comunicación e información de la mujer
martes 4 de septiembre del 2001

  • Ser empresarias, un reto cultural

  • Artesanas mayas encuentran libertad en su trabajo textil

    Mérida, Yucatán, 4 de septiembre, 2001 (Dunia Rodríguez, enviada CIMAC).- Las mujeres mayas, desde el silencio de sus pueblos, entre sus quehaceres domésticos, bordan. Hilvanan su presencia en las mantas. En sus bordados, desde su casa, ellas admiten hoy que su trabajo artesanal es como cualquiera otro, que vale “porque se vende”; se saben importantes y reconocen que la artesanía las ha llevado a mirar más allá del solar.

    Genny Can Tzab, representante del asociación Nicte-Haa --que significa “Flor de agua”-- del pueblo de Maní, Yucatán, así lo manifiesta cuando narra cómo a partir de la urgencia de dar salida a sus bordados, fue que aprendieron a organizarse y conocieron nuevas técnicas para mejorar los diseños; empezaron a trabajar en grupo y a producir con calidad. Sólo necesitaban eso, pues ya se consideraban “mujeres emprendedoras”.

    “Todo esto no hubiera sido posible sin una adecuada capacitación, la cual nos proporcionó Tumben Kinam AC, y la Casa de las Artesanías, con la mediación del párroco de Maní”, dice.

    Hace un año se dio el acercamiento y, al principio como en toda actividad nueva, se enfrentaron a diversas dificultades, sobre todo aquellas que tienen que ver con el cumplimiento de las exigencias de calidad del producto que demanda el mercado, que entre otros requisitos pide variedad de tallas y entregas puntuales.

    “La meta es que se entregue a la fecha debida. No nos preocupamos por si lo vamos a vender o no, lo único que preocupa es hacerlo cada día mejor, con buen rematado, buen armado, limpio, buen planchado y con buena presentación en venta”, anota.

    Antes de que recibieran la capacitación y empezaran a adentrarse en el conocimiento del mercadeo, además de salir a buscar clientes, las prendas se hacían al tanteo, se trabajaba un metro por hipil --vestidos bordados para uso diario-- y las tallas no existían, pues para la confección medían por alto, ancho, sisa y márgenes. Era una costumbre, dice Genny, y adaptarse a otros conocimientos les fue difícil.

    En el trabajo diario, unas cortan las telas, otras pintan y todas bordan. Para agilizar y facilitar el trabajo, y que el grupo funcione adecuadamente, lo fundamental es que todas estén ocupadas y aporten nuevas ideas, relata.

    Durante su intervención hoy en el Foro “Los retos del bordado maya comercial”, Genny Can aclara que todas en el grupo deben conocer las diferentes etapas del proceso de producción, las normas de calidad, las técnicas de bordado así como la asignación de las tareas para facilitar el trabajo; actividades que incluyen la compra de materiales y la administración del dinero.

    Ahora, las integrantes del grupo Nicte-Haa advierten que su necesidad radica en poner en práctica los conocimientos adquiridos, trazarse metas y aumentar sus ingresos familiares. “Si bordamos es porque tenemos la necesidad en el hogar, tenemos obligaciones con los hijos y los papás”.

    Genny Can agrega que el bordado es una importante fuente de trabajo que les genera un ingreso fijo. Es por eso que para el futuro anhelan contar con un local propio y un taller, superar y dominar todas las técnicas del bordado y de la producción, “y no hacer una sola cosa”.

    MAS ALLA DEL SOLAR

    Las mujeres pueden bordar sin ausentarse de casa, por “eso no salen a buscar trabajo fuera, porque además está mal visto”, apunta Genny Can.

    Ir más allá del solar para ejercer su pericia artesanal y su autonomía es una de las barreras que también han sorteado las mujeres de Nicte-Haa. Se saben emprendedoras, pero también conocen que en su comuna no está bien que “una mujer siga estudiando y se supere, porque estando en el pueblo eso no es básico”.

    La regla para una mujer en Maní, Yucatán, a decir de Genny, es atender al esposo, a los hijos “y ya está”. Además de bordar, tarea que históricamente han desarrollado pues les permite cuidar su función doméstica.

    “Nuestro problema -- apunta-- es que muchas son amas de casa y no le dedican mucho tiempo al trabajo. Unas avanzan rápido y otras atrasan, y el pedido hay que entregarlo completo. Las jóvenes le dedicamos mucho tiempo al bordado, pero también tenemos obligaciones si vivimos en casa de los papás”.

    Dice que es gracias a las capacitaciones y a valorar el trabajo tradicional, que las mujeres de Nicte-Haa “somos importantes y podemos salir algo del pueblo”.

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