comunicación e información de la mujer
miércoles 26 de septiembre del 2001

  • Sufren discriminación genérica y étnica

  • La explotación laboral de migrantes indígenas repercute severamente en su salud: Ximena Avellaneda

    México DF, 26 de septiembre, 2001 (Soledad Jarquín CIMAC).- La calidad de vida de las mujeres migrantes indígenas como trabajadoras no calificadas y explotadas, además de madres de familia en condiciones de precario desarraigo constituyen factores de riesgo para su salud, aseguró Ximena Avellaneda Díaz, durante la presentación del trabajo de investigación realizado entre jornaleras oaxaqueñas.

    La integrante del Grupo de Estudios sobre la Mujer “Rosario Castellanos”, quien explicó los resultados del trabajo “La salud de las migrantes desde una perspectiva de género”, sostuvo que además de agotadoras jornadas de trabajo, que realizan muchas veces embarazadas y expuestas a agroquímicos, las migrantes son explotadas y desempeñan trabajos no calificados.

    Ellas, dijo, reciben un salario, pero esto no garantiza ningún ahorro, comparten precarias viviendas-barracas en situaciones de hacinamiento y promiscuidad, sin servicios sanitarios y ambiente inadecuado, lo que no permite condiciones de vida saludables.

    Invitada por la Coordinación Estatal de Atención al Migrante Oaxaqueño, Ximena Avellaneda indicó que al emigrar las mujeres con sus familias experimentan profundos cambios al interior de sus vidas:

    “La dinámica familiar y comunitaria se trastoca; la organización en la cual realizaba sus pesadas jornadas diarias se alteran de manera que tienen que adaptar horarios y ritmos a jornadas laborales de 16 horas diarias sin descuidar sus responsabilidades domésticas de cuidado y crianza de los hijos, preparación de los alimentos, lavado de ropa, acarreo de leña, agua y otros, mismos que deberá realizar de manera alterna o muy temprano en la mañana o al regresar exhausta de la jornada de trabajo, esto sin la cooperación de sus esposos y dependiendo del apoyo de sus hijos e hijas”.

    Así también, añade, las condiciones laborales están marcadas por profundas desigualdades genéricas y de discriminación étnica, mismas que se comienzan a hacer patentes desde el mismo momento de la contratación y pago de las mujeres indígenas y se prolonga a lo largo de toda su estancia y traslado a los campos agrícolas.

    Avellaneda Díaz, quien es presidenta del Grupo de Estudios sobre la Mujer “Rosario Castellanos”, y quien desde hace poco más de un año ha realizado un estudio minucioso de las migrantes, asegura que las indígenas se enfrentan a factores de discriminación laboral.

    “Mientras las mujeres locales mestizas ocupan los trabajos más prestigiosos de empaque y selección de productos, las mujeres indígenas del sur reciben pagos menores por los mismos trabajos realizados por hombres, eso sucede no sólo en términos relativos, de igual manera el trabajo especializado de las mujeres no se reconoce o se retribuye de manera más baja.

    Además, el modelo de trabajo para las mujeres indígenas migrantes está marcado por la ausencia de contratos, la falta de garantías para mantenerlo, jornadas prolongadas, cambios de tareas, falta de prestaciones sociales, el pago a destajo, así como acoso sexual.

    De igual forma, apunta que las mujeres que no migran se enfrentan a una situación preocupante, pues se ven solas frente a la familia, la milpa, los animales, las actividades artesanales o de traspatio, la prestación o pago de los cargos correspondientes al marido y las deudas.

    Son ellas, agregó, quienes tienen que sobrellevar la carga y seguir con la observancia y reproducción de la vida social y cultural de los pueblos indios sin apoyo de ninguna clase, en comunidades “fantasmas”, donde sólo quedan niños y viejos.

    Ximena Avellaneda Díaz explicó que ante la problemática se desarrolló junto con el Comité Promotor por una Maternidad sin Riesgos una estrategia para atender la problemática de manera integral y, sobre todo, desde una perspectiva de equidad de género.

    El objetivo, añadió, fue probar e instrumentar un modelo de sensibilización y capacitación en salud sexual y reproductiva con perspectiva de equidad de género y con especial énfasis en la maternidad sin riesgos, esto con el fin de que las mujeres y hombres que participan en los procesos migratorios y la población jornalera identifique y prevenga riesgos en su salud sexual y reproductiva.

    A decir de la investigadora la realización de este proyecto ha permitido una mayor comprensión del fenómeno de la migración, sobre todo a nivel de las comunidades de origen, lo que permite establecer los factores sociales y culturales que pesan sobre las mujeres.

    En ese sentido propuso que los programas de salud tengan una clara atención médica con perspectiva de género, fortalecer la autoestima de las mujeres y, en todo caso, iniciar la difusión y respeto de sus derechos sexuales y reproductivos, con la participación activa de las organizaciones de migrantes, tanto en las ciudades de origen como en las ciudades fronterizas y en el extranjero, con el fin de hacerlas partícipes y corresponsables de estos procesos.

    Hasta ahora, señaló Avellaneda Díaz, se percibe una clara falta de información acerca de las causas que generan los fenómenos migratorios en general y, en particular, acerca de la situación de las mujeres migrantes y esposas de migrantes, lo que se traduce en actitudes hostiles hacia este sector de la población.

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