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comunicación e información de la mujer jueves 1° de marzo del 2001 |
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De acuerdo con reportes del Consejo Estatal de Población (Coespo), la venta de mujeres y menores se ha convertido en uno de los negocios más redituables para los polleros, los cuales bien pueden rematarlas con algún particular, o bien pueden ofertarlas a las amplias redes de prostitución del mercado norteamericano. Clara Ochoa, titular del Coespo, asegura que la orfandad en la seguridad, que el fenómeno migratorio produce, se hace aún más latente en menores de edad. En particular, la venta de mujeres desde Michoacán para la frontera mexicana con Estados Unidos, Clara Ochoa asegura que ésta se da por parte de polleros para su abuso sexual, presentándose además un incremento de casos de infantes, que son contratados como traficantes de drogas. Con base en una investigación vía sondeo, efectuada por el Coespo en los estados norteamericanos de California e Illinois, Clara Ochoa refiere un panorama desolador en el proceso migratorio de muchas mujeres, niñas y niños. La investigación del Coespo se basa en una encuesta aplicada a un total de 250 migrantes, la cual tiene como objetivo central generar un conocimiento más íntimo del fenómeno migratorio michoacano. MENORES TRAFICANTES Aun cuando no existen estadísticas precisas sobre el número de menores que emigran a Estados Unidos y cuántos son empleados como traficantes de drogas, las estimaciones del Coespo señalan que alrededor de 10 por ciento del total de la infancia migrante es utilizada para este tipo de actividad ilícita. El estudio del Coespo revela que en las zonas michoacanas con mayor incidencia migratoria, menores que cursan el cuarto y quinto año escolar no tienen como perspectiva finiquitar sus estudios, colocando como su plan central de vida emigrar hacia el vecino país del norte. Las relaciones entre polleros michoacanos con redes criminales vinculadas con el tráfico de drogas, facilitan el paso de menores por la frontera. Este sector de la población--entre siete y ocho años-- resulta más rentable para el tráfico de estupefacientes hacia el vecino del norte. A decir de la funcionaria, en muchos de los casos los padres de las y los menores migrantes pierden la pista de sus hijas e hijos, ya sea porque fallecen o cambian de identidad. Entre las preocupaciones de la infancia decidida a migrar a Estados Unidos, es con qué y cómo cruzar la frontera. Su estancia y el trabajo en el vecino país del norte no parece tener mayor importancia, eso los hace altamente vulnerables para el enganche de polleros. Una vez cruzada la frontera, son colocados en escuelas en las que fácilmente puedan pasar inadvertidos, donde inician su carrera como traficantes. Sin embargo, y no obstante las grandes ganancias que implica su labor de traficantes, las y los menores reciben compensaciones mínimas o bien como hecho frecuente son pagados con droga en lugar de dólares, lo que los convierte irremediablemente en adictos. De acuerdo con Clara Ochoa, las y los menores que son empleados como traficantes generalmente duran en esa labor un promedio de dos años, debido a tres razones fundamentales: los matan, retornan a su tierra natal, o bien su condición de adictos ya no les permite laborar. La Tierra Caliente, la Costa y el Bajío, son las regiones michoacanas en las que se concentra el mayor número de niñas y niños migrantes que se dedican al tráfico de drogas. PROSTITUCION Otra problemática expuesta por Clara Ochoa tiene que ver con el fenómeno de la prostitución tanto infantil como de mujeres jóvenes que van a Estados Unidos. En el caso de la prostitución infantil el fenómeno es similar al de los menores traficantes, son enganchados por polleros que los venden en Estados Unidos a las redes de lenones. Algunas niñas y niños son sometidos a las redes de la prostitución luego de ser plagiados a sus padres, aquí la edad abarca también a menores de 4 y 5 años. Por lo que respecta a las mujeres migrantes que se ven envueltas en el mundo de la prostitución, éstas generalmente se inician luego de haber sufrido una violación cuando pretendían cruzar la frontera; las edades varían aunque predominan las de 16 a 19 años. Una de las tácticas de los polleros es separar a las jóvenes del grupo de migrantes para dejarlas a merced del comprador, quien después de abusar de ella, la ingresará a la prostitución. En ese sentido el Coespo recomienda que aquellas mujeres que deciden cruzar la frontera, por ningún motivo se separen de su acompañante o del grupo con el que vayan.
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