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semana del 2 al 8 de mayo del 2000 | ||
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por Nellys Palomo. “Solo una cosa convierte en imposible un sueño: El miedo a fracasar”. Paulo Coelho. Quiero iniciar diciendo que el buen combate es aquel que se libra en nombre de nuestros sueños, porque como dicen hoy los pueblos indios y las mujeres “nuestro sueño, es lo que queremos alcanzar y construir desde nuestro ser femenino. Es nuestro horizonte y horizonte es lo que esta muy cerca del cielo”, y este amanecer es un buen despertar con la posibilidad de empezar a recrear y reconstruir la diversidad de nuestra sociedad mexicana. Quisiera compartir, agradecer y participar con todas(os) la celebración de este espacio, y creo que si hay algo que celebrar en este día, es esa necesidad vital de las mujeres y de los pueblos indios que nos permiten reflejar la diversidad que somos: Hombres-mujeres-mestizos indígenas y expresarnos tal cual somos, con nuestras contradicciones, dudas, temores, y posibilidades de vivir en un mundo de tolerancia como dicen los zapatistas “Un mundo donde quepan todos los mundos”. Y efectivamente para poder recrear, conocer y aceptar el quehacer colectivo del mundo indígena, de la división feminista necesitamos entrecruzar y tejer fino como cada uno de los huipiles de las zetztales, de las amuzgas, para explotar en la memoria de los y las mexicanas, recorrer la historia pasada, y presente, para descubrir los elementos subjetivos, las emociones, los sentimientos, violencias y opresiones, que tenemos interiorizadas y buscar darle un nuevo significado a partir de las relaciones entre los otros y las otras a la tolerancia. Las mujeres y los pueblos indios con sus propuestas buscan generar cambios profundos en la sociedad, que impacten y modifiquen hábitos y costumbres desde lo personal y organizativo, colectivo que se relacionen con nuevos valores para una vida digna. Y estas relaciones es partir de lo personal, lo familiar para abarcar el colectivo, retomando en una clara síntesis la frase acuñada por el movimiento feminista: Lo personal es político. Las mujeres hemos dicho: Tenemos un cuerpo el cual no escogemos, un cuerpo que nos permite engendrar y amamantar hijas e hijos... es un cuerpo que cambia constantemente y que tiene muchas necesidades, principalmente es un cuerpo que tiene mucha fuerza, es un cuerpo que nos dice lo que somos y no por ese cuerpo que tenemos se nos tiene que asignar una opresión milenaria. Igualmente los pueblos indios hacen su autoafirmación como sujetos, como construyen su identidad étnica, y como en su participación política a partir de 1994 han ido desconstruyendo el poder patriarcal, ancestral, que los ha marginado considerándolos “los otros”; sin embargo, son ésos los “olvidados (as)” los constructores del sujeto en su colectivo, de búsqueda un de ser social imbricado desde lo personal para ir arrimando a un plano de lo colectivo. Y es que esta búsqueda colectiva, no es una tarea fácil en estos tiempos, ya que esta búsqueda la están realizando los pueblos indios y las mujeres en un contexto de sociedad que impone la violencia, la competencia, la desconfianza, la rivalidad, el desconocimiento del otro, del diferente. En un contexto social como es el de Chiapas, en donde el tejido social se ha deteriorado y el proceso de militarización campea en cada una de las comunidades. Sé que este foro apuesta a superar la inercia, la incertidumbre y contradicciones y mostrar que es posible tener un mundo donde la riqueza de la diversidad, la apertura de nuevos horizontes, el dialogo y la solidaridad de la mujeres y hombres, sean el componente a construir. Sé que este esfuerzo y reto de nuevas comprensiones y nuevas tolerancias, aún no están registradas en nuestras neuronas ni en las terminaciones sensibles de la percepción de nuestros cuerpos, por eso la irrupción de las(os) indígenas en esta lucha de sus pueblos presupone el desafío de hoy, aportar por pensar lo no pensado, por decir lo no dicho y por vivir de un modo inédito en una coherencia que acabe por transformar la existencia misma, resultando una forma de vida alternativa no sólo para ellas sino para cada una de nosotras donde las mujeres, desde la recuperación del diálogo le apostamos a la construcción de nuevas relaciones entra las mujeres y entre los géneros pero, sobre todo, como un aporte fundamental a la construcción de la democracia en nuestro país. Estas búsquedas se inscriben en el devenir de todas las mujeres, y de todos los que no nos conformamos con un mundo lleno de intolerancia y apostamos la equidad, la paridad, la igualdad y la diferencia entre los sexos, retomado estos conflictos, dándole salida a esos callejones sin salida que, una y otra vez, han de ser trascendidos en el horizonte de hacer cosas con otras y otros. Es decir, como diría Rosario Castellanos, “otro modo de ser”. Estos senderos apuestan por abrirse caminos a veces lógicos, otros entre las dudas y las contradicciones, los temores, el pesimismo, las realidades y las utopías que jalonean esta aventura itinerante y siempre inacabada, como es el de aspirar a una sociedad basada en la tolerancia entre indígenas y mestizos, negros y blancos indios y no indios. El reto se ha iniciado. Desentrañar el sutil entramado de tanto malestar, de tanto sufrimiento de fondo, es explorar en lo más recóndito del sistema patriarcal, para superar la colonización milenaria a la que estamos sometidos(as) y dar respuestas a muchas interrogantes que apenas y se vislumbran o perciben: el poder, los sueños del país, el ejército de la democracia, la puesta en práctica de la autonomía indígena con una visión de género son estas utopías a las que hoy les apostamos. Todos(as) sabemos que el miedo es un sentimiento paralizador del pensamiento, mientras se teme algo se esta impidiendo pensar aquello que se teme y hoy sabemos que tanto los hombres como los mestizos(as) se sienten amenazados por la independencia que tienen las mujeres por el control que tienen de sus cuerpos, por la exigencia que ponen cada día en sus actos de vida. En el nuevo milenio que se avecina, se anuncian nuevos horizontes para los pueblos indios y para las mujeres en general. Las mujeres seguiremos avanzando, fortaleciendo, cultivando y acrecentando nuestra identidad y los pueblos indios su identidad indígena. El reto que hoy plantean los pueblos indios a la sociedad no mestiza para que los reconozcan como sujetos con derechos políticos, es el mismo que las mujeres estamos planteando desde hace una buena década a esta sociedad patriarcal. Y mi pregunta final para todos(as) ¿Llegaremos al final del siguiente milenio sin reconocer los derechos de los pueblos indios y de las mujeres? Ahí está el gran reto para aceptar la tolerancia y esta otra mirada del mundo donde podamos estar todos y todas.
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