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martes 30 de mayo del 2000 | ||
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Es sólo una discapacitada más, e incluso las personas llegan a pensar que es una indigente a la que no vale la pena ni voltear a ver. Se trata de una mujer que ha vivido en una diaria lucha con su ceguera, un serio problema en la piel, los riesgos de su género y expuesta a explotación, abusos, amenazas y acosos. Es Lourdes Encinas, una mujer que a pesar de sus limitaciones tiene grandes responsabilidades para con su familia, por la cual a diario sale a buscar el sustento. Se le ve buscando apoyo en el Ayuntamiento y el Palacio de Gobierno, pidiendo limosna en las oficinas de Coapaes, en las afueras de La Lagunilla, y más tarde tomar las mismas aceras para abordar el camión que la llevará a su humilde casa enclavada en la falda del cerro de la colonia 5 de Mayo. Para los reporteros de la localidad, Lourdes ya no es novedad, pues casi todos le han sacado una nota. Algunos líderes han aprovechado su caso para lucirse de filántropos, y muchos funcionarios públicos le dan ayuda esporádica sólo para que no siga haciendo antesala en sus oficinas, pero nadie se ha preocupado por brindarle a Lourdes una verdadera solución a los múltiples problemas que enfrenta cada día. Bajar desde su casa hacia la esquina donde ella toma el camión que la traslada al centro de la ciudad es una gran hazaña. Cualquier persona que puede ver batalla para librar los callejones empedrados que debe recorrer, mismos que son peligrosos tanto al subir como al bajar. Lourdes conoce de memoria cada metro del camino, sabe escuchar cada sonido y su olfato le indica si alguien se aproxima. Conversar con ella resulta interesante pues a sus 36 años de edad tiene desarrollado su sentido común y un criterio sorprendente que ha adquirido con los golpes que le ha dado la vida. "Uno se salva por la fe que tiene en Dios, soy rica en la bendición del Señor", expresa en tono sereno. Nació en una familia de escasos recursos, en vida su padre fue carpintero y ahora Lourdes habita con el resto de su familia una casa donde carece de lo más indispensable. Tiene un hermano de 34 años, Luis Lorenzo, quien padece también de ceguera y aún así la maltrata; su hermana María Dolores, de 39 años, padece de sus facultades mentales, y su madre, doña Enriqueta Morales, es una anciana que depende de sus hijos. Lourdes tiene una hermana más, Susana, quien tuvo la suerte de casarse pero tuvo el infortunio de ser también muy pobre y por eso es poco lo que puede ayudarlos. Lourdes recuerda cómo fue perdiendo la vista poco a poco y cómo a los 20 años la retinosis pigmentaria fue afectando sus ojos hasta quedar casi en penumbras. Asegura que estudió hasta sexto grado de primaria, ya que tuvo que dejar la escuela para trabajar y aportar dinero a su casa. También recuerda que a los 18 años le afloró una alergia que los médicos atribuyeron al sol, enfermedad que le engrosó y agrietó la piel de la cara, el cuello, los brazos y las piernas. El dermatólogo sólo le dijo que se trataba de una alergia y que no se expusiera al sol. Ha sido sometida a varias operaciones, una de éstas se la practicaron en Cuba en 1993 para lo cual la apoyó la comunidad, pero Lourdes asegura que no fue mucho lo que le corrigieron su mal. En esa ocasión la intervención le costó 30 mil pesos, mientras que en octubre del año pasado la volvieron a operar en forma gratuita en el Hospital General del Estado, pero con pocos resultados. El doctor que la atendió en esta última ocasión fue Edmundo Salazar, afirma Lourdes, quien le quitó una catarata del ojo izquierdo pero dejó pendiente la del derecho. El sol es el principal enemigo de su piel, y es exactamente lo que debe soportar a diario, sobre todo en época de verano, al ir al centro de la ciudad de 8:00 a 11:00 horas y de 16:00 a 18:00 para ganar de 25 a 30 pesos, y en días de quincena cerca de 35. Lourdes intentó trabajar en la asociación de invidentes que fabrica escobas y trapeadores en la Copacabana, pero asegura que sus manos no le respondieron bien porque sufre de calambres. En una pancarta que muestra Lourdes continuamente se lee: "Señor gobernador Armando López Nogales, le pido de la manera más atenta que me aumente el apoyo que me brinda, ya que con lo que me da no me alcanza y ya que no puedo andar en el sol porque viene el tiempo de calor y me empieza a brotar la alergia y me arde mucho y si dejo de andar en el sol pues ya no me salen: Lourdes Encinas" . En la actualidad recibe 150 pesos cada quincena con lo que debe pagar agua, luz, gas y alimentos, además de los camiones diarios, por eso Lourdes demanda que la apoyen con 300 pesos. Los planes de Lourdes para este año son comprar una pequeña casa ubicada en la misma colonia, pero en terreno plano, sobre la calle Nuevo León final Oriente y callejón Villarreal, construcción por la cual le cobran 13 mil pesos. Ahí dice que su mamá correrá menos peligro y no habrá necesidad de subir el agua en tambos, para lo cual en ocasiones le ayudan sus vecinos. Lo hace por su mamá, asegura, que debe subir y bajar el cerro con el riesgo de caerse. Y pide otra vez al gobernador estatal en una carta: "Disculpe una vez más la molestia pero no me queda de otra y usted lo sabe bien, porque usted ya conoce mi historia y sabe que no puedo trabajar porque no puedo ver... Yo le pido 300 pesos porque 150 pesos no me alcanzan para nada. "Se acerca el verano y me va a volver a brotar la alergia por el calor y me va a arder por el sol y yo no puedo volver a sentir este ardor sobre mi cuerpo porque es muy doloroso.” "Y la medida de que sudo me empiezan a brotar las ampollitas y me arde la carne viva y me desangro. Los doctores ya me han hecho diferentes exámenes en la piel y me han dicho que mi problemas son debido a la exposición prolongada a los rayos del sol y me han recetado diferentes pomadas, inyecciones y cremas y he seguido los tratamientos pero de nada me sirven.". Cualquier apoyo para Lourdes puede canalizarse a través de esta Casa Editorial, llamado al número 59-47-00, extensión 136.
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