comunicación e información de la mujer
semana del 3 al 9 de abril del 2001

  • EN LA MIRA

  • Las trabajadoras domésticas y Esther

    Sara Lovera*. ¿Qué es lo que dijo Esther? desde lo que los varones llaman “la máxima tribuna de la nación”, es decir, la tribuna del pueblo, donde hablan quienes nos representan, ella, la comandanta Esther, dijo muchas cosas.

    Desde ahí la mujer elegida para ser la representante máxima de los integrantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) habló fuerte, de un tema que quedó subsumido, fundamental, pero invisible. Habló de las mujeres indias, de su vida, sus sufrimientos, de su doble jornada, de cómo cargan leña y cómo viven dentro de sus casas. Explicó a los legisladores cómo es la autonomía y las costumbres y tradiciones desde otra autonomía: la de las mujeres.

    Y Esther habló bien fuerte de cómo ellas no podrían levantarse, hablar de dignidad e integridad, si en la corriente nacional las leyes nacionales no son aplicadas para sus comunidades, donde todavía, igual que en la zona considerada “civilizada”, existe y goza de buena salud el machismo, la violencia intrafamiliar, la imposición sobre la elección de pareja, el número de hijos, la exclusión en las asambleas. En fin, habló recio del reconocimiento que las indias hacen a su particular opresión, sumada a ser indias, pobres y marginadas socialmente. Esa la opresión milenaria de millones de mujeres.

    Habría que entenderla y bien leerla. Esther, esa indígena que podría ser una de las “chachas” del pueblo; o la migrante que llegó a la ciudad y se ocupa de los niños de una patrona. La que es despreciada y minimizada en el trabajo que todavía ejercen millones de indias, campesinas pobres, mujeres urbanas sin educación escolar, ésas, a las que las señoras llaman “gatas”, “sirvientas”.

    Esther, con las manos llenas de esperanza, hablaba también de ellas, precisamente dos días antes de que se conmemorara en todo el mundo el Día de la Trabajadora Doméstica. Lo dijo bien fuerte para quienes supieron escucharla.

    En su movimiento, las trabajadoras del hogar, piden dignidad y no limosna. Piden derechos laborales, salario y no limosna. Ya no quieren comer las sobras de la comida del día anterior, ni recibir la ropa usada, ni acuerdos del siglo XVII en los términos del trabajo. Quieren ser personas, simplemente.

    Así la comandanta Esther si bien se lee, representaba la figura de donde han venido históricamente las trabajadoras domésticas. De la hacienda feudal a la casa de las Lomas de Chapultepec. Esas, las chiquitas, las migrantes, las indias y campesinas que han salido de sus pueblos y comunidades en busca de mejores condiciones de vida. De ellas, las migrantes, que vienen del mismo lugar donde, como diría el sub Marcos, se levantó la dignidad y el coraje.

    De la idea discriminatoria de todas las mujeres, de las tojolabales y tzeltales, de ahí, también viene la resistencia a reconocerlas como personas. Y estas mujeres, nosotras, las indias y las migrantes, las que hacen trabajo doméstico fuera de ley, y las que lo hacen en forma gratuita y sin reconocimiento: las amas de casa.

    Todas venimos del mismo lugar, uno donde todavía mucha gente piensa como un lugar sin valor, de la marginación y la opresión milenaria. De ahí venimos, de ellas, de nosotras y por nosotras habló Esther, sin saber precisamente, tal vez, que se conmemoraba el día de la dignidad de las empleadas del hogar.

    La gran diferencia en estos días, es que son maravillosos e intensos. Porque la condición de las indias y de las trabajadoras, de todas las mujeres de distintas etnias, actividades y clases sociales, se está discutiendo y reflexionando.

    Este 4 de abril, en el Senado, se analizará el asunto de la dignidad femenina, moderna, en la Ley de Derechos y Cultura Indígenas. También tendrá que discutirse esta situación en la recién estrenada Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación, que tiene más de 109 integrantes.

    Y está ya, como en la boca de Lorenza Gutiérrez, una de las más de 140 mil trabajadoras del hogar que viven sólo en la ciudad de México, que hay derechos que reclamar, salarios que demandar, protección a la salud que adeuda esta sociedad a ellas, a nosotras, a todas las mujeres.

    Si las cosas y la conciencia cambiara, si fuera posible realmente construir mecanismos que obliguen a respetar a las mujeres, estaríamos hablando en el siglo XXI del comienzo de una real e integral, civilización.

    * secretaria ejecutiva de CIMAC

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