comunicación e información de la mujer
semana del 20 al 26 de febrero del 2001

  • Sólo hay privilegios para los “reyes del narcotráfico”

  • Los Ceferesos, centros de exterminio para las mujeres

    Miriam Ruiz. Cuatro presas políticas, vinculadas a movimientos populares e indígenas en el país, ven pasar sus días en Almoloya y Puente Grande --dos de los tres Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos) del país--, minadas en sus personas, aisladas y vigiladas mil 440 minutos al día, hasta en sueños.

    Mientras tanto, los “reyes del narcotráfico”: “El Chapo” Guzmán y “El Güero” Palma han comprado a todo el personal de estos penales de máxima seguridad para garantizar privilegios que incluyeron para el “Chapo” su salida hacia la libertad desde el Cefereso de Puente Grande, Jalisco, en un carro de lavandería el pasado enero.

    Enviar a una mujer a un Cefereso, donde con suerte convivirá con una o dos compañeras, es un acto de disminución humana, violento aunque no haya golpes, aseguró en entrevista Ana María Vera Smith, quien pasó siete años en la cárcel como presa política, uno de los cuales transcurrió en el Cefereso de Puente Grande, siendo ella la única mujer en ese momento.

    Centro de exterminio, calificó la actual defensora de derechos humanos a los Ceferesos al decir que en su diseño y operación nunca se tomaron en cuenta las diferencias entre hombres y mujeres.

    Lo anterior, a pesar de sus altos costos, como el sueldo de cada uno de los 130 custodios en Almoloya de siete mil pesos mensuales, casi seis salarios mínimos.

    Curiosamente, Ana María Vera se sienta, se mueve y recuerda las sensaciones de su año en Puente Grande como las sobrevivientes de los centros de tortura del régimen militar en Argentina. Y eso que en el Cefereso, nunca le tocaron un cabello.

    Transcurren en el penal de máxima seguridad de Puente Grande los días de Erika Zamora Pardo, quien llegó allí en diciembre de 1999, con un juicio pendiente por delitos políticos --acopio de armas, conspiración, terrorismo e invitación a la rebelión.

    Al día de hoy cumple ocho años de prisión la otrora estudiante de Ciencias Políticas, alfabetizadora y sobreviviente de la masacre de El Charco, así como de la tortura a manos del Ejército Mexicano, cuando la detuvieron en diciembre de 1998.

    Una historia similar es la de Virginia Gómez, dirigenta popular en Guerrero, militante del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y también trasladada del Cereso de Acapulco a Puente Grande en diciembre de 1999, según la información del Grupo Libertad, organismo vigilante de los derechos humanos de presas y presos políticos en México.

    Casada, cumple una sentencia de 22 meses al lado de Erika Zamora.

    Mientras que en el Cefereso de Almoloya de Juárez, estado de México, ahí donde cumple su condena Raúl Salinas --hermano del ex presidente mexicano-- se encuentra Gloria Arenas Ajís, militante del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), luchadora por los derechos indígenas en Veracruz, y también torturada por el ejército al ser detenida.

    A su lado, está Felicitas García Nava, ama de casa, detenida en Chalpingo, Guerrero en 1999 por elementos de Ejército quienes la torturaron en presencia de sus hijos al vincularla también al ERPI.

    Pasan 20 horas diarias en un espacio de 1.5 por tres metros, como describe Vera Smith, con una cama de piedra y una colchoneta, regadera y retrete pegado a las rejas desde donde son vigiladas, con la máxima sofisticación electrónica, las 24 horas.

    Su intimidad está bajo tal marcaje personal, que ellas tienen que entregar las toallas sanitarias después de usarlas.

    Los grandes capos tienen derecho a tres horas semanales (o más) de visita conyugal: pero no los presos y presas políticas. Así, su único contacto personal son las visitas familiares que tienen durante tres horas semanales.

    Para que algunos de sus familiares las visiten --después de recorrer de desplazarse de Guerrero o Veracruz al centro del país, en unos casos, y en otros desde Guerrero hacia Jalisco-- es necesario que estas personas pasen prácticas humillantes cuando las revisan, ilegalmente, en distintas cavidades del cuerpo.

    El mismo trato hostil es bien conocido por sus defensores legales, tal y como lo denunció hace un año la abogada Pilar Noriega, quien hoy defiende a dos de estas cuatro mujeres.

    Estas revisiones son innecesarias, dado que el sofisticado equipo de vigilancia para estos penales de máxima seguridad, se creó para omitir la revisión manual de visitantes, reportó el diario mexicano Milenio.

    Además, son atentatorias contra los pactos signados por el gobierno mexicano: La Ley para Prevenir y Sancionar la Tortura, la Declaración Universal de Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aseguró Ana María Vera, así como la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación hacia la Mujer (CEDAW).

    Vera Smith, impulsora de la organización política Izquierda Democrática, también es promotora del Grupo Libertad para las presas y presos políticos, pero con un especial énfasis en aquellas mujeres que han ido a la cárcel al ser vinculadas con movimientos populares, --desde una óptica-- o guerrilleros, desde otra.

    Entre los planes para este año 2001 se encuentra la realización de una caravana de derechos humanos hacia Puente Grande, en El Salto, Jalisco, para garantizar condiciones de humanidad para las presas políticas, así como una campaña de recolección de libros y otras acciones masivas de apoyo.

    Presa política es aquella que por sus actividades, ideas, convicciones o manifestaciones, es detenida no por la comisión de delitos, sino por ir contra los intereses de un determinado Estado, así como quien comete delitos tipificados como políticos: rebelión, sedición, motín, conspiración, entre otros.

    Hoy que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) busca concienzudamente los casos, particularmente en Guerrero, de personas desaparecidas, asesinadas o encarceladas durante la llamada Guerra Sucia de los años 70 hacia dirigentes sociales, habrá que resolver las injusticias también hacia las vivas.

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