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comunicación e información de la mujer semana del 17 al 23 de octubre del 2000 |
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Alexandra Ayala Marín Fempress/CIMAC. Quizás en América Latina se repite lo que ocurre en Ecuador: la mayoría de quienes integran el magisterio, sobre todo en los niveles parvulario y primario, son mujeres. Aunque en la enseñanza secundaria y más en la universitaria y la técnica, los porcentajes se inviertan, no se puede negar que éste es, en términos cuantitativos, uno de los oficios más feminizados. Sin embargo, poco se ha conocido de las pioneras en Ecuador, de aquellas que abrieron puertas para las generaciones siguientes y tuvieron que abrirse sus propios caminos a punta de empecinamiento, vocación, profundos deseos de conocer para vencer obstáculos a veces inmensos, e insertarse de otra manera en el mundo. El saber posibilita la independencia, ya lo sabemos, y por ello, una de las primeras batallas que libraron las mujeres por sus derechos fue la de la educación, que tomó fuerza en Estados Unidos y Europa a mediados del siglo XIX, y más tarde en nuestros países. “El magisterio fue para las mujeres de inicios del siglo XX la oportunidad de legitimar, de una manera muy respetable, su salida al mundo público”. Tiene razón Raquel Rodas, coordinadora del Grupo de Maestras María Angélica --GEMA-- y directora del Taller Manuela --TaM--, en la presentación del libro titulado “Maestras que dejaron huellas” (Quito, junio 2000); tiene razón al afirmar que “La profesión de la docencia representaba una forma de ejercicio de la autonomía femenina”, a pesar de que la mayoría de ellas continuaba viendo “la maternidad como la misión sublime de la mujer”. Pero también, y esto es lo importante, “las maestras de antaño estuvieron vinculadas directamente a los procesos de liberación femenina y establecieron una red de relaciones con otras maestras y movimientos feministas de América... La amistad y la solidaridad entre mujeres fue un mecanismo de resistencia para enfrentar la exclusión que se hacía de ellas”. 34 APROXIMACIONES BIOGRAFICAS Doce mujeres participaron de la investigación que precedió el libro, y que contribuye a sacar del anonimato o del reducido círculo de entendidas a 34 de estas maestras que imprimieron su sello a la educación en Ecuador y, de paso, a la historia de las ecuatorianas. Son “aproximaciones biográficas” a mujeres de varias provincias del país que, no obstante coacciones y prejuicios, desarrollaron sus vidas en la enseñanza y contribuyeron también a desarrollar la enseñanza para las mujeres. De las biografiadas, tan sólo cuatro aún viven, bordeando los 70 años de edad. Aunque todas son importantes, ¿como no destacar a la pionera Rita Lecumberri Robles (1831-1910), que desde mediados del siglo XIX se dedicó a su vocación, con insistencia en la educación rural, y además a escribir y formar parte de los mayores literatos de la época? ¿Cómo no hacerlo con Zoila Ugarte de Landívar (1864-1869), la primera autoconfesa feminista, fundadora del periódico La Mujer (1905), y primera periodista de temas políticos? ¿Cómo no, con Matilde Hidalgo de Procel (1889-1974), a quien le debemos el derecho del sufragio femenino en Ecuador (1929), y que es la primera bachiller, la primera médica y la primera diputada del país? ¿Cómo pasar por alto a Luisa Gómez de la Torre (1887-1977), la primera socialista y comunista, la primera mujer docente en un colegio de varones, y fundadora, junto con la líder indígena Dolores Cacuango, de las escuelas para indígenas y campesinos? ¿Cómo, a otras como Rosaura Emelia Galarza Heyman (1884-1966), periodista y creadora de varias publicaciones feministas en las primeras décadas del XX, o a Aurora Estrada y Ayala de Ramírez (1901-1967), la gran poeta que lleva a las centrales sindicales su creación lírica, la única, hasta ahora, declarada “reina de la poesía” en el país, y que nos representa en la I Conferencia Mundial de Mujeres, en Río de Janeiro? “ES PRECISO ABRIRSE PASO” En términos puramente pedagógicos, se descubren también los aportes de las otras mujeres presentes en el libro y que son tan importantes como las primeras para la historia del magisterio ecuatoriano y, sobre todo, para la historia de las ecuatorianas, olvidadas por las generaciones actuales. De allí también la importancia del trabajo realizado por el equipo de GEMA, que promete una nueva investigación para descubrir a más maestras. Por lo pronto, quedémonos con “El deber ser de la mujer”, según Matilde Hidalgo, quien también, como muchas de las otras que aparecen en el libro, hizo de la poesía una forma fundamental de expresión: “No contentarse tan solo / con el rosario en la mano / y el breviario del cristiano / querer la vida pasar... / Es preciso al pensamiento / remontarlo a las regiones / donde se hallan instrucciones / que la ciencia suele dar... / Es preciso abrirse paso / entre envidia y mezquindades / y burlando tempestades / dedicarse ya a estudiar”. Así, se refugiaba de la intolerancia de aquellas personas que en su natal Loja (sur andino del país) cerraban a su paso puertas y ventanas y prohibían a sus hijas la amistad con esta joven que a sus 18 años osó ingresar a un colegio de varones para obtener su título de bachiller. Bueno, se hace historia marcando hitos con voluntad de hierro.
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