comunicación e información de la mujer
semana del 10 al 16 de octubre del 2000

  • EN LA MIRA

  • No al retroceso en el Gobierno del Distrito Federal

    Sara Lovera. Una preocupación silenciosa recorre los pasillos de las oficinas del Gobierno del Distrito Federal, (GDF) donde se anclaron 18 importantes programas para promover y apuntalar las demandas femeninas y que podrían desaparecer con el nuevo gobierno, por la ignorancia de Andrés López Obrador, gobernador electo de la ciudad de México.

    Esos programas fueron diseñados longitudinalmente para incluir en la política social, económica y de desarrollo del gobierno capitalino, la promoción femenina, con una visión democrática, en atención a la mitad de la población.

    No es que fuera capricho de aquella Rosario Robles, secretaria del gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas, hoy jefa de GDF, quien no sólo mantuvo, sino amplió los programas diseñados en 1997. Tampoco es cosa de feministas incrustadas en la administración, sino la respuesta del exjefe de gobierno, a compromisos contraídos durante su campaña y puntualmente cumplidos.

    Cárdenas, a lo largo de su campaña de 1997, hizo compromisos puntuales con las mujeres del Partido de la Revolución Democrática (PRD), con los grupos civiles que conforman la Red por la Salud de las Mujeres del Distrito Federal y con la base femenina de votantes que en esos tiempos hicieron ver al futuro gobernante que había que crear políticas para acabar con la impunidad en cuanto a la violencia hacia las mujeres, reducir la incidencia de cáncer cérvico-uterino y la necesidad de equiparar las leyes de excepción en cuanto el aborto.

    La preocupación se anida y crece. Esta fundada en varios hechos, que apuntan a un viraje de políticas que puede ser lamentable y que es urgente señalar antes de que pase más tiempo.

    Uno, el principal, es la evidente incapacidad del jefe de gobierno electo, Andrés Manuel López Obrador, para comprender que gobernará a la ciudad más importante del país, cuyos habitantes, hombres y mujeres, son dignos ciudadanos del siglo XXI, liberales, modernos, convencidos de la importancia del laicismo y conocedores profundos de la problemática femenina.

    El jefe de gobierno electo, habla de la familia, como una única estructura, claramente inexistente en la historia de México. Nunca en nuestro país hubo familia nuclear. Las madres solteras forman parte de la construcción de la identidad nacional. Las indias fueron violadas por los españoles. Ahí empezó el llamado problema de “mujeres abandonadas”. Ellas, nosotras, somos realmente existentes y nada tiene que ver con una problemática moderna, sino de la continuidad histórica, por eso se necesitan políticas que los reaccionarios nunca pusieron en práctica. Eso lo entendió perfectamente el ingeniero Cárdenas.

    Otro hecho indiscutible que preocupa, es que López Obrador, tiene dos asesoras en quienes confía demasiado. Una, Raquel Sosa, de quien se sabe será una especie de supersecretaria, algo así como el gabinete paralelo que planea Vicente Fox y Raquel, ex responsable de la capacitación en el PRD, es antifeminista, es y tiene cuerpo de mujer, pero piensa como los hombres más conservadores de la tierra. Ella piensa todavía en los umbrales del siglo XXI que la lucha de las mujeres no se justifica frente al pueblo hambriento. No logra diferenciar el cómo la pobreza incide de manera distinta entre los hombres y las mujeres. Considera que la lucha de las mujeres divide a la lucha general del pueblo.

    La otra asesora del jefe de gobierno electo es Cristina Laurel, una mujer extraordinaria, conocedora de cuestiones fundamentales del movimiento obrero, quien al igual que Raquel no es capaz de mirar las diferencias entre hombres y mujeres. A Cristina se le puede considerar como la “gurú” de Andrés Manuel en las cuestiones de salud comunitaria. No sabe distinguir entre el paquete básico de salud y la planificación familiar.

    Estas dos mujeres, es casi seguro, están diciendo al próximo gobernante que desaparezca la dirección de equidad, género y desarrollo de la política general; proponen el reforzamiento de políticas pasadas de moda, asistenciales y, por tanto, de “limosnas a los pobres”. Eso origina la idea de fortalecer al DIF como un dispensario y no como un ente de desarrollo.

    Se habla entre las asesoras de López Obrador de no duplicar esfuerzos, en tiempos en que hasta las y los panistas ya lo entendieron. Ellas desconocen que actualmente de lo que se trata es de que la política de género se haga en forma transversal, lo que significa que los asuntos, políticas, recursos, destinados a promover la equidad y la justicia de las mujeres, deben aplicarse en todos los campos. Y también es importante generar la experiencia, el análisis y los programas a través del Instituto de la Mujer, mismo que debe ser reforzado, pero no es el único sitio donde concentrando estudios se pretenda que eso es la política pública.

    Sería grave que no se haga la especificidad en salud sexual y reproductiva; que no haya recursos y programas destinados a promover acciones productivas, específicas para mujeres; sería terrible que no se destine política, atención y programa a los dispositivos, que por ley, deben existir en toda la ciudad para prevenir la violencia hacia las mujeres y en suma sería un verdadero retroceso que el nuevo gobierno del Distrito Federal piense como antaño en que la problemática femenina es todo el conjunto, de toda la problemática social y cultural. Sería terrible que en el diseño de un nuevo gobierno esté ausente, como parece, la política de género.

    En contraparte, sería lamentable que tuviéramos miedo de decirlo y de denunciarlo desde quienes, convencidas de que era fundamental la continuidad de un gobierno democrático, no corrupto y avanzado y por ello votamos por el PRD, al que, también, debemos pedirle rendición de cuentas. Una alerta para que este gobierno elegido por los y las capitalinas no se equivoque, es al menos éticamente necesario.

    Urge pues poner ojo avizor en todo lo que Andrés Manuel anda planeando, calladito y sin consultar con sus electores y electoras. Además su equipo debe saber que los estatutos del PRD consideran, también, tomarle cuenta a sus gobernantes.

    Sara Lovera es secretaria ejecutiva de CIMAC y editora del dossier político de la Revista Equis: Cultura y Sociedad

    > Reportaje Semanal