comunicación e información de la mujer
miércoles 15 de agosto del 2001

  • Es necesario modificar creencias sobre la sexualidad

  • Acabar con el machismo es responsabilidad colectiva: académica

    México DF, 15 de agosto, 2001 (CIMAC).- Es mediante la educación formal y no formal como se reproduce y transmite, de una generación a otra, la concepción de género. Hasta hoy, hay quienes todavía piensan que el machismo es culpa de las mujeres, con lo cual se pretende deslindar la responsabilidad social, afirmó Carolina Grajales Valdespino, de la Escuela Nacional de Trabajo Social (ENTS).

    Sin embargo, es un hecho que generación tras generación las mujeres hemos sido educadas en una sociedad que reproduce los valores machistas, afirmó.

    Lo anterior al participar en el seminario Perspectiva de género, organizado por el Centro de Estudios de la Mujer de la ENTS. “Si aceptamos que el género es histórico y no natural, entonces se trata de algo aprendido. El instinto materno no existe, nos lo enseñan desde que nacemos”.

    Así, mientras a las mujeres se les educa y condiciona para jugar un rol pasivo, de atención a los demás, de dependencia económica y emocional, de sumisión, seducción y utilización del afecto para interrelacionarse, a los hombres se les ha condicionado y educado en un papel activo de busca de metas, independencia, autoridad, capacidad de decidir, conquistar al tiempo de reprimir sus expresiones de afecto, ternura, miedo, dolor, etcétera.

    Esa construcción social, puntualizó, es la que indica la manera de ser, pensar y comportarse de una mujer y un hombre en su interacción con la sociedad.

    La coordinadora de Promoción de Servicios de Salud y Educación Popular AC agregó que la sexualidad que se nos enseña está enfocada a la genitalidad, “por ello, en una sociedad como la nuestra se cree que debe realizarse de manera privada, a escondidas, incluso ha llegado a verse como algo vergonzoso, cargado de culpabilidad”.

    Así, el comportamiento sexualmente aceptado para los hombres y las mujeres, condiciona en gran medida las visiones femeninas y masculinas del mundo, mencionó.

    A las mujeres, abundó, se les ha educado para ser buenas madres, esposas y amas de casa. “Su cuerpo, es un cuerpo social entrenado para otros, algo que le ha sido expropiado”.

    En ese contexto, manifestó, la sexualidad no reproductiva se ha mantenido en el silencio y un tanto olvidada. Por ejemplo, el siglo XX estuvo marcado por el rechazo social hacia prácticas como la prostitución, la homosexualidad o el aborto, porque éstas dejaron ver relaciones cuyo único fin era el placer y por lo tanto fueron consideradas antinaturales y pecadoras.

    Estas posiciones, destacó, tienen sus orígenes en la influencia judeo-cristiana, donde la única sexualidad aceptada es la que se da en el marco del matrimonio, cuyo fin es tener hijos e hijas.

    La sexualidad, concluyó, debe expresase en múltiples formas y actitudes, con todo nuestro cuerpo y no sólo ser vista como algo privativo de una parte de nuestro cuerpo.

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