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semana del 15 al 21 de agosto del 2000 | ||
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México DF, AGOSTO, 2000 (Martha Izquierdo, corresponsal/ CIMAC).- El Istmo de Tehuantepec alcanza algunos avances importantes, se moderniza en diversas áreas, pero el tiempo parece detenerse en otros aspectos. Las mujeres siguen siendo víctimas de las costumbres que atentan contra sus derechos de humanos. Un ejemplo común es someterlas a la “valoración” de la sociedad cuando se casan o incluso cuando son robadas, ya que si no son vírgenes son exhibidas ante sus familias y en algunos casos ante el pueblo entero. En esta región de controversias, conviven diversas etnias, entre ellas la zapoteca, chontal, huave, zoque y mixe para quienes el que una mujer se mantenga pura, intacta y virgen hasta llegar al matrimonio es motivo de orgullo familiar, de las buena educación que se le ha inculcado. En los casos en que la novia es “huida”, lo que quiere decir que el novio se la robó y la llevó a su casa paterna, donde su madre y sus familiares mujeres ayudan al hermano a acondicionar la habitación antes que tengan coito, se prepara la cama con sábanas blancas para que una vez que la pareja le rompa el himen con el dedo, como aconseja un viejo "ritual", la sangre sea recogida en un pañuelo blanco que se muestra a los demás que esperan impacientes afuera de la habitación. Cuando hay sangre, la familia celebra. Coloca un jicalpextle (vasija u olla) con tulipanes y flores rojas y lo enseña a todas las mujeres de la familia, en tanto arreglan a la novia con sábanas blancas y flores rojas para dar aviso a la familia de la novia, y festejar con cohetones, música y cerveza y poder llegar a un buen arreglo para el casamiento. “María”, quien concluyó la preparatoria y “huyó” con su novio explicó que para ella ese ritual es un acto vergonzoso y muy doloroso. “Imagínate, mientras afuera del cuarto un grupo de personas esperaban el pañuelo blanco manchado de sangre, mi novio me introdujo el dedo para romper el himen... luego salió con él y lo mostró a sus familiares y como estaba manchado de sangre para esa familia era una mujer que sí valía, eso es humillante... y por si fuera poco luego tiene uno que cumplirle a la pareja como si nada estuviera pasando”. “Rosario” es licenciada en Educación Primaria y explica que aunque ella sí fue “pedida”, durante la noche de bodas, su esposo tuvo que hacer un “paréntesis para realizar el ritual del pañuelo de sangre al romper el himen, para luego salir a mostrarlo a sus padres y su familia, quienes celebraron el hecho de que era realmente virgen enseñando el pañuelo a la gente que se había reunido en la fiesta... realmente situaciones como ésa ya no satisfacen a ninguna mujer, nos llena de vergüenza”. Pero si en caso contrario, la mujer no sangra o no es virgen, la joven es repudiada y devuelta a su casa sin nada a cambio, la familia es señalada por la población, “es avergonzada”. Pese al matriarcado que prevalece --aparentemente-- entre la cultura zapoteca, en Juchitán es válido que un hombre casado se “robe o huya con la joven” y realice el “ritual” de la desfloración con el dedo, aunque no exista posibilidad de casarse; si “sale virgen” puede proponerle tenerla como “querida, amante o concubina” o, bien, entregar una indemnización que varía según el caso, pero puede costarle entre 15 y hasta 30 mil pesos; después, todo vuelve a la normalidad como si nada hubiera pasado. Cuando la novia es “pedida”, es decir, cuando las familias esperan a que después del casamiento los novios tengan relaciones, también es necesario presentar la “prueba” de que salió virgen con el pañuelo manchado de sangre. De lo contrario, la familia del novio coloca a la entrada de su casa una olla de barro sin fondo en señal de que la novia salió “hueca” o que no era virgen y la familia de la novia tiene que remunerar al novio con los gastos efectuados en la boda. Este tipo de “costumbres” son más comunes en los municipios de Ixtaltepec, Comitancillo y entre las etnias zoque y huave. Sobre el tema, la socióloga Marina Meneses Velásquez dijo en entrevista que estos rituales prevalecen desde antaño y para las etnias no es acto de agravio a la integridad o derechos de la mujer, sino una “revalorización de la mujer” al demostrar la buena educación que le dieron sus padres. La investigadora de la cultura zapoteca añade que estas costumbres deben verse con nuevos ojos, pues la primera impresión y desde una visión occidental podría tener una connotación violenta por el novio cuando rompe el himen con el dedo y con la sangre que brota debe manchar un pañuelo blanco, el cual será expuesto a la vista de las mujeres de la familia, los vecinos y las amistades. Marina Meneses explicó que es preciso intentar comprender el significado de este ritual respecto a la posición de la mujer, porque se realiza en la intimidad de la pareja y entre las sociedades zapoteca, huave, chontal, mixe y zoque, se asume un carácter colectivo y público. Por otra parte, la coordinadora del área de Salud Sexual y Reproductiva de la Casa de la Mujer “Rosario Castellanos”, Ximena Avellaneda Díaz, sostuvo que este tipo de tradiciones se siguen desarrollando porque se cree en la “mistificación o idealización de que lo tradicional es adecuado”, pero resaltó que muchas veces corresponden a una cultura machista o proceden de un poder patriarcal que busca en primer lugar un control sobre la sexualidad y reproducción de las mujeres. Sin embargo, aclaró, este tipo de actos no son exclusivos de etnias, sino se da también entre las sociedades contemporáneas, pero desde otras perspectivas. Avellenda Díaz explicó que muchos de esos “rituales” obedecen a necesidades y daban respuesta a ellas, pero los tiempos cambian, como se explica en la disminución de comunidades donde aún se llevan a cabo esos ritos. La psicóloga social asegura que además la escolarización de las mujeres y de los hombres de esas comunidades permite observar ese tipo de actividades como violatorios a los derechos de las mujeres, por lo que incluso son prácticas que están en desuso. “No todas las mujeres están de acuerdo en que se mida su valor por la existencia o no de la telita”, podríamos decir. Añadió, que hay costumbres o tradicionales que no son humanitarias o justas para las mujeres, sin embargo, lo más importante es que sean esas sociedades indígenas quienes se den cuenta de la situación, porque son ellos mismos los más autorizados para sancionar esas costumbres. Lo cierto es que se trata de practicas discriminantes que en lugar de valorar a las mujeres las desvaloriza, porque tenemos que tener presente que el valor de las mujeres ha cambiado y la autodeterminación de los grupos étnicos depende la transformación de sus costumbres. Reiteró que estas “costumbres” son creaciones humanas que respondieron en su momento a necesidades, pero desde el punto de vista más humano expone a las mujeres. Por fortuna están desapareciendo, “lástima que no desaparezcan más rápido”.
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