comunicación e información de la mujer
semana del 26 de septiembre al 2 de octubre del 2000

  • NUEVA IDENTIDAD

  • ¿Fobia a las mujeres?

    Erika Cervantes. A las y los compañeras y compañeros de la Red Nacional de Periodistas a un lustro de aprender a mirar de forma diferente.

    Las mujeres son esos animales hermosos de los que habla con tanto celo ese filósofo griego llamado Aristóteles, esas criaturas que sólo decoraban el paisaje sin más gracia que la de hablar y hablar sin descanso.

    Sin duda una visión limitada de la otra parte de la humanidad que sostiene al cielo, como cuenta una leyenda huichola de la creación del mundo, condenadas por las ideologías a sólo ser madres de la humanidad, castigadas por exceso de curiosidad por los dogmas religiosos, las mujeres han sido sujetas de las formas más sofisticadas o sutiles de dominio, tanto como un “ no corazón tú no sabes o no entiendes”, hasta llegar a un “cállate la boca porque aquí mando yo”.

    El miedo o fobia a las mujeres, ese repudio gratuito que se ganan los seres humanos por la cuestión natural de la diferencia sexual que separa a las hembras de los machos y más tarde por la sociedad en géneros femenino y masculino, es conocido con el nombre de misoginia.

    Pero ¿qué clase de mujeres despierta este sentimiento negativo de callar a la interlocutora, la transgresión, o para decirlo en otros términos, el brincar la cerca para mirarla al otro lado? Cuenta la historia que la primera mujer que se rebela contra lo establecido es Eva, la que da vida, y a causa de su desobediencia la humanidad pierde el paraíso. Como castigo la humanidad se ganará el alimento con el sudor de su frente y para rematar a Eva y todas las que desciendan de ella, es decir todas las mujeres, parirán con dolor.

    La condena divina continúa vigente, porque si bien los años han arrastrado por el camino los castigos ejemplares para las transgresoras, como el de ser quemadas vivas por brujas, (nuestras primeras químicas y sabias) o lapidadas por adúlteras (las primeras que se sintieron dueñas de su cuerpo), el castigo social a la transgresora o grupo de transgresoras es la exclusión social.

    Hoy en los umbrales del siglo XXI, que se empieza a llamar el siglo de las mujeres, no superamos el miedo a la mujer que sabe latín, como retrataría nuestra gran literata Rosario Castellanos, todavía se le señala y se le hace un juicio público. Es linchada simbólicamente y restablecido de esta forma el orden imperante, el de la razón (de los varones, por supuesto).

    Y no es que las mujeres no piensen o razonen, claro que lo hacen, pero todavía y a pesar de la lucha y los cambios de roles y relaciones sociales el temor no desaparece, persiste, y mientras en las aulas y hogares a las niñas y niños no se les enseñe a tratarse como iguales, éste no desaparecerá.

    Las educadoras son las mujeres. Todas y todos hemos sido educados por una mujer. Hoy compartir la tarea con los varones hace necesaria la reeducación, porque no mirar al otro lado de la cerca y aprender de nuevo que somos en conjunto la humanidad entera, porque no imaginar un nuevo horizonte rescatando lo que nos ha hecho crecer y desechar lo que ha limitado o marginado a unas y otros, porqué no inventar de nuevo nuestro mundo, sin miedo a que el otro me atrape y me devore sin razón.

    > Reportaje Semanal