comunicación e información de la mujer
semana del 27 de febrero al 5 de marzo del 2001

  • Mutiladora del sexo femenino, ahora lucha contra esa agresión

  • La mutilación femenina mata millones de mujeres de Africa y Asia

    Thaís Aguilar*. Oureye, una campesina del interior de Senegal, fue durante años la responsable de mutilar los órganos genitales de las jóvenes de su comunidad, en una actividad que en nombre de la tradición y las "viejas costumbres", mutila y mata a millones de mujeres al año en algunos países musulmanes de Africa y Asia.

    Se trata de la mutilación genital femenina o circuncisión de la mujer como algunos le llaman, la cual consiste en extirpar el clítoris y los labios mayores de la vagina, en un ritual que por lo general se realiza sin anestesia y con los más rudimentarios instrumentos de corte.

    Tostan, una organización no gubernamental que trabaja en Senegal, ha logrado que 18 comunidades hagan un acuerdo democrático y público para evitar este sacrificio de sus mujeres, gracias a un proceso que involucra capacitación, educación y sensibilización de todas las personas líderes de las comunidades y de las mismas mujeres.

    Oureye es ahora una capacitadora y lideresa de su comunidad para convencer a otras familias y otras mujeres que, como ella, eran las "maestras" de la mutilación genital.

    Como si estuviera en su pueblo del interior de Senegal, en medio de una fiesta popular, ataviada con un traje tradicional color púrpura, su mirada perdida y una sonrisa plena, su alegría se debe a que ha dejado de hacer sufrir a las mujeres de su villa desde hace varios años. Oureye fue la "maestra" de la mutilación genital o infibulación de muchas jóvenes y niñas en su vecindario llamado Malicounda Bambara.

    La mutilación genital, también conocida como infibulación o "circuncisión femenina", es una horrorosa práctica que afecta a millones de mujeres de países de tradición musulmana en Africa y Medio Oriente. Sin embargo, no todos los países ni los pueblos musulmanes de estas regiones están de acuerdo con ella.

    Esa práctica consiste en una ceremonia acompañada de una "operación" realizada por mujeres mayores --y a veces algunos hombres--, quienes con instrumentos como cuchillos de cocina, vidrios rotos o navajas de afeitar, cortan el clítoris y los labios mayores y cosen la entrada de la vagina de las niñas o adolescentes.

    Esta dolorosísima "operación" es realizada sin ningún tipo de anestesia u otros cuidados mínimos, por lo que muchas mujeres mueren desangradas o sufren terribles infecciones a causa de lo insalubre de la práctica. Además de quedar marcadas para siempre por la traumática experiencia, las mujeres sufren todo tipo de enfermedades y padecimientos en sus órganos reproductivos debido a la mutilación.

    El ritual priva a las mujeres de sentir placer sexual y permite un control de sus cuerpos por parte de quien será su compañero o esposo. Al cerrar la vagina, se busca que el hombre tenga más placer en sus relaciones sexuales, un derecho que no es considerado para ellas.

    Molly Melching, una estadounidense radicada en Senegal, trabaja desde hace más de 15 años en los pueblos del interior de ese país en el programa Tostan, una organización no gubernamental que trata de ayudar a las comunidades a eliminar esta inhumana práctica. En un encuentro con periodistas de todo el mundo en esta ciudad norteamericana, Molly explicó cómo ha sido su trabajo de convencimiento para cambiar esa tradición en Senegal.

    Molly se ha convertido en una gran amiga de Oureye, quien dejó de ser una "mutiladora del sexo femenino" para convertirse en una agente de cambio para otras colegas suyas. Oureye trabaja ahora en talleres y capacitación en salud sexual y reproductiva y derechos humanos de las mujeres senegalesas.

    El proceso de convencimiento en esas culturas sobre la necesidad de erradicar la mutilación genital es lento y de cuidado. En muchos países, como en Egipto y Benin, esa "operación" es prohibida por la ley, pero las personas apelan a la "tradición" y las "costumbres" para continuar perpetuando lo que las organizaciones internacionales de mujeres califican de una grave violación a los derechos humanos de las mujeres.

    La experiencia de Tostan en Senegal ha sido exitosa, según Molly, ya que por medio de un proceso lento de involucrarse en las comunidades y culturas, han logrado eliminar la mutilación en algunos pueblos por medio de un sistema de organización colectiva donde líderes comunales y religiosos son convencidos de lo peligroso de esa costumbre.

    El proceso es delicado puesto que en esas culturas no se habla para nada de sexualidad, derechos reproductivos y salud para mujeres, niñas y niños.

    La mutilación se perpetua además porque es una forma de ganar dinero para esas mujeres. Según Oureye, ella ganaba el equivalente a siete dólares por cada "operación".

    Oureye de poco más de 50 años, es ahora una lideresa positiva en su comunidad que habla de la necesidad de potenciar a las mujeres para que se involucren en la toma de decisiones políticas y comunales en sus pueblos y ayuden a detener las prácticas que atentan contra los derechos humanos de las mujeres, como la mutilación genital.

    Tostan ha logrado involucrar a otras 18 comunidades del interior de Senegal para hacer una declaración pública de eliminación de la mutilación genital femenina. El proceso, según Molly, ha sido muy enriquecedor porque lo han enfocado como una tarea de educación de las comunidades.

    Esas villas padecen de serios problemas de analfabetismo y subdesarrollo, por lo que la mejor forma de convencer a la gente ha sido educándola, especialmente a las mujeres como Oureye.

    Ahora hasta los jóvenes padres de familia de niñas pequeñas se oponen rotundamente a que ellas sean mutiladas.

    "Durante años se consideró un error que las mujeres sintieran placer sexual, ahora es un grave error pensar que no lo tengan. Por eso yo escogí la libertad para mi nieta y no seguí la tradición", explica Oureye.

    Parte del proceso de convencimiento para erradicar la práctica consistió en no culpar a nadie sobre lo que era ella, porque es imposible determinar cómo comenzó. Ahora, Oureye viaja acompañada de Molly, quien le sirve de intérprete, para convencer a otras mujeres senegalesas y de otros países africanos sobre el grave error que cometen sometiendo a otras mujeres a esta mutilación.

    * Directora del Servicio Especial de la Mujer

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