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semana del 8 al 14 de mayo del 2001

  • Existen cerca de 5 mil 717 grupos religiosos en todo el país

  • Acelerado crecimiento del cristianismo evangélico en México

    Redacción CIMAC. En 20 años ha incrementado la población evangélica mexicana, producto de la deserción de los creyentes católicos por lo que la religión católica muestra un descenso de 4.40 por ciento en comparación a 1980, reveló el artículo “El fervor se diversifica”, publicado en la revista Forum.

    La investigación de María Eugenia Pérez indica que a pesar de que los mexicanos profesan principalmente el catolicismo, en nuestro país hay un crecimiento acelerado del cristianismo evangélico, así como de otras creencias no católicas que constituyen el 12 por ciento de la población del país. No obstante, registros oficiales asignan el siete por ciento de los mexicanos.

    En las últimas dos décadas proliferaron en México cinco mil 717 grupos religiosos, indicó Rosendo Amaro Aguilar, de la Dirección de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, y cerca de mil más esperan respuesta oficial.

    La pluralidad religiosa se concentra principalmente en los estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Tamaulipas, así como Baja California con el 10.68 por ciento de la población no católica.

    La llaga en la cruz de la miseria

    Chiapas, es uno de los estados con mayor miseria y marginación indígena, en donde los grupos evangélicos atraen a sus fieles por medio del apoyo económico. Actualmente, la entidad concentra el mayor porcentaje de población no católica, el 22.65 por ciento, de acuerdo con el Censo General de Población. Asimismo, es el estado con mayor número de conflictos por intolerancia católica.

    Luego del estallido del conflicto armado en enero de 1994, la atención se centró en el conflicto interno de la jerarquía católica, en donde el nuncio apostólico y un sector de la misma, se interesaron en la salida de Samuel Ruiz García de la Diócesis de San Cristóbal, indica la revista académica para el estudio de las religiones en su tomo “Chiapas, el factor religioso”.

    INDIGENAS ENFRENTAN SU FE

    El antagonismo religiosos abierto en la región de Los Altos de Chiapas, en donde católicos y evangélicos empuñaron la violencia en el nombre de Dios, y ha ocasionado que alrededor de 33 mil chamulas hayan sido expulsados en los últimos 25 años.

    Las expulsiones cobran la mayor resonancia en el contexto de la guerra zapatista, a tal grado que en 1995 fue necesaria la integración de la Comisión Plural para la Reconciliación del Pueblo Chamula.

    San Juan Chamula, con una extensión de 393 kilómetros cuadrados, 103 parajes, con 51 mil habitantes, 3 mil de ellos evangélicos, acepta la presencia cotidiana de un centenar de hombres armados que resguardan la seguridad de estos últimos.

    OAXACA: SERVICIO, TEMOR Y JUSTICIA EN NOMBRE DE LA FE

    Oaxaca ocupa el segundo lugar a nivel nacional en conflictos por intolerancia religiosa, luego de Chiapas. En estas dos entidades no sólo participan los ministros de los cultos y los creyentes, sino hasta las autoridades civiles, quienes pretenden imponer ritos y tradiciones.

    La proliferación de órdenes religiosas en las siete zonas geográficas de Oaxaca ha dividido a las autoridades y enfrentado abiertamente a los católicos con sus propias familias.

    Para los protestantes es muy difícil convivir con los de otras religiones, que no beben pulque ni mezcal, no hacen los honores a la bandera ni celebran las fiestas patronales, ni siquiera se reúnen con sus familiares, si no se han convertido a su religión, indican católicos de estas comunidades.

    Para Edith García Jiménez, convertida a la religión evangélica desde hace 15 años, la verdadera palabra de Dios está en su religión. Los evangélicos llevan una vida ordenada, dedicada a seguir el ejemplo de Jesús en la Tierra, dice.

    Arturo Lona Reyes, exobispo de Tehuantepec y directivo del Centro de Derechos Humanos Tepeyac, explica que en lo últimos 20 años las iglesias protestantes han tenido un incremento acelerado en estas regiones y ello obedece a que sus organizaciones se basan en un liderazgo popular surgido de las mismas comunidades . Esto ha permitido que en numerosos municipios los eclesiásticos indígenas desempeñen un papel importante.

    De acuerdo con un documento del Centro Agustín Pro Juárez, en la Sierra Norte, los valles centrales y la zona de la Mixteca, son comunes los casos de presidentes municipales con cargos de ministros religiosos, quienes obligan a los comuneros no católicos a renunciar a su religión y a tomar cargos religiosos.

    Se les castiga con multas económicas suspensión de servicios y encarcelamiento. En casos extremos, se destruyen sus propiedades, son expulsados o asesinados.

    Otro caso es el de Santa María Tlahuitotepec, Zacatepec, en el distrito de Chopam, de donde fueron expulsadas 74 personas integrantes de 19 familias evangélicas. En San Juan Juquila Mixe, distrito de Yautepec, varias familias pertenecientes a los testigos de Jehová fueron amenazadas con ser expulsadas de su comunidad si no cumplían cabalmente con cargos que les impone el catolicismo.

    LA RELIGION CASI OFICIAL

    A pesar de que el sentimiento religioso y de creencia está presente en los mexicanos, la religión casi oficial de nuestro país, el catolicismo, vive la deserción de sus creyentes. Los datos del XII Censo General de Población muestran un descenso del 4.40 por ciento en comparación con la población católica existente en 1980, en tanto va en descenso (4.43 por ciento) la población religiosa no católica.

    Este fenómeno es explicable por la “conversión” de católicos hacia otras religiones cristianas, “principalmente evangélicas”, señala Elio Masferrer Kan, antropólogo e investigador de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

    Un dato revelador es el hecho de que la población mexicana que afirmaba no abrazar credo o culto alguno descendió a 1.04 por ciento, según el Censo General de Población, ya que en 1990 el porcentaje de no creyentes era de 6.0, en tanto que en el año 2000 fue de .6 por ciento.

    A decir de Masferrer, el rebote de los religiosos se ha canalizado en varias direcciones; por un lado existen renovadas formas de vivir creencias tradicionales como la católica, y por otro, han aumentado los seguidores de nuevos movimientos religiosos de todo tipo, incluso las que recogen multitud de vivencias agrega que actualmente los mexicanos viven una religión mixta a la medida de cada uno.

    La fe de los mexicanos en los inicios del siglo XXI toma dos cauces, por un lado refuerza sus creencias religiosas; habla de una nueva evangelización y, por otro, abre su mente a nuevas visiones en la que cabe casi todo, incluso temas como el budismo, las creencias mágicas del mundo nahuatl, la energía de las pirámides, entre otras.

    Finalmente, Masferrer concluye que “actualmente el campo religioso en México está en un proceso de expansión, de diversificación y que transforma sus límites, configurando un nuevo espacio social: el campo político-religioso, que implica una reformulación de la hegemonía de Estado y su sistema político”.

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