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comunicación e información de la mujer semana del 3 al 9 de octubre del 2000 |
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Sara Lovera. De cara al nuevo milenio, México ingresó al club de los cambios hacia un nuevo tipo de populismo gubernamental. Vicente Fox --ahora de gira por Europa-- podría considerarse el tipo de gobernante de la nueva globalidad capitalista. Adecuado a los intereses y necesidades de la explotación de nuevo cuño. Empresario pragmático, que realizó una campaña de cara al pueblo, ofreciendo el cambio. Sostenido por el gran capital y llevado al triunfo por el partido conservador, se ha significado por una imagen que denota el ofrecimiento simbólico del “padre salvador”. Todavía no toma posesión y ya ha escenificado algunos debates. Lo cierto es que el viejo sistema se abrió, mostrando descarnadamente todo lo que se sabía, pero se contenía. No sólo por el carácter de binomios indiscutibles, como política y corrupción; narcotráfico y política; gobernabilidad y control; sistema de poderes compartidos e ilegalidad; crimen e impunidad, sino por el continuado discurso de doble moral y demagogia populista, que se fue desgastando a lo largo de siete décadas. Fox inaugura un nuevo populismo, que sin duda atenta contra el viejo sistema y abre cauces. Los resabios de la Revolución Mexicana fueron incapaces de garantizar, como reza la Constitución de la República, los derechos individuales y, por tanto, subsumió los derechos colectivos y sociales que había inaugurado a principios de siglo con bombos y platillos. En este escenario, los derechos de las mujeres, amasados y construidos a lo largo del siglo, arrancados como garantías individuales, inscritos en leyes sin cumplimiento, pasaron a formar parte de un nuevo referente simbólico. El feminismo de los años setenta, que pronto cumplirá 30 años de acción y reflexión, hizo una parte fundamental del trabajo político y cultural. Las mexicanas, al menos una gran parte, gracias al activismo de las feministas, conocen sus derechos, ingresaron en los años setenta a los beneficios de las políticas de control natal y escudriñaron, lentamente, el significado de las libertades civiles y sexuales. La tenacidad de sus promotoras, hizo posible que sucediera en México un cambio de actitudes real y medible. Buena parte de la población se expresa sin prejuicios sobre el uso del condón, el derecho al aborto, las relaciones de parejas homosexuales, la libertad de expresión y nuevas formas de enfrentar las relaciones de pareja, la maternidad y la paternidad. El proceso, aparentemente lento, continúa. El feminismo ha echado raíces y se ha apoyado en el movimiento internacional, con la creación de propuestas, programas, agendas. Incluso consiguió posicionar un decálogo de pensamiento que ya influye en lo que se denomina cultura nacional. Ni hablar. Este cuerpo de pensamiento, el feminismo, ha dejado de ser un coto de poder y de conocimiento de unas cuantas. En los setenta se decía que sólo había feministas entre las clases medias, relativamente ilustradas y de ideología avanzada. Coto también del gran arcoiris de la tradición de izquierda mexicana. Un enemigo permanente, que rondó el nuevo pensamiento, sus acciones y sus propuestas, fue el mujerismo. Feminismo y mujer se volvieron un solo concepto. Empujar las demandas contra la discriminación femenina, empujar la conciencia de que las mujeres tenían derechos específicos desde el año 14 del siglo XX, hasta los albores del siglo XXI, fue anidándose en la conciencia de millones de personas. Sin embargo, al feminismo, sin ambages se le mantuvo a raya. Las feministas, no obstante, no cejaron en su empeño. Pasaron de la arena pública y la difusión popular de sus ideas, a grupos, seminarios, talleres, a la academia y la discusión intelectual. En la década de los ochenta pasaron a los sectores populares para generar organización y, en los noventa, se posicionaron en la política política. Gobiernos y organismos internacionales se adhirieron a sus agendas. Esta, la etapa de la institucionalidad del feminismo ha dado ya muchos frutos. Contrariamente a lo que supusieron las italianas, no estamos viviendo el postfeminismo, por el contrario, se desarrolla a plenitud y tiene futuro. A este bagaje de conocimientos, actitudes, nuevas certezas, se enfrentará Vicente Fox. A estas feministas defensoras de la libertad del cuerpo, de los derechos sociales y económicos, pero fundados en el cuerpo y, por tanto, en el derecho al aborto y a una sexualidad plena. Este es el nudo principal, complejo, donde se concentra la gran disputa, entre las libertades políticas y las libertades individuales. Las dos muestras básicas de un cambio que la maestra Marcela Lagarde define como cambio cultural, ya se hicieron presentes en apenas 90 días, desde que Fox ganó las elecciones. Un nuevo escenario esta presente. Las mujeres y muchos hombres, se han colocado de cara a Fox y sus apoyos, sin temores. No pasó la reforma en Guanajuato; tampoco pasó la crítica a la hecha en el Distrito Federal; ni se podrá dar marcha atrás a la agenda feminista del siglo XXI, mucho más profunda e importante, que la sola idea de incluir a las mujeres en la política política. Una muestra para su estudio es cómo, por pragmatismo o no, por primera vez las mujeres de los partidos políticos, insensibles a la agenda de los derechos sexuales, a la democracia genérica, han dicho esta boca es mía. Si las mujeres de los partidos políticos están pensando que se trata de una agenda válida para sobrevivir en la lucha por el poder tradicional y partidario, tienen razón, donde no la tienen y eso tendrán que pensarlo, es que podrán manipular esa construcción que las feministas ya pusieron, a pesar de muchas de ellas, en muchas de sus conciencias. Bienvenidas a la lucha, señoras de los partidos políticos, que con sus viejos instrumentos de control y manejo de asamblea, ahora se comprometieron con la agenda feminista. * Coordinadora Ejecutiva de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), y coordinadora del dossier político de la revista Equis, cultura y sociedad.
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