comunicación e información de la mujer
semana del 30 de enero al 5 de febrero del 2001

  • Migrantes ponen en riesgo a sus familias

  • Las mujeres, las más vulnerables ante el Sida

    Alicia Yolanda Reyes. María tiene 40 años, vive en los Altos de Jalisco, tiene una hija de 20 años que es madre soltera y una pequeña nieta de dos años. Las tres viven con el virus que causa el Sida y lo adquirieron de la misma persona hace casi tres años.

    Jorge, el marido de Mari trabajaba en Estados Unidos de jornalero. Cuando regresó después de casi cuatro años de ausencia mantuvo relaciones sexuales con Mari y, a los pocos días, después de haber tomado unos tragos, forzó a su hijastra a tener sexo con él y tuvieron una niña que nació con el virus del Sida.

    Martha, la hija de Mari fue enviada al Hospital Civil de Guadalajara, ahí le detectaron que el virus que causa el Sida había entrado a su organismo y que su pequeña también había resultado afectada, el padrastro de Martha empezó a perder peso y sufrir diarreas, por lo que también fue internado en el mismo hospital, donde se le diagnosticó Sida, al igual que a Mari.

    Jorge falleció a los pocos meses, la bebé de Martha sobrevive, pero los médicos consideran que no lo hará por mucho tiempo, ya que su organismo cada día se debilita más.

    Mari también ha perdido peso, se niega a comer y está muy deprimida, pero aunque esto preocupa al personal médico, reconocen que no tiene muchas razones para vivir. Para ella fue muy duro perder al marido, saberse infectada y saber que su hija y nieta también padecen esa enfermedad.

    Mari había escuchado poco sobre el Sida, ellas sabían que les daba “a las güilas (trabajadoras sexuales) y a los jotos (homosexuales)”, pero jamás imaginó que esta enfermedad le fuera a afectar a ella, una "mujer decente, que sólo se dedicaba a atender a los hijos, que no conoció más hombre que Jorge, al que siempre le fue fiel, incluso cuando él andaba del otro lado".

    No se perdona el no haber cuidado a su hija, piensa que tal vez Jorge estuvo con su hija porque "ella andaba en la calle acarreando la comida". Mari en ningún momento cuestiona a Jorge, porque además él le juró que no sabía como había adquirido esa enfermedad y que tampoco sabía que la podía contagiar.

    JORNALEROS MIGRANTES, PONEN A SUS FAMILIAS EN RIESGO

    En los Altos de Jalisco, al igual que en otras zonas rurales de esta entidad y otras expulsoras de trabajadores agrícolas hacía Estados Unidos, la situación de las mujeres frente al VIH/Sida sigue siendo tan dramática como en los primeros años de la epidemia, señala la secretaria técnica del Consejo Estatal de Lucha contra el Sida (Coesida), Patricia Campos López.

    En México, existen zonas en donde la proporción hombre-mujer es de una por 1.5, es decir, similar a la de algunas regiones de Africa, aseguró una de las delegadas mexicanas en la pasada Conferencia Mundial en Sudáfrica sobre el tema.

    La también maestra en Ciencias de la Salud explica que mientras que en el Distrito Federal la proporción de mujeres que viven con el VIH/Sida es de una por cada 19 varones. En Jalisco la proporción es de uno a cuatro en la zona urbana, mientras que en el área rural la situación es más dramática.

    Asegura que mientras no se modifiquen algunas circunstancias alrededor de las mujeres que les permitan tener un mayor control de su situación económica o capacidad de tomar decisiones propias, las tasas no van a mejorar e incluso la proporción de mujeres que viven con el virus se incrementará.

    El lema de la campaña del Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre VIH/Sida (Onusida) para los próximos dos años, “Los hombres marcan la diferencia”, es importante porque pone interés en esta otra mitad de la población mundial, analizando los rasgos impuestos a hombres y mujeres, además de proponer modificarlos mediante pautas distintas de educación para los hombres.

    Esta campaña pretende favorecer a que las mujeres estemos en una situación diferente, lo que nos llevaría a una relación de mayor equidad para ambos.

    Recuerda que a los inicios de la epidemia se pensó que una manera de proteger a las mujeres era que fueran capaces de exigir protección, sin embargó, se toparon con la violencia por parte de los hombres que no estaban acostumbrados a aceptar sugerencias o imposiciones de parte de su pareja, ellos se sintieron amenazados y cuestionaron en dónde su pareja había aprendido ciertas cosas.

    A partir de ahí se visualizó que era necesario involucrar más al varón en esta lucha. Porque es muy claro que cuando una persona entra en un proceso de modificar su esquema de pensamiento, si la otra parte no se suma a este proceso queda descontextualizado, desvinculado.

    Es decir, se estarían formando mujeres fuera de contexto, mientras que sus parejas se quedan atrás y no aceptan estos cambios y, por el contrario, se sienten traicionados, agredidos, cuestionados en su virilidad y su respuesta, la mayoría de las veces, es violenta.

    Si se logra reeducar a la sociedad, hablar de una nueva masculinidad, en la que ellos sean capaces de expresar sus sentimientos, sus afectos, etcétera, se lograrán beneficios en todas las áreas. No sólo bajarán las infecciones del VIH, se abatirían también las muertes violentas entre los jóvenes.

    Por otro lado, es importante que existan campañas dirigidas a las mujeres, para que entiendan que el permanecer fieles, no necesariamente las va a proteger de adquirir enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el Sida.

    El trabajo con las mujeres, en opinión de la doctora Campos debe ser comunitario, es decir entre iguales , capacitar a mujeres de la comunidad para que sean ellas quienes lleven la información a la comadre, a la vecina, la cuñada, y le ayuden a revisar sus propios riesgos.

    Otra manera de proteger a las mujeres es que desde niñas se hable con ellas sobre sexualidad, responsabilidad y todo lo que a ellas les preocupa. Asimismo, evitar que se sientan juzgadas o cuestionadas cuando tocan el tema de la sexualidad en casa.

    Los medios masivos de comunicación y en especial las estaciones juveniles es algo que se tiene en contra a la hora de trasmitir valores a los jóvenes, ahí chicos y chicas acuden en busca de consejo y quien lo da, a veces con la mejor intención, trae una carga personal y social que no siempre es la más adecuada.

    Está mas que investigado que los otros jóvenes tienen una gran influencia en los chicos, la única manera de contrarrestar, e incluso tratar de influir de manera positiva en el grupo que rodea a nuestros hijos o educandos, es hablar claro sobre estos temas e invitarlos a compartir con su amigos la información que se les proporciona, sólo de esta manera se logrará abatir el alto número de ETS y el SIDA en las mujeres y en la población en general.

    aliciayolandar@hotmail.com

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