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comunicación e información de la mujer jueves 31 de mayo del 2001 |
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La tesis fue sustentada por la abogada feminista Susy Pola, quien también sostiene que los feminicidios (86 el año pasado) que están ocurriendo en este país del Caribe, tienen la singularidad de que algunos hombres que asesinan a la pareja, se sienten tan desconcertados de inmediato que luego se suicidan y , a veces, también matan a los hijos”. El año pasado 26 criminales de sus parejas se autoliquidaron. Los y las reunidos se adentraron en el análisis de cómo la construcción de género, que recientemente los hombres empiezan a analizar en lo mucho que les violenta y en lo violentos que los hace, está urgida de ser “desestructurada” por ellos, para permitirles avanzar hacia sociedades más solidarias. El énfasis provino del irlandés Patrick Welsh y del nicaragüense Xavier Alonso, los dos promotores de talleres de masculinidad y de una Sociedad de Hombres No Violentos que ya tiene un cúmulo de acciones cumplidas en Centroamérica y que los trajo ahora a República Dominicana con el mismo propósito. Otro juicio sólido, aunque alarmante, lo expresó el prominente abogado Francisco Domínguez Brito, exfiscal del distrito capital, muy reconocido por sus esfuerzos para encontrar los “caminos más justos a la justicia”, quien aún no los ha encontrado para evitar que los ambientes en que se educan las personas, en una mayoría de barrios de las ciudades, hagan de la violencia un algo natural que se magnifica por los juegos de armas y la cultura que induce, inclusive a padres y madres, a amenazar a sus hijos con “matarles a golpes” por cualquier enojo. Para lo que no tuvieron respuestas los panelistas y el público convocado por el Movimiento por una Vida sin Violencia, Cooperación Internacional para el Desarrollo y OXFAM dominicanas, es para la situación de cuándo las libertades individuales necesitan ser superadas por el Ministerio Público, sobre todo en casos como el de mujeres que acusan al marido por violencia y a los dos o tres días llegan , a veces seguidas por varios hijos pequeños, a pedir clemencia para el agresor y a “sacarlo de la cárcel”. La interrogante es si en estos casos no debe la autoridad pública velar por esta célula de la sociedad que es ese núcleo familiar y proseguir un proceso contra el victimario sin tomar en cuenta la solicitud de la víctima. De ahí, claro está, derivó el debate hacia cuán “injusta puede ser la justicia” hacia un hombre “estructurado por la sociedad para ser violento” y cómo deslindar lo ocasional de lo sistemático y lo voluntario de lo socialmente condicionado. Reflexiones así se desplazan hacia espacios peligrosos donde todo podría ser justificado. Eso fue lo que retomaron los sociólogos Welsh y Alonso quienes mañana inician un taller, sólo para hombres, en la segunda ciudad del país: Santiago de los Caballeros. El nicaragüense, en particular, se pronunció enfático frente a una pregunta de CIMAC, en el rechazo de la Asociación Hombres contra la Violencia para el caso de Zoilamérica Narváez, violentada y víctima de incesto por parte del político Daniel Ortega, actual candidato a las próximas elecciones nicaragüenses, quien fue “defendido” en esa causa por el Partido Frente Sandinista de Liberación, mientras se descalificaba la denuncia de Narváez. La complejidad del tema y el incremento sustantivo de ésta, tanto en lo intrafamiliar como en lo social en República Dominicana, concita las máximas preocupaciones de la sociedad. El movimiento de mujeres consiguió hace cuatro años la adopción de la Ley 24-97 Contra la Violencia, pero su aplicación --como en todas partes-- transita por la insuficiencia de lugares de acogida, de instituciones para actuar sobre los agresores quienes, con frecuencia, al ir a parar a cárceles comunes salen de ahí peor que como entraron, sobre todo si son muy jóvenes. No obstante, el número de querellas presentadas por mujeres ha aumentado sustantivamente sobre todo en las fiscalías de la capital y otras ciudades importantes . Entre las modificaciones de la que está urgida esa ley y los procedimientos que la acompañan estaría la de dar un nuevo sesgo a los llamados “procesos de conciliación” que al convencer a la mujer de que “él no lo hará más”, la devuelven al ambiente de violencia, muchas veces incrementada por la incomodidad del agresor debido a lo que “ella le hizo”, por someterlo a la justicia. A pesar de todos los “peros”, el hecho de que el tema pase a los primeros planos en muchas partes, anticipa que las posibles soluciones van cuajando en mentes y en grupos sociales.
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