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comunicación e información de la mujer semana del 10 al 16 de octubre del 2000 |
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Inés Castro Apreza. El mayor aprendizaje en los últimos años es el derecho a participar de las mujeres indígenas y campesinas. El dato más polémico del mismo, a su vez, es el que ya en otros países se ha planteado también, esto es, ejercer tal derecho en organizaciones armadas: ejércitos nacionales, corporaciones policiacas o guerrillas. ¿Libera o no a las mujeres involucrarse en este tipo de procesos? ¿Por qué y en cuáles sentidos? Nótese que las preguntas no aluden al hecho de si las mujeres “pueden” o “deben” integrarse a las guerrillas, sino al impacto de dicha práctica en su propio ser individual y colectivo. Esta discusión ético-política no es fácil, como ya puede verse; ofrezco aquí algunas pistas posibles de análisis. 1.- La experiencia de mujeres participantes en las guerrillas centroamericanas nos ofrece datos sobre el trauma psicológico y el daño físico indeleble que ellas experimentan durante el proceso revolucionario o de desarrollo de la guerra. Asimismo, también lo viven una vez que las organizaciones político-militares se incorporan a los procesos formales de sus países respectivos, muchas veces tras largos años de negarse a formar parte de la vida político-electoral. Esto nos inidca que no es benéfico para la mujer este tipo de participación, como tampoco lo es para el hombre en sentido estricto. 2.- Las guerras muestran, además, que sus víctimas centrales son mujeres, niñas y niños, es decir, quienes menos las promueven. A la indefensión de los segundos, se suma el hecho de que las mujeres corren siempre el reisgo de ser agredidas sexualmente, una condición que se repite en todas las sociedades y que se agrava en situaciones de guerra. La violación, en efecto, constituye un arma en sí misma para conseguir el sometimiento del adversario; y su ejercicio, el sentido más degradante y más fuerte de la venganza. No de otra maner se explica que los asesinatos de las mujeres sean precedidos por violaciones sexuales. 3.- En el feminismo, la participación de las mujeres en organizaciones armadas podemos encontrar por lo menos dos posturas antípodas. Una que señala que la búsqueda de iguales derechos incluye el que la mujer pueda enrolarse en los ejércitos nacionales y, eventualmente, en las guerrillas. En el debate teórico de ciudadanía y género está presente, por ejemplo, la idea de que si el cuerpo de los hombres y su derecho a “defender” la patria de las intervenciones extranjeras fue determinante en la constitución de su ciudadanía, también lo es o debe serlo en el caso de las mujeres. La otra prostura es una crítica acérrima al involucramiento femenino en las organizaciones armadas, cualesquiera que éstas sean. Se incluye aquí, por tanto, a los ejércitos populares o guerrillas, generalmente asociados por la izquierda con procesos de liberación, más allá de los costos humanos, políticos, económicos y cualturales. 4.- En el caso particualr de Chiapas, hay un elemento adicional a considerar en la participación de la mujer en procesos armados, éste, al menos en principio, en sentido positivo. Indígenas y campesinas, sobre todo las primeras, han vivido unas relaciones y estructuras sociales donde la línea patrilineal es la dominante. Para ellas, el espacio público, ya en sí mismo diferente al que conocemos en términos occidentales, está siempre negado y conseguirlo/construirlo puede tener un alto costo social. La oportunidad que tienen estas mujeres al involucrarse en los ejércitos populares se refiere, entonces, al hecho de que al interior de sus comunidades y muncipios no es posible pariticpar ahí donde lo hace el hombre. Las jerarquías de la edad y el sexo la excluyen; el ejercicio del poder tradicional y municipal también. Las asambleas comunitarias no contemplan su participación, la mayoría de las veces en la medida en que hacerlo supone ser ejidatario o comunero y, por tanto, hombre. El derecho a la tierra para la mujer, en efecto, no existe como tal, aunque hay algunas excepciones a la regla que sólo la confirman. Incorporarse a las guerrillas o ejércitos populares representa, así, el rompimiento de las jerarquías, aunque, ciertamente, también en ellos las encuentran pero pueden ser partícipes de las mismas. Es decir: las mujeres mandan también y conducen a grupos de hombres y mujeres, una situación inimaginable en la comunidad.
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