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comunicación e información de la mujer lunes 29 de enero del 2001 |
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Casi como una pelea de box retórica, confrontó a dirigentes de movimientos populares que se encontraban en Porto Alegre, Brasil, y a representantes de la gran empresa y de Naciones Unidas, en Davos, Suiza, en un debate organizado de antemano por un grupo empresario independiente, que vendió su espacio a numerosas cadenas televisivas. El sólo hecho que esta teleconferencia se realice es ya un hecho histórico, e indica que el Foro Social Mundial es una realidad, afirmaron en la transmisión previa los dos analistas presentadores ubicados en el estudio del canal de Porto Alegre al considerar como un paso gigante en la idea de legalizar el Foro a una horas de su nacimiento y confrontarlo con los 30 años de Davos. La "confrontación", sin embargo, fue ampliamente desigual en cuanto a mandatos y representatividad. El empresario George Soros (Instituto por una Sociedad Abierta), dos altos funcionarios de Naciones Unidas y un reconocido hombre de negocios sueco, aceptaron la idea de discutir desde Davos, pero sin representar oficialmente al Foro Económico Mundial que no envió ningún portavoz oficial para el dúplex. De la otra parte, en Porto Alegre, la decena de representantes de movimientos sociales y populares que tomaron la palabra, aportaban con su presencia, un mandato expreso del nuevo Foro Social Mundial, FSM. En el centro de la discusión estuvieron algunos temas claves de difícil continuidad retórica y acusaciones y contra-acusaciones de los dos bandos. Unos responsabilizando a los otros de la "globalización asesina". Desde Davos, criticando a los interlocutores ubicados en Porto Alegre, por la "falta de capacidad de escucha para un verdadero diálogo en la diferencia". El Foro Social Mundial se paró por una hora y media. En la sala de prensa, en el anfiteatro (con pantalla grande) en los corredores de la Pontificia Universidad Católica que alberga desde el jueves pasado a más de tres mil 500 delegados de 135 países, la teleconferencia se seguía con la misma pasión que una final futbolística de copa del mundo. Conclusiones no existieron. Fue imposible convertir un dúplex técnico en un diálogo constructivo. Para los participantes de Davos hubo la sensación de un cierto malestar. Llegaron a debatir, con cierta apertura y buenas intenciones, y se encontraron en una verdadera emboscada. Para los actores de Porto Alegre, una victoria pírrica objetiva: Porto Alegre entró en la escena internacional, espacio que buscaba con ansiedad desde que la misma idea de un Foro Social Mundial prendió en la cabeza de sus organizadores.
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