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comunicación e información de la mujer sábado 6 de octubre del 2001 |
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Ariadna, Carmen, Claudia y Mireya. El próximo domingo 7 de octubre se realizarán elecciones municipales en 152 ayuntamientos de los 570 municipios del estado de Oaxaca. De los 152 ayuntamientos, según análisis del propio Instituto Estatal Electoral (IEE), en alrededor de 20 municipios están prendidos focos rojos por la tensión partidista debido, entre otras cosas, a las acusaciones, pugnas internas y a la comisión de una serie de añejos delitos electorales. Tan sólo en las últimas horas se suscitó una balacera en Santiago Laollaga y un artefacto de pólvora estalló en las oficinas del comité distrital 08 del Instituto Federal Electoral. Un grupo de personas armadas asaltaron y golpearon a los empleados de la estación radiofónica Radio Mar; propiedad del empresario Humberto López Lena, quien se ha quejado de amenazas del gobernador José Murat. A pesar de que el gobierno estatal --a través del secretario de Gobierno, Héctor Anuar Mafud-- se empeñe en negar que exista un clima de confrontación, estos acontecimientos ponen en tela de juicio la normalidad democrática "en los tiempos del cambio". Por si fuera poco, se adhiere a este conflictivo escenario la aparición pública, también el 3 de octubre, de un nuevo grupo armado autodenominado Ejército Revolucionario del Sureste (ERS), cuyo discurso expresado mediante un manifiesto reivindica la lucha armada y descalifica la jornada electoral, amenazando con hacer presencia el día de la jornada electoral. "Será implacable nuestra voz y fuerza este domingo donde se pretende engañar al pueblo oaxaqueño con elecciones donde los resultados ya son un hecho de negociaciones y no de respeto a la manifestación de la voluntad popular por medio del voto", dijo en comunicado el ERS. No se sabe aún si este aparente nuevo grupo es una escisión del EPR o de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo; tampoco se puede tener certeza de su real existencia después de presentarse públicamente a través de un manifiesto. Lo que es claro es que su presunto surgimiento enturbia el transcurso del proceso electoral el próximo domingo. Es de esperarse que la aparición del ERS se añada a la serie de justificaciones en torno a la fuerte presencia militar y policiaca alrededor de las comunidades consideradas por las fuerzas de seguridad como "focos rojos". La posibilidad de actos violatorios de derechos humanos está a la orden del día. En medio de este clima, las elecciones oaxaqueñas no auguran un escenario en el que las comunidades ejerzan el derecho a elegir a sus autoridades en medio de un ambiente pacífico y de libertad como experiencia vital democrática. Y es que cuando en lo local siguen los vicios de siempre, es de cuestionarse la normalidad democrática a la que supuestamente llegamos el 2 de julio del 2000. En vísperas de las elecciones locales en Chiapas para elegir 118 presidentes municipales y 40 diputados locales, se ha reforzado la seguridad a partir de las cuatro emboscadas que tuvieron lugar en los meses de agosto y septiembre y de los acontecimientos del día 11 en Estados Unidos, así como el aumento de las denuncias por la reactivación del grupo paramilitar Paz y Justicia en la Zona Norte. Sin embargo, llama la atención el poco impacto que el proceso electoral ha tenido a nivel nacional, cuando durante los seis últimos años había tenido los reflectores sobre él. Anteriormente había sido objeto depreocupación y análisis parte de autoridades, medios de comunicación y la sociedad organizada. Ahora poco importa la postura del EZLN sobre este proceso, si hay los suficientes observadores electorales para cubrir la totalidad de los distritos, si la presencia de las fuerzas de seguridad impactarán negativamente en los índices de participación ciudadana, así como el incremento de la actividad paramilitar en el norte del estado. Esta falta de atención no es gratuita: la deslegitimación de los procesos democráticos y de los actores políticos constituyen una de las causas más importantes. La expectativa generada por Vicente Fox a nivel nacional y por Salazar Mendiguchía a nivel local respecto del "cambio democrático" no ha encontrado respuesta en los programas ni en las líneas institucionales. En lo que se refiere al proceso de paz no han habido avances sustantivos y, por ende, el diálogo se encuentra suspendido sin posibilidades de reanudarlo en el corto plazo, sin actores que vayan a la cabeza, sin propuestas y sin una firme voluntad gubernamental. En lo local, las condiciones son muy similares a las que prevalecían durante los últimos gobiernos priistas: los paramilitares continúan libres y actuando impunemente, los desplazados han regresado a sus lugares de origen sin contar con las condiciones de seguridad necesarias --aunque hasta ahora no ha ocurrido algún hecho lamentable--, mientras que otros están imposibilitados para hacerlo, las fuerzas de seguridad actúan cometiendo excesos y aún son constantes las denuncias de hostigamiento e intimidación contra bases de apoyo zapatistas y otras comunidades en resistencia. En suma, podemos decir que el "cambio democrático" no ha derivado en acciones concretas que resuelvan las causas que dieron origen al conflicto. Frente al desencanto de la democracia formal, podríamos presenciar una jornada electoral con mayores índices de abstinencia que en sufragios anteriores --ya de por sí altos--. En tanto, los chiapanecos no se sean incorporados y respetados como ciudadanos con derechos plenos, su participación seguirá siendo mínima, aún cuando las campañas políticas y de difusión sean muy buenas. Ariadna, Carmen, Claudia y Mireya son integrantes del Centro Prodh
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