comunicación e información de la mujer
miércoles 6 de junio del 2001

  • Mujeres cimarronas identifican tradiciones que violentan sus derechos

  • Fracasarían programas contra violencia si se eluden diferencias étnicas

    Cancún, México, 6 de junio, 2001 (CIMAC).- Para combatir de manera efectiva la violencia de género, es necesario reconocer las diferencias culturales y étnicas, afirmó Ifna Vrede, directora de la organización de mujeres cimarronas “Lobi Ku Pasensi” de Suriname.

    Durante su presentación en el Simposio 2001: “Violencia de Género, Salud y Derechos en las Américas”, que finaliza el jueves en Cancún, Ifna Vrede explicó que la comunidad cimarrona --grupo étnico surgido cuando las poblaciones esclavizadas de Africa huyeron de las plantaciones--, en el distrito de Brokopondo, reconoce hoy el problema de la violencia hacia las mujeres.

    Vrede destacó que un ejemplo de esta identificación, es la costumbre que obliga a las viudas a sostener relaciones sexuales con un familiar del difunto esposo para purificarse, pues de lo contrario serán incapaces de establecer una relación sexual con otro hombre. Actualmente, las mujeres cimarronas consideran esta práctica un abuso físico y emocional.

    De igual forma, las mujeres de la comunidad reconocen la poligamia como una situación que lejos de aceptar, les causa problemas económicos y emocionales.

    Las diversas situaciones de violencia externa que ha padecido la etnia --como la guerra civil que forzó a la población a huir o las migraciones en busca de trabajo--, han incidido en mayor violencia hacia las mujeres, quienes hoy como jefas de familia han aprendido a ganar dinero, situación que despierta el resentimiento de los varones.

    En Brokopondo, al sur de la capital del país, se ha identificado una mayor violencia de género y enfermedades de transmisión sexual, así como un alto índice de prostitución, en ocasiones forzada, y agresiones físicas a menores y mujeres.

    Concluyó que desde la experiencia en Brokopondo, sin tomar en cuenta los aspectos específicos de la cultura y la tradición, los programas contra la violencia “están destinados al fracaso”. Pero también es necesario que las personas indígenas entiendan que ninguna ley, costumbre o cultura son neutrales e inamovibles.

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