comunicación e información de la mujer
miércoles 8 de agosto del 2001

  • DIF y SSA reconocen violencia

  • ¿Se derrumba la familia?

    México DF, 8 de agosto, 2001 Luis Manuel Arellano*. El mito de la familia nuclear, valorada como la célula social y el espacio "sagrado" para la procreación de la raza humana, está siendo fuertemente cuestionado por la violencia cotidiana en que viven muchos hogares.

    Disimulada y justificada a través del tiempo, la violencia familiar puede convertirse en un asunto de Estado, desde el momento mismo en que es reconocida por diversas autoridades vinculadas a programas estratégicos como son la Secretaría de Salud y el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia.

    Al intervenir en el Foro "Violencia sobre la salud de la mujer", el secretario de Salud del gobierno federal, Julio Frenk Mora, consideró que la violencia al interior de la familia constituye ya un problema de salud pública y ejemplificó con una información estremecedora: en casi la mitad de los hogares mexicanos el marido agrede a la esposa.

    En su oportunidad, la secretaria de Salud del DF, Asa Cristina Laurell, dijo que en la capital del país uno de cada tres hogares vive esta violencia, que se manifiesta con maltrato emocional, intimidación y abuso sexual.

    Estas afirmaciones se respaldan en las crecientes denuncias que están recibiendo y atendiendo el DIF y las procuradurías de justicia. No se trata de información imaginada sino de los testimonios que van acumulándose, particularmente en las mujeres que se atreven a denunciar el acoso de sus maridos.

    El DIF ha documentado también que los niños de la calle provienen de hogares fragmentados, en algún momento formalmente constituidos. El INEGI cuenta con datos sobre el creciente interés de la población a vivir en soltería o en unión libre.

    Los ojos no pueden cerrarse ante ese problema. Por ello llama la atención el silencio discursivo de los defensores de la familia, significativamente el arzobispado de la ciudad de México y la organización Provida.

    Ellos, que se oponen a la legalización de nuevas fórmulas de relación afectiva, como las que plantea la iniciativa de Ley de Sociedades de Convivencia presentada por la diputada Enoé Uranga el pasado 26 de abril en la ALDF, ahora se hacen chiquitos como si de esa manera pudiera eludirse el debate que, tarde o temprano, habrán de enfrentar.

    No se trata de invalidar a la familia, pero tampoco constituye el modelo de comportamiento que la sociedad mexicana en transición se merece ¿verdad?

    * Colaborador de la agencia Notiese

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