comunicación e información de la mujer
semana del 17 al 23 de octubre del 2000

  • Concentradas principalmente en el DF y Edomex

  • Creciente incorporación de las mujeres en actividades terciarias

    México DF, OCT 2000 (Silvia Magally/CIMAC).- Las actividades terciarias --comercio y servicios-- cubren el 57 por ciento del empleo total y es justamente en estos sectores donde se concentra una absoluta mayoría de las mujeres ocupadas, lo cual refleja no sólo la división del trabajo por género que caracteriza a la economía mexicana, sino la segregación laboral por sexo.

    De acuerdo con los investigadores Teresa Rendón de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y Carlos Salas del Colegio de México, (Colmex), aproximadamente el 30 por ciento del empleo en estos dos sectores se concentra en el Distrito Federal y en el Estado de México.

    Uno de los cambios más importantes ocurridos en los años 70 y 80 fue la creciente incorporación de las mujeres a la producción y distribución de mercancías. Debido a que la población ocupada femenina se ha agrupado históricamente en el comercio y los servicios, y la notable expansión del empleo asalariado en estas actividades conlleva a la apertura de nuevos puestos de trabajo para mujeres.

    Este fenómeno, aunado a la pérdida de dinamismo en la generación de empleos de los sectores de la economía con mayor predominio de fuerza de trabajo masculina (agropecuario e industrial), ha sido una de las principales causas de la feminización de la fuerza del trabajo, sumado al deterioro del poder adquisitivo de los ingresos familiares y la creciente inestabilidad de los empleos que han ocurrido a partir de los años 80, ha forzado a las mujeres a realizar trabajo extradoméstico, ya sea como trabajadoras asalariadas o por cuenta propia.

    En el caso femenino, además de las restricciones propias del mercado, se añade la desventaja que surge de la división tradicional del trabajo, que hace a las mujeres las principales responsables del funcionamiento de hogar y del cuidado de los hijos, situación que inhibe su participación en el empleo asalariado, ya que en esta categoría laboral, la mayor parte de los puestos son de tiempo completo.

    El dinamismo del empleo en las actividades terciarias tiene dos orígenes, por una parte, las nuevas inversiones, sobre todo las de capital nacional tienden a concentrarse en el comercio y los servicios mucho más que en el pasado, debido a que la producción doméstica agropecuaria e industrial se enfrenta a la competencia de los productos del exterior.

    Por otro lado, las estrategias de sobrevivencia que realizan numerosos sectores de la población mexicana para contrarrestar la caída de los salarios reales y la insuficiente creación de empleos asalariados, han dado lugar a un crecimiento inusitado de actividades de pequeña escala y del trabajo no asalariado, sobre todo en el comercio y en determinados servicios como la preparación de alimentos, las actividades de reparación y el transporte.

    Los cambios de las últimas décadas se vieron acompañados de una mayor presencia de las mujeres en la fuerza del trabajo, misma que se refleja en el índice de feminización que pasó de 53 a 58 mujeres por cada 100 hombres entre 1991 y 1997.

    Pero la realidad es que las mujeres se incorporan a la fuerza de trabajo en situación de desventaja respecto de los varones, y su inserción también varía por rama de actividad. Los mayores aumentos del índice de feminización observados en los últimos años correspondieron al comercio y a los servicios de alojamiento y preparación de alimentos (hoteles, restaurantes y similares).

    A su vez, entre 1994 y 1999, la proporción de maquiladoras ubicadas en estados fronterizos, bajó del 83.5 al 71 por ciento, mientras que el porcentaje de la fuerza de trabajo en establecimientos no fronterizos, pasó del 16 al 22 por ciento entre 1996 y 1999.

    El mayor aumento del empleo se observó en Jalisco, Estado de México, el Distrito Federal, Puebla y Yucatán y la presencia de mujeres en los nuevos puestos de trabajo fue notable, sobre todo en estados como Aguascalientes y Jalisco.

    En tanto en los estados de la frontera se advierte una creciente participación de los hombres en las actividades de la industria maquiladora. El cambio en el tipo de productos elaborados ha significado una transformación de la maquila, de una actividad que típicamente ocupaban mujeres, hacia una donde la cantidad de obreros tiende a crecer en forma importante. Entre 1980 y 1999, la proporción de hombres en el total de personal ocupado en la maquila pasó del 23 al 44 por ciento.

    Teresa Rendón advierte que la presencia de hombres no aumentó más, debido a que las actividades de elaboración de prendas de vestir, las cuales aceleraron su crecimiento a partir de 1995, sigue siendo una actividad típicamente femenina.

    Y señala que los últimos años la constante pérdida en el poder adquisitivo de las mayorías y la brutal caída del salario han traído consigo un aumento en el número de personas dentro de cada hogar --incluidos los niños--, que buscan un ingreso.

    En cuanto a la desigualdad de ingresos, hay un eje adicional al género. La brecha que separa a los ingresos femeninos de los masculinos es mayor entre los trabajadores autónomos que entre los asalariados, lo que se debe a que las mujeres que trabajan a tiempo parcial (debido a sus obligaciones domésticas) se dedican a actividades por cuenta propia.

    La precarización del empleo se manifiesta en las actividades inestables, temporales o en unidades de muy pequeña escala, siendo una de las expresiones más visibles la venta ambulante y las actividades de servicios.

    Otro indicador del desequilibrio existente en el mercado de trabajo de México, es el incremento de las migraciones de mexicanos hacia Estados Unidos y el enorme contingente de personas entre los 12 y 59 años clasificados en la categoría de “ inactivos”, que se refiere a quienes no trabajan ni buscan trabajo, no estudian ni realizan trabajo doméstico en sus hogares, tampoco reciben pensión alguna ni están capacitados para laborar. En este grupo al que se les puede denominar “inactivos ociosos” que en 1999 sumaban 722 mil hombres y 386 mil mujeres.

    Así, la caída salarial desde los años ochenta ha afectado tanto a hombres y mujeres, acortando la brecha salarial entre ambos géneros, más no como consecuencia de una mejoría en los salarios de las mujeres, sino porque los hombres han visto caer sus percepciones.

    El aumento de la escolaridad y la disminución de la fecundidad aunado a los fenómenos económicos, más el factor necesidad, provoca la existencia de puestos de trabajo para mujeres. “Hoy existe el apremio de que las mujeres participen en el mercado laboral para que aporten ingresos a la unidad familiar”.

    Las víctimas del desempeño de la economía, la crisis y de la apertura no sólo han sido las mujeres, “hemos sido todos”, el impacto ha sido negativo para toda la población, expulsando también a millones de niños de sus escuelas, para ubicarlos en el mercado laboral, aseveró la académica.

    La visión actual del trabajo --prosiguió la investigadora-- está equivocada, ya que para estar en condiciones de competir, es necesario tener una fuerza de trabajo sana, motivada y con poder adquisitivo.

    Por ejemplo, en países como Alemania --una de las economías más sólidas del mundo y que tiene los salarios más altos--, donde no hay prestaciones, ni seguridad social, ni estabilidad en empleo, ha provocado un desánimo generalizado en la clase trabajadora que no concuerda con una política de productividad creciente.

    Si bien el panorama es desalentador, abre la oportunidad para revertir la discriminación hacia la población femenina y abandonar la idea de que las mujeres somos menos capaces, concluyó Teresa Rendón.

    Por su parte, la consultora independiente Itziar Lozano comentó que las mujeres están conformando todo un movimiento de resistencia para la defensa de sus derechos, “están luchando por sobrevivir”, insertándose en la vida laboral, en los espacios educativos, rompiendo lazos tradicionales de desprotección para construir nuevas identidades que les permitan ser seres autónomos.

    Cada vez están mas conscientes de sus derechos laborales, pero es necesario dijo, que el gobierno cuente con instrumentos que favorezcan a las mujeres como trabajadoras, a fin de que se defiendan sus ingresos, se les libere del hostigamiento sexual, se protejan su salud reproductiva, y se organicen los esfuerzos tremendos de la población femenina que les permita encontrar nuevas alternativas.

    > Reportaje Semanal