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comunicación e información de la mujer semana del 27 de febrero al 5 de marzo del 2001 |
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Román González. El 1 de enero de 1994, en México se dio a conocer a través de sus acciones militares el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Entre sus filas miles de mujeres indígenas se levantaron en armas por el derecho a vivir como personas. Así, a seis años de este levantamiento, con la representación de más de 11 millones de mujeres y hombres indígenas en todo el país, el EZLN ha iniciado su marcha a la ciudad de México, para exigir que sus derechos y cultura sean plasmados en nuestra Carta Magna. Distribuidos en 65 etnias en todo el país, la población indígena actualmente, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), tiene los más altos índices de rezagos como es educación, salud, empleo y alimentación, entre otros. En ese momento histórico, aparecieron las mujeres de Chiapas, tanto las tejedoras de lana, las artesanas, las indias y mestizas. “El hecho de que la mujer se arme es muy importante, ya que demuestra que todos luchamos por lo mismo, y ellas llegaron a entender también su situación y a querer cambiarla, aunque muchas no directamente en la lucha armada, pero sí con la disposición a participar en sus comunidades”, decía la comandanta Ramona. Por su parte, la mayor Ana María recordaba que al principio eran dos mujeres en el Ejército Zapatista. Era pequeño, pues lo formábamos ocho o diez personas. “Luego el pueblo fue agarrando conciencia y entendieron que era necesario tomar las armas y solitos fueron integrándose a las filas del EZLN”. Las demandas del EZLN en relación con la población femenina, presentado el 1 de marzo de 1995 por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General, señalaba que las mujeres campesinas indígenas pedían solución inmediata de sus necesidades urgente, pues el gobierno nunca les ha dado solución. Estas demandas exigían, entre otras, clínicas de partos ginecológicos, para que las mujeres campesinas reciban la atención médica necesaria. Asimismo, la construcción de guarderías en las comunidades. Además, considera que tomando en cuenta la situación de la mujer trabajadora en México, se incorporaran sus justas demandas de igualdad y justicia en la siguiente Ley Revolucionaria de Mujeres, publicada en “El Despertador Mexicano”, órgano informativo del EZLN del 1 de marzo de 1993. Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria, en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen, refiere el primer capítulo del decreto. Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente, ni por familiares ni por extraños. Los delitos de violación serán castigados severamente, apunta el octavo artículo. Para muchas investigadoras y especialistas en el tema, la presencia de las mujeres en las filas del zapatismo contemporáneo, es sin duda una marca que se ha dejado ver de varias maneras, una característica que el movimiento insurgente ha tenido que asumir. En este sentido, para Margara Millán, coordinadora del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la máxima casa de estudios, no es broma cuando el subcomandante Marcos afirma que las mujeres están ahí no porque los zapatistas sean feministas, sino porque se lo han ganado. Refirió que la sublevación armada va acompañada de la movilización de muchos sectores del movimiento campesino que se reconocen en las demandas zapatistas y que han implementado una serie de acciones como tomas de tierras, cierre de alcaldías, huelgas de hambre, etcétera. También realizaron la protección civil del diálogo, es decir, la presencia constante en los cordones de seguridad que rodeaba el recinto de las negociaciones. Asimismo, apuntó, se han realizado marchas donde la mayor parte de los participantes son mujeres, de todas las edades, muchas con sus pequeños hijos. “Se calcula que el 30 por ciento de los miembros del EZLN son mujeres, pero en las bases de apoyo el porcentaje es mayor”. La Organización Independiente de Mujeres Indígenas (OIMI), las Mujeres de Motozintla, Mujeres de Margaritas, Mujeres de Ocosingo, Mujeres de Jiquipilas y la Organización de Mujeres Artesanas de Chiapas, Grupo de Mujeres de San Cristóbal, el Centro de Investigación y Acción para la Mujer, son algunas de instancias organizativas de mujeres. Desde el inicio del conflicto, en la entidad se vive bajo la estrategia de la “guerra de baja intensidad” , que incluye un tratamiento especial hacia las mujeres, sus hijas e hijos, considerados como la parte más sensible y vulnerable de la poblaciones, pues las usa como objetivos y símbolos de su poder ante el enemigo. De esa manera, los hostigamientos sexuales y las violaciones a las mujeres por parte del ejército y de las fuerzas de seguridad pública han sido el arma permanente en la guerra contra los zapatistas. La proliferación de la prostitución y el uso de las trabajadoras sexuales para obtener información y controlar a la población es común en el campo y la ciudad. Después de seis años del levantamiento zapatista, la marcha que iniciaron hacia la ciudad de México abre una nueva etapa en la lucha por la democracia. Aquí las mujeres tienen mucho que aportar en este proceso y es necesario que su voz se escuche durante el recorrido y en todos los espacios de encuentro y reflexión. Igualmente, en pleno ejercicio de sus garantías constitucionales, la población indígena de nuestro país, representada a través del Congreso Nacional Indígena (CNI), se apresta a hacerse escuchar ante los legisladores del Congreso de la Unión, en defensa de los derechos que como pueblos les han sido restringidos desde hace 508 años.
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