Por fin un miembro del gabinete económico --llamado ahora como
“crecimiento con calidad” parece haber trabado contacto con
la
realidad.
Es que Luis Ernesto Derbez dio indicios de haber abandonado el cándido
optimismo que siempre irradiaba, y en cambio anunció, en el marco de un
viaje que realiza por Europa, que el primer semestre del próximo año, será
“muy difícil”.
Derbez le atribuye esto a la caída de la demanda de las exportaciones
mexicanas en Estados Unidos.
Según el Secretario de Economía, nuestro país se ha visto afectado por la
menor actividad en Estados Unidos, la cual se agravó tras los ataques del
11 de septiembre a Nueva York y Washington.
El jueves, la Secretaría de Hacienda dio a conocer que el Producto Interno
Bruto del país descendió un 1.6 por ciento en el tercer trimestre de 2001,
comparado con el mismo período del año pasado.
También informó que los primeros nueve meses del año, se registró un
crecimiento casi nulo, esto es 0.1 por ciento.
Los mismos “genios” que ahora “conducen”
las
finanzas públicas,
encabezados por el ¿ex? salinista Francisco Gil Díaz, apenas hace unos
meses aseguraban que el país crecería este año a una tasa de 4 por ciento,
y que cualquiera que opinara lo contrario era un pesimista, un enemigo del
cambio, un perro que ladraba porque ellos cabalgaban.
Esos mismos grandes economistas que tanto bien le han hecho al país
durante las últimas décadas y de cuyos servicios la nación no pudo
prescindir a pesar del cacareado “cambio” que supuestamente
llegaría con
la salida del PRI de Los Pinos, tuvieron a bien mandar al Congreso el
proyecto de Presupuesto de Egresos, en el que anticipan un crecimiento
del 1.7por ciento para el 2002.
La ineptitud y la demagogia de los tecnócratas que diseñaron esa
propuesta, llegó ya a niveles de exquisitez inimaginable.
Porque resulta que si bien el 1.7 proyectado está muy lejano de las
promesas del Presidente Fox cuando aún era candidato, y que ofreció una
tasa de crecimiento del siete por ciento, así como la creación de 1 millón
300 mil empleos por año, y una reforma fiscal que no elevara ni inventara
nuevos impuestos, la previsión se antoja excesivamente optimista.
¿Quién se imaginaría que el foxismo conduciría al país a una situación tal,
en la que una previsión de crecimiento tan mediocre para emplear las
palabras del propio ex gobernador de Guanajuato sea al mismo tiempo, tan
extremadamente optimista?
Es que la proyección se hizo con base en supuestos que seguramente no se
cumplirán. Para muestra basta un botón. El precio del petróleo, el
gobierno lo calculó en 17 dólares por barril. Actualmente la mezcla
mexicana se cotiza en 14 dólares, y todo indica que seguirá cayendo. Y la
exportación petrolera significa casi el 40 por ciento de los ingresos
públicos.
Otra paradoja más, consiste en que aún si el Congreso autorizara la
reforma fiscal que no es más que el draconiano aumento del IVA a
alimentos y medicinas el Presupuesto Federal mantendría un carácter
esencialmente recesivo.
El gasto se reducirá en casi dos por ciento, lo cual impactará directamente
en la inversión pública en alrededor de 20 respecto de la que tuvo lugar
este año.
Es notoria la disminución en el gasto para seguridad pública y para el
gasto social donde destaca la reducción de las partidas destinadas a la
educación pública.
En contraste, la necedad de sostener la inflación artificialmente baja,
conteniendo salarios, abatiendo tasas de interés, retirando circulante y
recortando el presupuesto, no tiene los correspondientes beneficios, como
por ejemplo, mayores niveles de inversión, abatimiento del desempleo, un
mercado de valores con altos rendimientos y un sistema bancario capaz de
financiar el crecimiento y la expansión de la pequeña y mediana industrias.
Tiene razón Derbez cuando anticipa que el próximo año será muy difícil.
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