comunicación e información de la mujer
lunes 10 de septiembre del 2001

  • Carecen parejas de opciones para prevenir embarazo e ITS

  • Sustituye el aborto a la anticoncepción en Europa Oriental

    Madrid, España, 10 de septiembre, 2001 (CIMAC).- En 1990, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se practicaron en Rusia mil 971 abortos por cada mil niños nacidos vivos, casi dos abortos por cada nacimiento. El año 2000 confirmó la tendencia a la baja, aunque el número de abortos (2.1 millones) seguía siendo superior al de nacimientos (1.7).

    Se estima que en Rusia cada mujer experimenta cuatro o cinco abortos de promedio en su vida, y que el ocho por ciento de las chicas de 16-17 años que habían mantenido relaciones sexuales habían abortado ya, lo que supone un elevado porcentaje para este grupo de edad, publicó esta semana la revista electrónica Tertulia.

    Además se considera que los datos oficiales son inferiores a los reales, debido a que también se producen abortos fuera de los centros públicos de salud, sobre todo en el caso de las adolescentes, que temen el reconocimiento de su identidad.

    El aborto ha sido el principal método de control de natalidad y planificación familiar en Europa del Este durante los últimos cincuenta años. Y no porque sea el anticonceptivo preferido por estas mujeres (el aborto provoca en toda Europa el 17 por ciento de las muertes maternas), sino por la falta de métodos alternativos.

    Las estadísticas demuestran que la tasa de aborto cae a medida que aumenta la disponibilidad de otras formas de anticoncepción. Entonces el aborto no es una opción más de las muchas integradas en el conjunto de los servicios de salud sexual y reproductiva a los que cualquier mujer tiene derecho, sino que se convierte en el sustituto forzoso de una planificación familiar que presenta deficiencias o simplemente no existe.

    Bulgaria, la república Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Moldavia, Rumania, Rusia, Eslovaquia o Ucrania, han heredado de la Unión Soviética unas legislaciones que garantizan el derecho al aborto.

    En muchos de estos países la seguridad social cubre los gastos de la intervención si se realiza durante los tres primeros meses de embarazo. Estas legislaciones fueron aprobadas antes de que las modernas técnicas de anticoncepción se desarrollasen, y ahora que existen son demasiado caras o no llegan al mercado con la calidad y en las cantidades necesarias para constituir una auténtica alternativa al aborto.

    Este contexto ha impedido el arraigo de una cultura de la prevención del embarazo y de promoción de la salud sexual, que sí se ha implantado en el Oeste. En Europa occidental las mujeres que recurren al aborto suelen ser solteras a las que les ha fallado el método anticonceptivo que utilizaban.

    La tasa media de abortos en la Unión Europea, según la OMS en 1999, era de 193 por cada mil nacimientos. Sin embargo, en Europa Oriental las mujeres que abortan incluyen a casadas que no tomaban ninguna medida preventiva, lo que dibuja un panorama preocupante.

    La falta de tradición y de concienciación del uso de anticonceptivos es un caldo de cultivo ideal para la propagación de enfermedades de transmisión sexual, cuyo aumento ya se está constata en Rusia, Estonia y Letonia. De mantenerse este ritmo de crecimiento, en el año 2002 habrá dos millones de seropositivos en la Federación Rusa.

    La deficiente educación sexual también conduce a riesgos físicos y psicológicos de un aborto que podría evitarse en muchas ocasiones si se favoreciese el acceso a métodos anticonceptivos adaptados a las características y circunstancias de cada mujer.

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