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comunicación e información de la mujer miércoles 21 de marzo del 2001 |
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El planteamiento proviene de pronunciamientos que se levantan en estos días desde sectores de la sociedad civil en República Dominicana donde, de manera subrepticia, el Senado y la Cámara de Diputados aprobaron una Ley del Niño No Nacido que, con iguales procederes silenciosos y ocultados, fue ratificada con su firma por el presidente Hipólito Mejía. Las instituciones y personas opuestas a esta ley, y a los métodos mediante los cuales el Ejecutivo la puso en vigor, afirman que no desean “interponer criterios restrictivos a las creencias de otras y otros. Pero nos negamos terminantemente a aceptar que esas creencias se conviertan en una ley de nuestro país”. Después de relatar una historia de esfuerzos desde la civilidad que han sido ignorados por las autoridades y por el Ejecutivo, las y los involucrados han anunciado que incoarán un proceso de inconstitucionalidad a la tal ley, que en otros países ha creado grandes dificultades desde el punto de vista jurídico, y también práctico, puesto que los juristas no saben cómo lidiar con una figura a quien se atribuye calidad de “niño” pero que carece de entidad como sujeto de derecho. La demanda alude a que con esa ley se ignora el artículo 8 de la Constitución de la República Dominicana que consagra los derechos y protección efectiva de la persona humana, viable y viva --según el Código Civil--, así como la libertad de conciencia y de cultos, preceptos que están siendo violados --dicen-- por la imposición de las ideas de algunos, quienes, por demás, ignoran la existencia en el país de otras religiones y de diferentes puntos de vista dentro de algunas de ellas. Activistas de la Colectiva Mujer y Salud, del Centro de Investigaciones para la Acción Femenina (CIPAF), la maestría de Género de la Universidad Tecnológica, el Comité de Unidad y Solidaridad de las Mujeres (CUDEM), el Círculo de Mujeres Médicas, y otras organizaciones, así como varias decenas de personas, reclaman la solidaridad de organizaciones internacionales y otras de la región con cartas y mensajes dirigidos al Presidente Mejía (hipolitomejia@presidencia.gov.do), al Senado (r.alburquerque@seando.gov.do) y a la Suprema Corte de Justicia de República Dominicana. La pasada semana en el Foro de las Américas previo a la Conferencia Mundial contra el Racismo, que acaba de efectuarse en Quito, Ecuador, participantes de numerosos países expresaron esta solidaridad y firmaron una carta-mural puesta en circulación por las representantes de República Dominicana. El poderío de la jerarquía eclesiástica católica en República Dominicana es, hasta el presente, suficiente para imponer acciones inclusive a los Poderes Legislativo y Ejecutivo y hasta al mismo presidente. Otro debate actual es el que reclama modificaciones a la Constitución. Desde segmentos de la sociedad civil se levanta ya la idea de demandar un Estado laico. Aunque en la Constitución Dominicana se proclama un gobierno “civil, republicano, democrático y representativo”, desde 1954 se le adicionó un acuerdo conocido como “Concordato” que, de hecho, lo subordina y da poderes excepcionales al catolicismo. El esfuerzo por hacer derogar la Ley del Niño No Nato va ganado adeptos y fuerzas a lo interno del país, y el objetivo de hacerla retroceder se va engarzando con otros propósitos actualmente defendidos por la sociedad civil.
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