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comunicación e información de la mujer martes 22 de mayo del 2001 |
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Los efectos a largo plazo de esta violencia incluyen para hasta cuatro millones de mujeres, problemas crónicos de salud, depresión y adicciones diversas. Esto, en el mejor de los casos, porque en la última década murieron 31 mil mujeres a manos de sus parejas, equivalente a cerca de 100 aviones Boeing 747. En Estados Unidos, las mujeres tienen menos probabilidades de constituirse en el blanco de un crimen, excepto cuando se trata de sus esposos o amantes. Entonces ellas tienen hasta ocho veces más probabilidades de ser atacadas. La violencia hacia las mujeres además se convierte en una cadena donde, revelan cifras oficiales, quienes ha sufrido violencia física o sexual antes de los 18 años, tendrán dos veces más probabilidades de encontrarse nuevamente en alguna de estas situaciones. En este cuadro, las niñas y adolescentes son especialmente vulnerables a ser agredidas sexualmente: 21.6 por ciento de todas las encuestadas por un estudio del Departamento de Justicia que fueron víctimas de una violación o intento tenían menos de 12 años y 32.4 por ciento tenía entre 12 y 17 años de edad. Un tercio de las mujeres víctimas de violación que presentaron heridas adicionales tienen que recibir tratamiento médico como resultado de estas heridas. El riesgo de presentar contusiones importantes aumenta cuando el ataque viene de su pareja. Cada año 13 mil actos de agresiones físicas por un cónyuge se efectuaron en el centro laboral de la mujer. Las autoridades reconocen como un reto el poder conocer a profundidad las manifestaciones de la violencia de género entre las diferentes minorías que habitan el país, aunque hoy se sabe que las mujeres más afectadas por ésta son las originarias de pueblos indígenas, tanto en Alaska como en el territorio estadounidense. Para reducir estas cifras, el Congreso de Estados Unidos aprobó en 1994, y refrendó --bajo la presión de la sociedad civil-- en el año 2000, el Acta contra la Violencia hacia las Mujeres que regula y dota de recursos a los esfuerzos nacionales contra la violencia, bajo la coordinación de la Secretaría de Salud y de la Procuraduría de Justicia. Entre sus acciones destacan dos mil albergues en todo el país y una línea telefónica de ayuda que funciona 24 horas los 365 días del año. Desde 1996 atendió más de medio millón de llamadas, dos terceras partes de las cuales correspondieron a mujeres. Una de las nuevas aristas del combate a la violencia en Estados Unidos, indica Amnistía Internacional, es la propuesta del Servicio de Inmigración y Naturalización para considerar como casos de asilo a las mujeres que huyen de la violencia de género desde otros países, con base en la negación de sus gobiernos para garantizar su seguridad física. Y señalan el caso de Rodi Alvarado, quien huyó de una década de malos tratos a manos de su marido desde Guatemala hacia Estados Unidos, obteniendo finalmente el asilo el pasado 19 de enero, en el último día en funciones de la ex procuradora Janet Reno. El primer reconocimiento oficial a la violencia doméstica, tras más de una década de lucha de los movimientos feministas, fue cuando el Congreso estadounidense aprobó en 1984 el Acta de Servicios y Prevención a la Violencia Familiar, con un presupuesto para crear albergues para víctimas de tal fenómeno en cada estado y territorio indígena. Los logros y retos para combatir este problema serán analizadas por expertas y expertos del continente durante el Simposio 2001 “Violencia de Género, Salud y Derechos en las Américas -- a realizarse del 4 a 7 de junio en Cancún por la ONU y tres redes feministas.
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