![]() |
comunicación e información de la mujer semana del 3 al 9 de octubre del 2000 |
||
|
|
|||
|
Lydia Cacho. “Pobrecito, míralo nada más, seguro que su mujer es una desobligada”, dicen tres mujeres observando al extrañísimo espécimen bípedo que incómodamente se sienta en uno de los pupitres de la escuela. El se siente fuera de lugar, ellas lo excluyen y lo compadecen. Una cuarta mujer se aproxima y dice, “pus así debería de ser, qué daría porque mi marido asistiera a estas juntas”. Las otras la miran; en el aire se respira ese sentimiento de confabulación, algo parecido al que surge en los grupos políticos cuando alguien ha dado pistas de la estrategia para una discusión que se adivina sabrosísima. De pronto, ante la tardanza del director, las mujeres hacen casita y comienzan una por una primero, y luego todas a la vez, a despotricar sobre la incapacidad de sus maridos para participar en las labores que van más allá del hogar. Se puede leer un letrero en la puerta del salón que dice “Junta de padres de familia” la más perspicaz, la que primero se compadeció del llanero solitario que ante el seguro abandono de su arpía esposa se sacrificaba para enterarse de qué es lo que sucede en la escuela de sus criaturas, ha cambiado de opinión. “Es cierto, ellos no participan”, asegura, y la perorata antimaridos irresponsables es interrumpida por el Señor director, quien seriamente saluda agradeciendo su asistencia a la junta de Padres de familia. “Será de madres de familia” dice bajito la liberal del grupo, otra la calla temerosa de que el director las descubra rebelándose ante el lenguaje excluyente, tal como si fuesen niñas de primaria. Tarde pero seguros, arriban tres parejas, ante el asombro del respetable, existen tres mujeres, madres de familia que llevan del brazo a sus respectivos especímenes poco vistos en estas latitudes, se llaman maridos participativos, el hombre solitario los mira con añoranza, como agradecido de no estar bendito entre las mujeres, las otras regalan una ojeada a las esposas con una mezcla de sentimientos encontrados, entre la admiración y la envidia, el desconsuelo y la duda. Mientras el director habla, explica los problemas y los aciertos de las criaturas, una de las mujeres, la que me cuenta la anécdota, se confiesa incapaz de entender cómo hacer para que su marido sea como los otros; esos garbanzos de a libra que participan felices en la educación de sus hijos e hijas. “Algo está cambiando, dice Gabriela, y mi marido no participa de ese cambio”. Hay muchas mujeres que si saben, aquellas que se sienten de verdad parejas, que han platicado sabrosamente con su marido cómo y cuando quieren tener hijos, las que trabajan y comparten labores con su pareja, las que saben que trabajar es indispensable no sólo para ganar dinero, sino para crecer y desarrollarse, para estar en contacto con el mundo exterior, para darles un ejemplo a sus hijas e hijos, para hacer lo que les da la gana; y cuando hablo de trabajar me refiero también a la labor de educar, de estar en el hogar y de valorar su labor de amas de casa como un trabajo digno (allí aunque me odien, excluyo a las mujeres que tienen dos o tres trabajadoras domésticas, que administran su tiempo entre la diversión, el ocio y la amargura de no saber qué hacer). Concluyo junto con mi amiga, que una cosa es pensar que la sociedad está cambiando y la otra estar dispuesta a trabajar por el cambio y entender el proceso que implica asumir la responsabilidad y abrirse al diálogo. Hay casos perdidos, por supuesto, los hay machos irreversibles y hembras poderosas. Ella sale de mi casa en la tarde lluviosa de domingo rumiando una disertación sobre el poder que tienen las mujeres para controlar el amor de sus hijos e hijas como coto de poder, ante un marido que es feliz trabajando todo el día, que se divierte y goza la vida, que no carga culpas de ninguna índole. Y la pregunta que se lleva es ¿será que quiero dejarlo entrar en mi espacio y yo crecer en mi verdadera independencia?. Si por fin cayó la PRItocracia cualquier cosa es posible. Que cada quien se conteste, a mi sólo me toca contar la historia.
|
|||
|
|
|||
| > Reportaje Semanal | |||