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comunicación e información de la mujer domingo 11 de marzo del 2001 |
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Durante el mitin conclusivo de la Caravana Zapatista, los discursos de las representantes indígenas --y los representantes también-- hicieron referencia a las mujeres que no hubieran podido estar hoy en el centro de la ciudad de México: aquellas que son demasiado pobres o a las que murieron en el parto. Mientras la comandanta Esther del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) señalaba --en el templete que daba la espalda a Palacio de gobierno-- las garantías a sus derechos exigidos por las indígenas organizada, como acceso a la salud miles de mujeres “chilangas” y de otros estados, escuchaban. En el Zócalo cupieron las delegadas indígenas, las que no fueron delegadas, las integrantes de la sociedad civil que hicieron el cordón de seguridad y la próxima generación de creadoras e intelectuales con el rebozo cubriendo sus cabezas. También cupieron las mujeres de más de 60 años, que no se quejaban de los peinados y colores de la “banda”, de los punks o los integrantes del CGH allí presentes. Junto a quienes portaban camisetas con lemas como “Mientras alguien carezca de pan, el lujo seguirá siendo un crimen”, estaba las madres de recién nacidos o de adolescentes, las personas que pudieron pagar 500 pesos por una hora en los hoteles con balcón al Zócalo y hasta hallaron espacio las vendedoras de artesanías, recuerdos y bebidas. La mazahua Juana Quintana, quien salió esta mañana de la vecina comunidad de San Francisco en el estado de México, dijo ser agricultora y haber asistido a Nurio, al Congreso Nacional Indígena el fin de semana pasado y este domingo, vino con seis mujeres y cuatro hombres de su comunidad para escuchar el mensaje. Las mujeres mazahuas de 40 años o menos, aseguró en entrevista, no sufren violencia por parte de sus parejas, debido a que todas ellas trabajan y sostienen también el hogar. Mientras que la señora Eva, habitante de la delegación Magdalena Contreras de esta ciudad, a sus más de 70 años decidió soportar dos horas bajo el sol directo --sin ser indígena-- “para que se apruebe la ley de los pueblos ”. En tanto que con una bebé de cuatro meses en brazos, una joven bibliotecaria, Perla, aseguró que estar presente este domingo en el Zócalo fue una manera de apoyar los derechos indígenas y de hallar respeto a su esencia. Apenas dos horas antes, algunos de los allí presentes habían corrido por la avenida 20 de noviembre, a la llegada de la Caravana junto al camión en el que del lado izquierdo y saludando, estaban las cuatro comandantas junto al subcomandante Marcos. En el público, una camiseta zapatista decía “En donde hay mujer que avanza, no hay hombre que retroceda”.
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