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comunicación e información de la mujer sábado 24 de marzo del 2001 |
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Presentado durante el foro “Por los Derechos Laborales y Humanos de las Empleadas del Hogar”, realizado en la ciudad de México y que concluyó el día de ayer, el contenido del análisis refiere, además, que mujeres de zonas populares, que antes eran “amas de casa”, así como madres solteras se han visto en la necesidad de emplearse en el servicio doméstico. Se señala que para desempeñar este trabajo se han capacitado desde niñas en el seno familiar, donde las condiciones de vida se caracterizan por un mínimo de bienestar social como el hacinamiento, carencia de agua potable, drenaje electricidad, etcétera. Esto determina, establece el Colectivo, que su trabajo sea doblemente subestimado, criticado y que, por lo tanto, las mismas trabajadoras tengan dificultad para valorar su trabajo. Además enfrentan exigencias distintas respecto a la manera de trabajar, lo cual depende de la cultura y costumbres de la familia para la que trabajan. Lo anterior se puede constatar al examinar sus condiciones de trabajo, pues en la casa donde son contratadas, por lo general son tratadas por sus empleadoras como “sirvientas” y muchas veces consideradas “objetos de propiedad”, sobre todo de los “señores” de la casa y no como personas trabajadoras con derechos humanos y laborales. Por las características del trabajo, señala el contenido del estudio, se presta para que sean explotadas, recibir malos tratos e insultos. Están expuestas al acoso sexual y violación por parte de sus empleadores o sus hijos y amigos de estos, sin tener la posibilidad de credibilidad en caso de denuncia. Además, de las constantes acusaciones por robo. Asimismo, hay la creencia de que estas mujeres no tienen problemas ni preocupaciones, que no se cansan, enferman, que no tienen sentimientos ni aspiraciones, porque viven en otro mundo que es distinto al de sus empleadores. Del mismo modo, al no ser respetados sus derechos mínimos, mucho menos son reconocidos y otorgadas retribuciones como el aguinaldo, vacaciones, gastos médicos, incapacidades por enfermedad, pago de horas extras, entre otros muchos derechos. Así, se apunta, esta realidad es un tema de reflexión para todas aquellas personas que las contratan y para la sociedad en su conjunto, teniendo la obligación moral de cambiar sus condiciones de “sirvientas” a trabajadoras.
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