comunicación e información de la mujer
semana del 26 de septiembre al 2 de octubre del 2000

  • Son víctimas de la prostitución y explotadas en el empleo doméstico

  • Para evadir la pobreza, mujeres indígenas emigran a las grandes ciudades de México

    México DF, SEP 26, 2000 (Silvia Magally/CIMAC).- Para huir de la pobreza y la marginación, miles de mujeres del país hablantes de lenguas indígenas emigran a las grandes ciudades, como el Distrito Federal, donde se emplean en el servicio doméstico o, bien, se insertan en el comercio informal, pero en el peor de los casos son víctimas de la prostitución.

    En entrevista con Cristina Oehmichen del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, (UNAM), señala que las mujeres abandonan el campo empobrecido y vienen a las grandes ciudades en busca de su sustento y de sus hijos.

    Desde hace una década, explica, la migración del campo a las grandes ciudades como Monterrey, Puebla, Guadalajara y el Distrito Federal, ha sido de la población femenina. Se trata de mujeres jóvenes de 15 a 19 años, que día con día se insertan principalmente en el servicio doméstico.

    En el caso de la ciudad de México, las mujeres jóvenes se concentran en delegaciones que tienen colonias residenciales como la Benito Juárez, Coyoacán, Alvaro Obregón, demarcaciones donde es alta la población de mujeres hablantes de lengua indígena.

    Debido a las condiciones de pobreza que prevalecen en sus lugares de origen, muchas de ellas vienen de los estados del centro del país para dedicarse a lavar, planchar, lavar, vender fruta o quesadillas en la vía pública, que se convierten en actividades económicas muy importantes para el sostenimiento familiar.

    Quienes eligen el comercio, se ubican en el DF, en el Centro Histórico, en las terminales camioneras, en instalaciones del Sistema Colectivo de Transporte Metro, vendiendo frutas, semillas o chicles, pero lo que las distingue del resto de los ambulantes --observa Oehmichen--, es su baja inversión de capital y, por supuesto, no tienen capacidad económica para competir con los fayuqueros.

    Estas mujeres prácticamente viven en la vía pública expuestas a toda clase de riesgos y cuando bien les va sus ingresos llegan a ser de 40 pesos al día, lo que significa una severa condición de pobreza.

    Además trabajan sin ninguna clase de garantía y expuestas a la extorsión, práctica que se agudizó durante la gestión del otrora regente de la ciudad, Oscar Espinosa Villarreal, actualmente prófugo de la justicia.

    Hoy el gobierno capitalino está tratando de eliminar este tipo de prácticas que por viciadas, son difíciles de erradicar, afectando en primer término a las mujeres migrantes.

    Cuando las mujeres trabajan en el servicio doméstico, son muy bien aceptadas a edades de entre 15 y 19 años, pero son desechadas cuando se convierten en madres y difícilmente conseguirán un trabajo fijo quedándose sin techo ni comida y exponiendo a sus hijos a crecer en la calle, espacio que debido a la delincuencia se torna muy agresivo.

    Otro grupo más de las migrantes son víctimas de las redes de la prostitución, por lo que llegan a las grandes ciudades a engrosar las filas de las sexoservidoras, ubicándose en zonas como La Merced aquí en el Distrito Federal en taquerías y loncherías “disfrazadas”. Así, bajo engaños, se dedican al comercio sexual y viven en situación de cautiverio.

    La investigadora informó que para evitar que las jóvenes que abandonan el campo y llegan a la Central Camionera Tapo caigan en manos de la delincuencia, la delegación Venustiano Carranza junto con el Centro Integral de Atención a la Mujer (CIAM) en esa jurisdicción, puso en marcha un programa de atención a esta población femenina migrante.

    A través de un módulo ubicado en la central, que operará en forma coordinada con el Grupo Atabal --que congrega a empleadas del hogar--, se orientará a las migrantes a fin de ayudarlas a encontrar un trabajo dentro del servicio doméstico.

    El módulo funcionará dentro de la central, ya que se ha verificado que las jóvenes cuando bajan del camión son abordadas por desconocidos que bajo engaños logran llevárselas para luego comerciar sexualmente con ellas.

    Así, la migración femenina representa un arma de dos filos, pues si bien en muchos casos las mujeres lograr obtener ingresos que les permita subsistir junto con sus familias, en otros casos caen en la prostitución donde su condición de vida es peor de la que estaban huyendo al salir de sus comunidades.

    Otro factor de la emigración femenina está asociado con el consumo del alcohol. Las parejas de las mujeres no están ausentes, pero sí desaparece su función de proveedor. El alcoholismo se presenta como una fuente que merma los recursos económicos para el sostenimiento familiar, además de que conlleva toda una secuela de violencia intrafamiliar que obliga a las mujeres a emigrar.

    Podemos concluir --dice Oehmichen-- que al menos entre los mazahuas, la migración femenina se distingue de la masculina por el hecho de que la salida de las mujeres de las comunidades está particularmente determinada por la carencia de vínculos con el varón. La viudez, la soltería, el abandono, entran en esta categoría. “Deducimos que las causas que precipitan la emigración femenina obedecen a razones profundas que se integran a las categorías de género”.

    Agregó que con el fin de contar con un instrumento de análisis de la migración femenina el próximo jueves se dará a conocer la edición “Migración y relaciones de género en México” editado por Cristina Oehmichen y Dalia Barrera Bassols, que tiene como propósito fundamental llamar la atención sobre este fenómeno que durante mucho tiempo ha pasado inadvertido tanto en el medio académico como en las políticas públicas y hacer visibles a las mujeres como actores sociales quienes con su esfuerzo cotidiano están construyendo este país haciendo frente a la crisis severa que se vive, concluyó la investigadora.

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