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comunicación e información de la mujer martes 3 de octubre del 2000 |
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Ivana Krizanic nació en Zagreb, actual capital croata. Trabaja como oficial de programas en la iniciativa Mujeres Construyendo la Paz. Pronto se fue a Sarajevo en Bosnia y creció en un ambiente donde unos a otros se llamaban yugoslavos --especialmente las y los hijos de matrimonios mixtos-- “como en México se llaman mexicanos”, explicó en entrevista. Krizanic creció durante los años setenta cuando el orden establecido por la figura mítica del presidente Tito. Más tarde su madre trabajó como especialista en computadoras en una de las mayores compañías en la ciudad, mientras que su padre, ingeniero, fue director técnico de la televisión local. Con un origen mixto, que nunca se vio obligada a especificar, Ivana vivió en una ciudad donde los grupos étnicos se reconocían a veces por el nombre y las lenguas, que no eran más diferentes que el español de Barcelona y el de Yucatán. A mediados de 1992 y cerca de 50 mil millas de la ciudad de México, Sarajevo fue el epicentro de un conflicto entre grupos bosnios, croatas, serbios y musulmanes que estalló en marzo con la declaración de independencia de Bosnia-Herzegovina y que será recordado por la violación y embarazo forzoso a 40 mil mujeres como parte de una limpieza étnica, particularmente a manos de los serbios y 10 mil musulmanes en campos de concentración, como táctica de un grupo étnico --puesto en marcha por Radovan Karazdic y Ratko Mladic-- para obtener el poder. Antes del conflicto armado llegó a la actual Bosnia-Herzegovina una fuerte crisis económica por lo que, para huir de la falta de calefacción central y aprender idiomas, la estudiante Ivana Krizanic salió hacia Israel, con su 25 por ciento de sangre judía, en diciembre de 1991. Poco después las cosas viraron. Sarajevo estuvo largamente sitiada, pasando de 415 mil 631 habitantes a 50 mil en 1995 carentes de cualquier servicio. Ivana Krizanic adquirió el estatus de refugiada, dejó de recibir noticias de casa y su abuela, de 75 años de edad, quien fue asesinada por un francotirador de nacionalidad indeterminada en un asilo de la actual capital nacional. “Todo estaba muy bien, hasta que me convertí en una refugiada en Israel, algo que piensas que no te ocurrirá, pero que te permite entender lo que es una situación desesperada, de la misma manera que solamente quien es padre o madre sabe lo que es tener un hijo. Lo peor fue perder contacto por meses con mi familia. Me enteré de la muerte de mi abuela cuatro meses después” relató la politóloga. Pero la historia que Ivana Krizanic insiste en contar, sin embargo, es la de la construcción de paz por las mujeres que sobreviven en alguno de los cerca de 120 conflictos violentos registrados hoy en el mundo, donde es posible que dos o más mujeres de distintos opiniones --ella se niega a hablar de frentes enemigos-- como las mujeres israelíes y palestinas se sienten a platicar. Mujeres Construyendo la Paz, donde Krizanic desarrolla programas patrocinados por Hunt Alternatives con la Universidad de Harvard, reúne a delegadas de distintos orígenes y profesiones en 14 países con el compromiso de sentarse a dialogar y adquirir herramientas para negociar la paz. “Después de una guerra hay que sentarse a negociar la paz. Sería más fácil sentarse a negociar antes de la guerra, porque después es más difícil, una vez que han matado a tus hijas e hijos y tu país está empobrecido”, afirmó sin mencionar nunca la palabra enemigo. “Si dos o más mujeres se pueden sentar a dialogar, entonces no hay enemistad. Yo no tengo enemigos.” Las luchas territoriales, consideró, en el fondo no interesan a la población en general, quienes lo que buscan es tener un nivel decente de vida, sin importar si el lugar donde vive se llama A ó B. No es el deseo de toda la gente lo que movió los conflictos en Burundi, Sri Lanka, Rusia, México, Azerbayán, Colombia,Chipre, Pakistán, Israel, Sudán, Sudáfrica, e Irlanda del Norte, con participantes en el proyecto. Una de las organizaciones integradas a esta discusión propiciada por la ex embajadora de Estados Unidos en Austria, Swanee Hunt en 1994, es la organización internacional Mujeres de Negro, cuyo objetivo en la ex Yugoslavia, Israel, Argentina y ahora Colombia, es protestar pacíficamente contra el sistema una vez a la semana. Sin embargo, las Mujeres de Negro de Belgrado, explicó Ivana, se convirtieron en algo más: se convirtieron en uno de las fuentes más objetivas de información en la ex Yugoslavia y una red efectiva de protección a los derechos humanos, además de ser las primeras en sentar a las personas de distintos grupos en Bosnia, Croacia o Kosovo. Mujeres de Negro, consideradas enemigas del Estado encabezado por Slobodan Milosevic da seguimiento a los casos de presos de conciencia en cárceles serbias, como el de la pediatra Flora Bovrina, uno famoso entre el número desconocido de arrestados por pensar de manera distinta. También ayudaron a escapar a los llamados “enemigos del Estado”, de cualquier origen, incluyendo serbio. La mayor parte huyeron hacia Sarajevo, paradójicamente una de las más abiertas en la actualidad. Esta semana, diez años después del costoso sueño del Estado nacionalista serbio, mientras la sociedad en la exYugoslavia se manifiesta a través de huelgas y plantones por el reconocimiento al triunfo del candidato demócrata Vijoslav Kostunica, parece que al fin Slobodan Milosevic tendrá que ceder ante su fracaso, vaticinaron algunos analistas internacionales.
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