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comunicación e información de la mujer jueves 7 de junio del 2001 |
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En la sesión de clausura del Simposio 2001: “Violencia de Género, Salud y Derechos en las Américas”, sesión en la que participaron 180 personas, se discurrió sobre la urgencia de reconocer que la violencia hacia las mujeres conspira contra el desarrollo de la humanidad. En el estrado los y las funcionarias locales, nacionales e internacionales, las representantes de la lucha feminista contra la violencia, y en la sala la multiplicidad de esfuerzos sintetizada en las y los representantes de las más variadas organizaciones e instituciones sociales y privadas del continente. Lo único cierto es que como diría desde el podium la mexicana Pilar Muriedas, consejera directiva de la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, es que los efectos en la salud por esta violencia cotidiana no puede ahora medicalizarse, se trata de construir, desandar, desmantelar las causas de la subordinación y la desigualdad. No puede tampoco quedarse en un sentimiento de lástima, sino pasar a la acción política activa y militante contra esta tragedia, como la llamó la señora Hayzer. Y más allá del llamado a la acción -documento oficial del Simposio- Pilar Muriedas fue provocadora: es la violencia reconocida ya como un problema de salud pública, pero ¿se encuentra el sector salud en condiciones para contribuir a su combate? Una respuesta afirmativa sería obvia. A los espacios de salud llegan las mujeres lesionadas física y mentalmente, pero, ¿cómo enfrentar el poder médico que ha colocado a las mujeres históricamente como pacientes, como portadoras de saberes equivocados y como responsables de su propia enfermedad? Luego advirtió que las medidas asistencialistas, cargadas de lástima, prejuicios morales y autoritarismo institucional, en nada contribuyen a erradicar la violencia contra las mujeres ni se podrá enfrentar si la tendencia generalizada en América Latina y el Caribe a reducir los presupuestos destinados a desarrollar programas de salud pública fustigó la perspectiva economicista donde se piensa que los recursos para la salud son un gasto y no una inversión. Ahí también hablaron representantes de las agencias de Naciones Unidas, de los fondos de apoyo a la mujer y el de población , y se comprometieron a seguir destinando recursos para el combate de la violencia hacia las mujeres. En su turno, Isabel Duque, de la Red Latinoamericana contra la Violencia Doméstica y Sexual, habló de los obstáculos básicos para erradicar la violencia: la estructura económica, la ingobernabilidad de muchos pueblos de la región y las guerras cíclicas en América Latina, además de todos los otros obstáculos culturales, sociales y la subordinación femenina, para señalar que urgen medidas continuadas y planificadas desde todos los sectores de la sociedad. Así terminó este Simposio que agregó a la agenda contra la desigualdad, nuevos compromisos.
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