comunicación e información de la mujer
lunes 12 de febrero del 2001

  • Recordada a un siglo de su muerte

  • Ana Betancourt, luchadora por la independencia de Cuba y las mujeres

    Camagüey, Cuba, 12 de febrero, 2001 (Enrique Atienzar Rivero PL/CIMAC).- En un 7 de febrero de 1901 murió exiliada en Madrid, España, la independentista cubana Ana Betancourt, recordada como extraordinaria y quien trascendió la historia, más allá de su vibrante discurso en la Asamblea Constituyente de Guaimaro en abril de 1869, para defender los derechos de la población femenina.

    Investigadores y estudiosos coinciden en que la vida de Ana Betancourt cambia de rumbo cuando el 17 de agosto de 1854 contrajo matrimonio a los 22 años con Ignacio Mora de la Pera, con quien aprende idiomas, lee y redacta los artículos que él publica en los diarios locales. Juntos, se identifican con el movimiento independentista cubano.

    El 7 de noviembre de 1868, Ignacio Mora es uno de los camagüeyanos que en Las Clavelinas secunda el alzamiento de Cespedes contra el yugo español precedido en La Demajagua. Ana Betancourt le declara a su marido el deseo de participar en la lucha.

    Así, en su casa de la calle Mayor, en la ciudad de Camagüey --a 571 kilómetros al este de La Habana--, inmersa en trajines conspirativos, Ana Betancourt recibía y transmitía comunicaciones al campo insurrecto. Almacenó armas, hospedó a emisarios y escribió proclamas que se distribuían entre las tropas, así como en la propia ciudad.

    El 14 de abril de 1869, Betancourt presentó una moción a la Cámara de la naciente República en Armas --leída por el patriota Ignacio Agramonte-- en la que convocaba a los legisladores cubanos a conceder a las mujeres derechos de que eran acreedoras, en un episodio histórico para Cuba.

    A partir de entonces se agolparon los hechos que desencadenarían el 9 de julio de 1871 cuando fue sorprendida junto a su esposo en actividades conspirativas. Aunque Mora logra escapar, ella cae en poder del enemigo, para ser amenazada de muerte de no entregar a su esposo.

    Sin embargo, exactamente dos meses más tarde, se fugó del campamento donde estaba recluida y se dirigió hacia Nuevitas, cerca de Camagüey y luego Puerto Príncipe, primer nombre de la ciudad camagüeyana. Allí, el gobernador militar Zea le ordena abandonar la Isla en 24 horas.

    Desde La Habana salió a Veracruz y de allí, a Nueva York como deportada política, llegando el 21 de octubre. Parte a Kingston, Jamaica, donde el 19 de noviembre del mismo año le sorprende la noticia de la muerte de su marido, ejecutado el 14 de octubre anterior en el Chorillo de Nasaja. Permanece durante un tiempo en Jamaica, donde dirige una escuela evangélica para niñas.

    Una vez firmado el pacto del Zanjon, Ana Betancourt regresa a Cuba, para --después de nuevas conspiraciones-- ser deportada a Nueva York, donde trabajó como obrera en un taller. Finalmente se asienta en Madrid a vivir con una hermana, dedicada a copiar los diarios de su esposo para enviar información relevante a su sobrino Gonzalo de Quesada en la Isla.

    El héroe cubano José Martí la exaltó en un artículo del periódico Patria, -- el primero que funda--, el 10 de abril de 1892... "Y en el noble tumulto una mujer oratoria vibrante, Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia de martirio no calienta con más viveza el alma del hombre que la de la mujer cubana".

    Durante los preparativos para viajar a Cuba con su hermana, después de terminar la Guerra de la Independencia en 1895, una bronconeumonía le originó un paro cardiaco.

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