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comunicación e información de la mujer sábado 6 de octubre del 2001 |
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Luis Manuel Arellano. La Asociación a Favor de lo Mejor, AC, fue creada en 1997 por un grupo de empresarios promotores de la moral y las buenas costumbres. El propósito es modificar los contenidos de los medios de comunicación que, según ellos, menosprecian los valores de la familia, promueven la violencia y alientan el desorden sexual. A pesar de que han sumado a su causa una larga relación de membretes y organizaciones de carácter conservador, así como la buena disposición de universidades o centros de enseñanza particular para coordinar acciones de presión en contra de los contenidos informativos, puede decirse que su misión ha fracasado rotundamente. El tropiezo se debe a que detrás de esta iniciativa existe un anhelo, autoritario y ridículo, de implementar el orden moral y la decencia en la vida pública. Estos empresarios están en su derecho a constituir una asociación y a promoverse. Lo que no entienden es que para impulsar una iniciativa de esta naturaleza necesitan liderazgos, discurso, sensibilidad, argumentos. El desplegado que a plana entera han publicado en diversos medios de comunicación bajo el título: "¿Qué futuro queremos construir?" contiene precisamente los elementos que hacen difícil la cosecha de resultados para su causa. Dice esa asociación que los niños deben tener inocencia y ternura; que los jóvenes deben mostrar dignidad y virtud; que las familias necesitan brindarse apoyo, comprensión, afecto; que los cónyuges deben tener fidelidad, autoridad, buenos modales y decoro en el lenguaje. También extrañan que la gente haya dejado de usar expresiones como "buenas costumbres", "virtud", "decoro", "decencia", "recato" y "vergüenza". Quien sabe en qué mundo vivan los dirigentes de dicha organización, cuando manifiestan su terror a la desintegración familiar, según ellos, a causa de la violencia y el desenfreno de contenidos sexuales que se difunden en la televisión. No comprenden que la familia siempre ha estado en crisis como modelo de orden social. Su estructura se ha enfrentado permanentemente a la dinámica individual que exige libertad de acción y criterio. La violencia dentro del hogar, el sometimiento sexual de las mujeres, las relaciones extramaritales, la huida de los hijos, los pleitos y todas esas patologías sociales, siempre han estado presentes, mucho antes que se inventaran los medios electrónicos. Que ahora se hable de ello y se reconozca es otra historia. Que ahora la gente busque nuevos esquemas de convivencia y que hasta el DIF acepte esa crisis, lo único que revela es cómo la vida individual empieza a tomar distancia de ese eje nuclear. Se trata de un debate que debe alentarse con argumentos e inteligencia. No con añoranzas de esa naturaleza. Luis Manuel Arellano es colaborador de la agencia Notiese
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