semana del 15 al 21 de agosto del 2000

  • NUEVA IDENTIDAD

  • Sobrevivientes. Violación y Aborto

    Por Erika Cervantes. El asunto de agregar o quitar causales para el aborto punible en México se ha convertido en la llamada “papa caliente” del Partido Acción Nacional (PAN). La recién estrenada democracia se enfrenta a la disyuntiva de “sí, yo voté por un cambio, pero no me imaginaba que era éste”.

    La posibilidad de abortar legalmente el producto de una violación, podría ser coartada por la visión limítrofe de algunos cuantos varones en las cámaras parlamentarias, pero, ¿qué pasa con las mujeres que han vivido en carne propia una violación? ¿Qué sienten y saben de estas mujeres algunos señores que proponen la iniciativa de eliminar el derecho a abortar por una violación? ¿Tienen alguna persona cercana del sexo femenino que haya pasado por una violación? ¿Tienen algún derecho a opinar sobre el tema cuando no lo han sentido en carne propia?.

    Su nombre es Brenda, tiene 24 años y hace tres años fue violada cerca de su escuela. Ella estudia psicología y está por terminar su carrera.

    “Yo tenía que pasar por un lugar por el que en ocasiones casi no hay gente para llegar a la escuela. Eran como las 12:00 del día, de repente escuché pasos detrás de mí. No les di importancia. Pensé que era cualquier persona, sin imaginar que esa persona se transformaría en mí pesadilla personal.

    “Se puso detrás de mí. Me sujetó el cuello con un brazo y me puso en las costillas algo que yo sentí frío, más tarde sabría que se trataba de un cuchillo. Me dijo no grites, no llores porque te mueres. En ese momento estaba sorprendida y muy asustada. Sabía que mi vida se encontraba en manos de ese hombre y decidí vivir, lo que siguió fue espantoso. Me arrastró hasta un lote baldío y bajo amenazas me pidió que me desvistiera. Mientras me penetraba, el cuchillo tocaba mi yugular. Me decía que era muy bonita y además inteligente. Dentro de mí me repetía una y otra vez esto no está pasando, esto no me está sucediendo a mí.

    “Por materia de estudio en alguna ocasión tratamos el tema de la violación. El saber cómo actúan estas personas me ayudó mucho, porque desde el primer momento decidí, que él no me destruiría como era su propósito, que si lo hacía era por poder, por violencia, por desquite, y yo no era una cosa como él me trataba y nunca sería eso, porque yo soy un ser humano con muchas cosas maravillosas por experimentar, pensaba en mí familia y me repetía yo no puedo acabar así, tengo que luchar voy a luchar.

    “Y bueno sobreviví. Los primeros días fueron terribles me sentía toda adolorida, no sabía si denunciar o no. Evalúe y decidí no hacerlo. No quería exponer al linchamiento público a mí familia. Andaba como en otro mundo, la verdad mi madre pensó que estaba enferma y entonces me interrogo qué pasaba, y ahí se rompió el dique, le dije lo que había pasado, y lloré y lloré. Ella me abrazó y me dijo que me apoyaría en todo. Decidimos no decirle nada a nadie, pero me acompañó con la ginecóloga a hacerme una revisión, me dieron unas pastillas por si existía alguna infección, lo más difícil fue hacerme la prueba del VIH/Sida, tuve que esperar tres meses para saber si me había contagiado o no; acudí a terapia sicológica con un grupo de mujeres que se especializa en apoyo a víctimas de la violencia.

    “Ahí me explicaron que la violación es un accidente, que las mujeres no tenemos la culpa de ser violadas y, sin embargo, nos sentimos culpables. Sabía de la anticoncepción de emergencia, hablé de ello con mi ginecóloga y dijo que esa sería un buena acción para evitar un aborto, pero pasaron dos meses y mi menstruación no bajaba. Bajó el día que me entregaron mis resultados de la prueba de VIH/Sida con resultados negativos, ese día me sentí afortunada, pese al largo camino que aún me queda por recorrer.

    “Una siempre vive con el miedo que le vuelva a pasar, a mí me invade el pánico cuando veo un calle solitaria o cuando veo en el super a alguien que se para detrás de mí, siento cómo me recorre un escalofrío, pero he aprendido a vivir con ello y estar más alerta y por supuesto que he cambiado la ruta que usaba para ir a la escuela.

    “El apoyo de las terapeutas, mi ginecóloga y mi madre, fueron fundamentales, no niego que en algún momento pensé en suicidarme por el dolor que el recuerdo me generaba, pero cada vez que eso sucedía, repetía, que yo luché por vivir y estoy viva.

    “Si hubiera resultado embarazada, no hubiera dudado un segundo en practicarme un aborto, porque para concebir un hijo o hija, una debe desearlo, darle lo mejor de sí, sentirlo como el ser más extraordinario y no como alguien que le recuerde toda la violencia vivida a manos de un ser que atentó contra lo esencial de una misma.

    “Por ello se me hace espantoso esa nueva iniciativa de reforma que aprobaron los legisladores del estado de Guanajuato. Es inhumano, es tratarnos como receptáculos de la violencia y, sobre todo, es no respetar nuestros derechos humanos.”

    > Informe Semanal