semana del 21 al 27 de marzo del 2000

  • REPORTE ESPECIAL

  • Albergue en el DF, una esperanza para mujeres que viven violencia intrafamiliar

    México DF, MAR, 2000 (Miriam Ruiz/CIMAC).- Las mujeres que han vivido por años en el torbellino de la violencia doméstica, así como sus hijas e hijos, pueden escapar para construir una vida con perspectivas renovadas y felices. Pero con un solo albergue en la ciudad de México, creado hace dos años, romper con la violencia parece más el resultado de un acto de la fortuna que una política pública.

    Después de 22 años de insultos y actitudes destructivas, en el mes de abril de 1999 Silvia Elena Martínez llegó al albergue con una hija adolescente. Tras una cadena de intentos y fracasos, vueltas a las agencias del Ministerio Público y al Centro de Atención a la Violencia Intrafamiliar (CAVI), --dependencia creada hace 10 años y dependiente de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal donde le propusieron la reconciliación con su pareja-- una noche se decidió a salir: “Esa noche tuve la oportunidad de agredirlo, de matarlo. Sabía de lo que él era capaz, pero ver lo que yo podía hacer, me horrorizó.”

    Bien vestida, maquillada y con tono seguro, define el problema: “No conocemos la violencia y a veces creemos que es algo común, algo normal. Creemos que se trata de las agresiones, los insultos, cuando la violencia también es el silencio o arrinconamiento en el que te sumergen, la imposibilidad de expresar lo que sientes... ni siquiera lo positivo, mucho menos lo negativo”.

    Con dos hijas, un nieto, un hijo con parálisis cerebral ya fallecido, y otro más que hoy tiene ocho años “te vuelves mamá y proveedora”. Trabajó en una empresa mueblera y luego en la Secretaría de Gobernación, pero con una pareja destructiva “cuando avanzas profesionalmente, nada es logro tuyo. Había que renunciar a los trabajos o estar siempre embarazada para que ellos pudieran verte disminuida.”

    Después del albergue, donde las estancias de las mujeres y sus hijas e hijos puede ser de hasta tres meses, Silvia Martínez estudió una actualización secretarial con una beca del gobierno de la ciudad. Hoy trabaja en una línea aérea y, junto con otras mujeres que como ella recomenzaron su vida a partir del albergue; fue invitada a compartir su experiencia en el Primer Encuentro de Mujeres Compartiendo Vivencias, organizado por el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Distrito Federal (DIF-DF).

    EL UNICO ALBERGUE

    Este edificio, dependencia del DIF-DF, es pequeño, de cantera y sin letreros. Al mediodía se llena de mamás, niñas y niños que esperan la entrada al comedor. Como si nada pasara. Alrededor del jardín están los dormitorios amarillos con literas de colores. Dos rejas y una caseta de policía los separan del exterior. “Cuando llegué me pareció el lugar más hermoso, con deficiencias, como nosotros mismos. Un lugar donde se nos respetó nuestro propio espacio” recuerda Silvia Martínez.

    En el Encuentro de Mujeres, las asistentes dan el mismo testimonio una y otra vez: no tenía a donde ir, mi familia no me apoyaba, las mujeres a mi alrededor me criticaban, tenía que enfrentar esto sola, el Ministerio Público no me apoyó, y todas coinciden en que necesitaban este albergue.

    En el territorio mexicano existen tres albergues: uno en Monterrey, otro en Morelia y este que opera desde hace dos años --en la delagación Alvaro Obregón-- y atiende, en promedio, a 100 mujeres al mes. Cuenta con una capacidad diaria para 70 personas, pero tiene una población flotante. Su creación fue apoyada con una recomendación hecha el 11 de agosto de 1997 por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

    En julio 1997 se abrió el primer albergue para mujeres maltratadas en el DF en la colonia Anzures, pese a las promesas y buenos deseos de los funcionarios capitalinos quienes en el acto inaugural dijeron “esperamos contar con un albergue en cada delegación” la falta de presupuesto obligó a cerrar sus puertas, dejando sólo en funcionamiento el actual albergue en la delegación Alvaro Obregón.

    Más allá del mero alojamiento para las mujeres, quienes generalmente llegan con uno o dos hijos, explica la directora de Atención a Grupos Vulnerables del DIF-DF, Lucrecia Hernández Trejo, en el albergue se desarrolló un modelo de atención para las mujeres y trabajan en otro para las y los niños. Quienes llegan reciben asesoría legal, médica y psicológica y participan en talleres de reflexión sobre la violencia y la familia, la construcción de ser mujer y sobre la corresponsabilidad y solidaridad con otras mujeres.

    “El era el dueño de mi vida... mi posición económica era buena, pero mis hijos y yo le teníamos miedo...tenía que pedir permiso para visitar a mi familia. Me costó trabajo tomar la decisión, yo nunca había trabajado y me casé a los 19, así que no terminé mis estudios. Me salí el día de mi cumpleaños... no tenía dónde ir, en casa de mis papás él me iba a molestar, pero si en verdad quieres salir buscas la ayuda”. Lourdes Montoya llegó en agosto de 1999 al albergue con su hija e hijo. Tras un proceso legal y terapéutico, decidió regresar, pero en términos distintos: ella estudia y él cuida a los niños.

    Esther Madrid Buenrostro, directora de este albergue cuya ubicación se esconde para proteger a las refugiadas, concluye que acabar con los estereotipos --fomentados por los medios de comunicación, la Iglesia y la familia-- es fundamental para acabar con la violencia al interior de las familias.

    Luchadora desde hace casi dos décadas contra la violencia hacia las mujeres, Madrid insiste en la importancia de la equidad y respeto entre hombres y mujeres, así como en ventilar algo considerado como privado y hasta natural. “Los orígenes del círculo de la violencia son sociales y educativos. La educación sexista forma a las niñas en condición de sumisión o victimización y a los niños, de valentía o poder, allana el camino a las agresiones.”

    Esther Madrid, hace hincapié en la necesidad de las políticas gubernamentales para que un albergue se sostenga económicamente. Explicó la intención del gobierno de la ciudad para abrir uno por delegación. Sin embargo, el recorte presupuestario dejó este proyecto de lado, por no considerarse como prioritario.

    OTROS...

    En la ciudad de México, según datos oficiales, viven ocho millones y medio de mujeres sin contar a la población conurbada. La edad media para unirse es de 21 años y para separarse de 37 y dos millones y medio de ellas, por su edad y otros factores, son candidatas a la violencia intrafamiliar.

    Según el Prontuario Estadístico de la Mujer en el Distrito Federal 1999, hasta 1997 el CAVI reportó que 60 por ciento de las denunciantes tienen primaria o secundaria, mientras que 36 por ciento terminó el bachillerato, alguna carrera técnica o profesional. Poco más de la mitad tenía trabajo (52.8 por ciento) y el resto dijo ser ama de casa (41.4 por ciento) o desempleada (1.9 por ciento). Los agresores fueron, mayoritariamente, sus parejas o exparejas.

    Sin apoyo oficial, el segundo albergue para mujeres que escapan de la violencia doméstica podría cristalizarse en cuanto se consigan a 15 donantes que aporten 15 mil pesos mensuales para sostener un refugio iniciado por Fortaleza IAP, organización fundada por la primera gobernadora del país Griselda Alvarez. Con un local ya listo con capacidad para 80 personas, la actual presidenta de Fortaleza, Crisanta Martínez de Sánchez, confía en que se conseguirá el patrocinio e invita a empresas y particulares a sumarse a este proyecto.

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