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semana del 15 al 21 de agosto del 2000 | ||
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Por Marta Guerrero González. ¿Seguro que es seguro? Andrés Manuel López Obrador, jefe de gobierno electo de la ciudad de México, necesita organizar a la policía, y para eso lo primero es vencer la corrupción. Uno de los mecanismos que propone el jefe electo es confirmar la autoridad en la división de la policía; ahora los jefes delegacionales serían los encargados y responsables de la seguridad pública y en última o primera instancia, sería Andrés Manuel quien respondiera a la sociedad sobre su gobierno. Veamos, es bueno dividir en sectores a los encargados de resguardarnos: Primero por lo que ello significa de control. Los delegados estarían atentos a sus delegaciones políticas y guardarían a la ciudadanía del crimen. Segundo, los policías se separarían de sus compinches y nichos de poder. Tercero, la rendición de cuentas sería a persona diferente de la que ejerce la autoridad inmediata sobre ellos. Además, si Andrés Manuel quisiera llegar un poco más lejos utilizaría la rotación interna como una manera de evitar las componendas y asociaciones corruptivas dentro de la policía. Es demasiado pedir que se renueve todo y partamos de cero. De correrlos a todos, lo que lograríamos sería un mayor número de delincuentes en las calles y más mexicanos resentidos con el gobierno. Si hiciéramos oficial el requisito de una carrera policial de tres años, como lo es en otras partes del mundo, pues de inmediato tendríamos que ejercer mayores recursos aplicables al salario de los policías, pues nadie tiene posibilidades de estudiar tres años y luego empezar a cobrar, no la clase baja que es la que se alista a la policía, sería tanto como becarlos a sueldo en vías del trabajo que algún día tendrán que realizar. Por otra parte ya vimos que su entrenamiento de seis semanas es deficiente y peligroso. Pues por desgracia cuando no se matan entre ellos, como fue el caso de la semana pasada, se les escapan los rateros o se ponen de lado de los secuestradores. En fin, dejemos lo que ya todos sabemos y propongamos lo que puede ser un buen descubrimiento. Los delegados son los jefes de la policía que atienden su delegación. Es el plan de Andrés Manuel, pero además, como ya dijimos, sería bueno que se rolen siempre, para evitar los amiguismos etcétera. Luego una campaña efectiva donde el empleado sepa que será protegido y recompensado si delata a alguien de dentro en caso de extorsión o conocimiento de un ilícito. Es decir, no sólo delatores hacia fuera, también a sus mismos compañeros, pero como esas cosas son muy difíciles de probar, que baste el crédito a la palabra para que la persona señalada sea puesta bajo investigación, igual que sucede con un ciudadano cuando otro lo acusa y un juez abre una averiguación, que incluso le llaman previa, que indica que no se es culpable hasta que se comprueben los hechos. Yo les aseguro que es totalmente entendible que el pueblo sospeche y la posibilidad de estar bajo sospecha puede ser suficiente presión como para que se ande derechito y sin tropiezos. Si nosotros alentamos desde fuera los señalamientos incriminatorios y propiciamos la valentía, muchos de los recursos que se nos pierden en el cielo virtual del ataque a la corrupción, podrían destinarse a mejorar los salarios de los chicos y chicas de azul, los policías. Si los ciudadanos conocemos bien a nuestros jefes de policía, mandos medios y mandos superiores, será un buen escaparate para evitar la corrupción. Pensemos que no todo puede estar podrido. Es bueno pensar que todavía se pueden hacer cosas que valgan la pena, en materia de seguridad pública.
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