semana del 15 al 21 de agosto del 2000

  • EL CONVIVIO

  • ¿Abortista yo?

    Por Guadalupe Elósegui. Ahí está de nueva cuenta la violencia contra las mujeres. La amenaza de castigo contra quien ha sido víctima de una de las peores y aberrantes manifestaciones del poder masculino: La violación.

    El machismo, la ignorancia y los prejuicios se vieron en todo su esplendor en Guanajuato, donde la bancada oscurantista del Partido Acción Nacional (PAN) en el Congreso votó por dar marcha atrás a la fracción II del artículo 163 del Código Penal que estipulaba la no punibilidad del aborto cuando el embarazo hubiera sido producto de una violación.

    La medida ha provocado una reacción tan airada por parte de grandes sectores de la opinión pública, que incluso la misma cúpula del PAN, y hasta el propio presidente electo, Vicente Fox, se han visto obligados a deslindarse, aduciendo que se trata de un caso “de competencia estatal” en el que ellos no han tenido participación.

    Una desafortunada, insensible y poco inteligente respuesta, quiere decir que si lo mismo sucediera en el resto de las entidades, nunca sería competencia del Ejecutivo federal. Ah, entonces, prepárese para la política de tienda departamental, con ofertas diferentes en cada estado. La misoginia está por ahora en barata.

    Esta lógica funciona exactamente igual en la vida cotidiana. Mientras el problema no sea mío, lo puedo minimizar e ignorar. Pero sucede que el aborto es un problema de salud pública, y es la cuarta causa de muerte para las mujeres en el país, como al fin lo han reconocido las autoridades del sector.

    Y lo que en rigor es un problema personal e individual, nos compete a todos. El aborto inducido es el último paso de un proceso degradador que fomentamos en esta sociedad machista, hipócrita y esquizoide, que carga todo el peso de la doble moral y su irresponsabilidad sobre la conciencia y el cuerpo de las mujeres.

    Inicia en un sistema educativo cuyo concepto de la educación sexual es mostrar algunos detalles anatómicos o fisiológicos con las correspondientes ilustraciones. El resto es una “papa caliente” que se endosa a unos padres tan renuentes como ignorantes en el tema.

    Resultado: Las y los adolescentes pueden saber de memoria los nombres de 50 marcas de ropa o grupos musicales, pero ni uno solo de los métodos anticonceptivos más usuales, y las ETS y el VIH para ellos pudieran ser siglas de algún equipo deportivo. Los “valores” son esa cosa tan abstracta que les platicaron en una clase o conferencia aburridísima, y que a casi nadie han visto poner en práctica.

    Propiciadora del aborto es la reacción familiar de rechazo ante un embarazo no deseado (aquí no se habla de esas cosas, te me vas de esta casa, no te queremos así, nos has fallado, ¡fuera!). También la del (ir)responsable de esa paternidad (adiós, tú te lo buscaste, no es mío, hazle como puedas, ni pienses que lo voy a mantener, tú no te cuidaste, te dije que a mí no me gusta con condón).

    La postura de la sociedad, implacable fiscal, es abortiva (madre soltera igual a libertina, quién se va a querer casar contigo, no te juntes con ésa, es un mal ejemplo; “se renta, no niños”, “muchacha de entrada por salida, sin hijos”). ¿Y qué tal la del ámbito laboral? (traiga su prueba de no gravidez, la política de la empresa es empleadas sin hijos, no podemos abrir guarderías, sólo hay chamba de medio tiempo... con y medio sueldo).

    Y para ilustrar la postura de la Iglesia católica, van como ejemplo las palabras de San Agustín, que además de haber establecido quién sabe cómo que el alma se infunde en el embrión masculino 40 días antes que en el femenino, dijo: "No veo para qué tipo de ayuda para el hombre fue creada la mujer, si se excluye el propósito de procrear". Según la visión fundamentalista, a como dé lugar hay que penalizar el derecho a decidir de las mujeres y mantenerlas como reproductoras, que sólo para eso son buenas. Controlarlas entre el Código Penal y la interpretación masculina de la palabra de un Dios.

    Y volviendo a la violación: ¿Piensa que son contadísimos los casos en los que esto sucede y por ello no vale la pena hacer tanto escándalo? Cifras de la policía estatal publicadas en marzo de este año, establecen que en Monterrey hay un promedio de 3.4 violaciones diarias. A nivel nacional, una mujer es violada cada cinco minutos. El 12 por ciento de esas agresiones culminan en embarazos.

    En el 86 por ciento de los casos, los violadores resultan ser el padre, el padrastro, el esposo o algún otro familiar cercano de la víctima. Habría que preguntar cuántos de éstos están pagando su delito.

    Entre todos hemos puesto las condiciones para que la maternidad llegue a ser un crimen y un castigo para millones de mujeres que viven y sufren la violencia y la ignorancia.

    Tenemos nuestra parte de responsabilidad en el hecho de que cada mujer que decide abortar lo haga, porque esta opción aparece para ella como la menos grave ante lo que tendrá que enfrentar en el futuro. Mayor violencia no puede haber. Por ello, qué gusto que el tema se traiga al debate nacional. Que haya tanta gente defendiendo los derechos de las mujeres, a pesar de los berrinches de los fundamentalistas, la indiferencia de las buenas conciencias y el desdén de los políticos.

    > Informe Semanal