comunicación e información de la mujer
miércoles 30 de mayo del 2001

  • Las consecuencias pueden llegar hasta el suicidio u homicidio

  • Problema político, social y de salud, la violencia hacia la población femenina

    México DF, 30 de mayo, 2001 (Mónica Chavarría CIMAC).- La violencia hacia las mujeres no es un problema individual sino un problema político, social y de salud pública, pues a menudo el maltrato que padecen ellas incide en un elevado riesgo de suicidio u homicidio.

    De acuerdo con las investigaciones de Luciana Ramos del Instituto Nacional de Psiquiatría, la violencia hacia las mujeres es una conducta legitimada por los roles culturales impuestos por las sociedades, lo cuales están refrendados por las actitudes de las instituciones del estado, quienes avalan la violencia en la familia y, de manera particular, de las mujeres.

    Por ello se realizará del 4 al 7 de junio próximos, el Simposio 2001: “Violencia de Género, Salud y Derechos en las Américas”, en la ciudad de Cancún, en Quintana Roo, organizado por Naciones Unidas, Red Feminista Lationamericana y del Caribe contra la Violencia Doméstica y Sexual (ISIS), Red de Salud de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe y el Centro Canadiense de Investigación en Salud de las Mujeres.

    La violencia familiar o doméstica puede derivar en problemas de salud mental, que llevan a las mujeres a vivir procesos de angustia y sufrimiento prolongados, los cuales llegan incluso a afectar la salud física de las personas agredidas.

    Al respecto, Luciana Ramos indica que para atender la salud mental de las mujeres violentadas es necesario incluir en las disciplinas relacionadas con la salud y la enfermedad mental --la psicología y la psiquiatría tradicionales-- la perspectiva de género.

    En México, específicamente, “encontramos que la enseñanza de disciplinas como la psicología siguen careciendo de una conciencia de género”, ya que actualmente no se reconoce el papel relevante de los problemas relacionados con la violencia contra las mujeres, afirmó.

    Asimismo, señaló que mientras que la violencia familiar sea considerada como una manifestación más de las diversas formas de relación que ocurren en la familia, se continuará con este problema y obscurecerá aún más las dimensiones del género y poder, las cuales son fundamentales para comprender el abuso hacia las mujeres.

    Sin embargo cabe mencionar que algunas conductas violentas pueden ser esporádicas y más o menos simétricas, es decir, ejercidas tanto por el hombre como por la mujer. Pero otras son frecuentes, severas y marcadas por la desigualdad, en las cuales esta última forma de violencia no suele reconocerse con facilidad, debido a que la misma tolerancia sociocultural la “normalizan” a través de diversos mecanismos de distorsión cognoscitiva.

    Ramos aseguró que el maltrato de la mujer en la pareja comenzó a nombrarse como violencia doméstica a partir de que el movimiento de las mujeres en el mundo hizo visibles las experiencias que se habían silenciado, no sólo por temor, sino por que no se reconocía el abuso hacia las mujeres y mucho menos se podía denunciar.

    El develar este silencio en torno a la violencia contra la mujer no era inocente ni gratuito, sino producto de mecanismos que sostenían, producían y legitimaban instituciones y formas patriarcales de relación- mundo, el cual fue un desafío a la imposición de una perspectiva masculina.

    [Página Principal] [Agencia de Información] [Noticias del Día]