comunicación e información de la mujer
semana del 17 al 23 de octubre del 2000

  • MUJERES SOMOS

  • En forma

    Dunia Rodríguez. Algo pasa, con toda seguridad alguien tendrá una respuesta certera y hasta científica a este embate de productos y tratamientos que nos prometen recuperar la figura espigada de la juventud. Bueno, se cree, que el candor juvenil es único, añorado y deseado siempre, seas flaca, morena, gorda o rubia, segura o acomplejada.

    Cierto, no todos los días se es joven, aunque para salvarme de las provocaciones y ajustarme a las décadas vividas, me justifico diciendo que la juventud es sólo un estado de ánimo. Ser, estar o sentirse joven es algo que cada quien lo toma, según le va en la feria.

    Hace unas semanas, agobiada por el insomnio, me receté la programación nocturna de la tele. Poco o nada que ver. Los canales de televisión abierta, la verdad dejan muy poco para quienes, instalados en el alud de compromisos, se nos quita el sueño y deseamos despejar la cabeza, aunque en el fondo no dejemos de pensar lo que toca para la mañana que sigue y hacemos, desde la almohada, la lista de pendientes.

    Tenía tiempo en que la tele sólo me servía para ver un par de noticiarios, alguna telenoleva, cierto programa de análisis y, para evadir las complejidades, hasta resultaban útiles las series norteamericanas con sus argumentos banales. Ah, también servía para acompañar mis labores domésticas, ya que se acoplaban en el mismo son, la lavadora de ropa y los pleitos familiares dirimidos en el programa de Cristina.

    Vuelo al pasado reciente, al agotamiento, las ojeras y a los eternos comerciales de cualquier cantidad de aparatos gimnásticos para ponerse en forma, los menjurjes para adelgazar, los jabones y cremas para lograr la esbeltez. Si antes los hacedores de la publicidad se proponían decirlo todo en el menor tiempo posible y conseguir así clientela, hoy la variedad está en alargar el tiempo con fórmulas que van más allá de la descripción del producto a vender, quizá porque los televidentes ya tan hartos y condicionados a la publicidad, también esperan ver algo nuevo.

    Entre las recomendaciones de médicos, deportistas, comentaristas deportivos están también los testimonios de aquellas personas que han probado los productos con resultados favorables, desde luego. Y aún en el semisueño no dejó de llamar mi atención el invariable manejo de los estereotipos: piel sin arrugas, la eterna juventud, cero calvicie, busto y piernas firmes, abdomen ‘de lavadero’ ahora para hombres y mujeres, cintura breve en ellas.

    En el mágico mundo de la televisión, pero sólo con esos productos publicitados cuyo precio más bajo es igual a 12 salarios mínimos se puede conseguir todo, desde la eficiencia en el trabajo, el amor, mejor paga en el empleo; recuperar al marido y hasta la autoestima. Y como dice mi madre, a lo mejor ni adelgazas ni vuelves a ser joven ni te sale más pelo, pero, vaya, recuperar la autoestima, con un jabón, ya es suficiente.

    > Reportaje Semanal