comunicación e información de la mujer
martes 20 de marzo del 2001

  • Migrantes a Europa son vistas como objetos de placer

  • Encuadradas en estereotipos, mujeres del Norte y Sur

    (CIMAC).- Las mujeres comienzan su viaje hacia el Norte, buscando nuevas estrategias de vida. A su llegada se encuentran con que tienen que luchar con una sociedad llena de prejuicios, una sociedad que no las reconoce como seres iguales, las discrimina y mercantiliza.

    Dentro del mercado mundial, las mujeres satisfacen varias funciones. Al igual que los hombres, son reclutadas como mano de obra, pero también y sobre todo, como objetos sexuales y como reproductoras de mano de obra, afirma el servicio informativo semanal Ciberbrujas.

    A decir de este servicio las mujeres se valoran según la temperatura de su sangre: las de sangre fría, las del Norte, valen para trabajar y producir. Las de sangre caliente, sureñas, sobre todo latinas y africanas para dar placer, al único sujeto de placer: el hombre. Pero ni las unas, ni las otras tienen una identidad por ellas mismas.

    Los medios de comunicación, por hacer deshonor a su propio nombre no comunican, al contrario, refuerzan los prejuicios occidentales.

    Las mujeres del sur son presentadas con frecuencia dentro del cliché de prostitutas, mujeres compradas, víctimas exóticas y provenientes de mundos subdesarrollados en donde son oprimidas por sus hombres.

    Pero al llegar al Norte, no dejan de ser oprimidas. Desde Alemania hasta España, y tras la ilegalidad a que les aboca la muralla europea, estas mujeres son explotadas como prostitutas o en el servicio doméstico.

    Mujeres explotadas, dóciles y dependientes. Mujeres mercancía de compra y venta, se las visualiza automáticamente a través de imágenes de prostitución, y tráfico de mujeres. Con esta información se sugiere que las mujeres sólo han emigrado con ese objetivo, sin explicar que la mayoría de las veces no les queda otra salida.

    Los medios no resaltan en la misma medida la responsabilidad del prostituyente, la clientela, los mercaderes del negocio. Para ellos, esto resulta una empresa lucrativa, ya sea en la prostitución, agencias matrimoniales, clubes de alterne.

    En toda Europa se mueve una multinacional de la explotación de mujeres del sur. Sus ganancias las blanquean los bancos, las instituciones financieras, las diferentes bolsas. Ellos no viven en la clandestinidad de no tener papeles.

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