todo está por verse y hacerse. Los temas que han provocado mayores debates esta semana entre los bloques de países como el Grupo de los 77 (G77) y el de la Unión Europea, son la feminización de la pobreza y el acceso de las mujeres a los recursos; la diversidad étnica o racial; la discriminación por razones de edad, discapacidad y de género; los derechos sexuales y reproductivos, y la autonomía de las organizaciones de la sociedad civil. Todos consensados en la PAM y en el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), realizada en El Cairo, Egipto en 1994. Sin embargo, una vez más vuelven a levantar polémica entre los Estados miembros de Naciones Unidas, estancando y retrasando la agenda de esta reunión que debía enfocar sus esfuerzos en reconocer lo ganado y acordar las estrategias futuras tomando en cuenta compromisos no cumplidos relacionados con los obstáculos para su aplicación. Otro de los temas que está polarizando la discusión y deteniendo las negociaciones del documento en las plenarias, es la demanda del grupo denominado JUSZCAN, integrado por Estados Unidos, Canadá, Suiza, Nueva Zelanda, Australia y Japón, quienes aparentemente no quieren tomar en cuenta la necesidad de identificar la manera en que la falta de acceso de las mujeres a los recursos incide en la creciente feminización de la pobreza. Para las mujeres los temas económicos también se refieren a la necesidad de comprometerse con los recursos económicos para poner en práctica la PAM, sin embargo hasta el momento hay un silencio total sobre este tema por parte de los países ricos. Por su parte, la jefa de la delegación de Venezuela, Reina Ratia, del Instituto Nacional de la Mujer, mencionó que el proceso se retrasa cuando comienza la discusión de los obstáculos. "Se hacen discusiones sin sentido para que se retroceda respecto de lenguaje que ya está en la Plataforma". Cabe resaltar que el proceso de negociación que se realiza en los salones de conferencias de Naciones Unidas está muy ligado al lenguaje que se utiliza en cada uno de los párrafos del documento, porque éste refleja los compromisos y las acciones que los países adoptan. Pareciera, para quien no está presente aquí, que es una discusión aparentemente sin sentido, pero para los países el lenguaje que se adopta es muy importante, es decir, no es lo mismo para el caso de los recursos que se destinaran a las comunidades indígenas, mencionar "comunidades indígenas" que “comunidades rurales mas alejadas". Al abundar Ratia aseguró que hay posiciones encubiertas de algunos de los países más conservadores, al no querer asumir que de Pekín a la fecha hay logros, aunque en relación con los obstáculos hay mucho todavía por hacer. En vista de las dificultades que han surgido en la revisión de los 92 párrafos del documento inicial denominado "Nuevas medidas e iniciativas para aplicar la Declaración y la Plataforma de Acción de Pekín", los países se han dividido en grupos de trabajo, discusiones que se realizan a puertas cerradas. En el caso del G77 se han formado dos grupos, uno para discutir el capitulo relacionado con introducción, avances y obstáculos y el segundo para discutir el capitulo relativo a las acciones e iniciativas futuras. Moni Pizani, integrante de la delegación oficial de Venezuela, quien participa en el grupo que discute el capitulo cuatro explicó "que se ha trabajado y logrado algunos consensos. Desde el párrafo 42 hasta el 55 que incluye una introducción sobre la igualdad entre los géneros; las medidas en el plano normativo, jurídico e institucional, y se detuvo la negociación en el párrafo donde comienza a delimitarse las medidas que los gobiernos deberán adoptar como: la publicación periódica de estadísticas, el apoyo de estudios sobre VIH/SIDA, nombrar mujeres en los cargos de decisión superiores, capacitación en genero, igualdad de acceso a los servicios públicos, fijar objetivos e indicadores. Sin embargo, para la joven delegada de Panamá, Tania Velazco el que se esté retrasando la evaluación de los avances y los obstáculos y por el otro lado avance con mayor celeridad las acciones a futuro, "no es una buena señal. Se requiere en estos momentos de una evaluación a fondo del pasado, porque ello crea conciencia de que las mujeres somos sujetas de derechos." Coincidente, Moni Pizani señaló que la dificultad de reconocer los logros es una medida para que las sociedades pierdan la oportunidad de ejercer presión. Por ejemplo, dijo, si los logros en violencia y salud no quedan plasmados en el documento será como si en ningún lugar del mundo se hubieran hecho acciones exitosas. Es como decir: "la PAM de Pekín no sirvió de nada porque no hemos logrado nada". El sentir de las delegadas latinoamericanas es el mismo: el mundo está preparado para la mujer del siglo XXI, pero no todos los gobiernos lo están. Son demasiados siglos de hegemonía masculina que no será fácil revertir. El mayor reto en estos momentos será no retroceder en lo ya ganado y, al mismo tiempo, lograr la redistribución de los recursos y el poder.
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