comunicación e información de la mujer
semana del 26 de junio al 2 de julio del 2001

  • Limitado su acceso a puestos de dirección

  • Bajos salarios obligan a las maestras a buscar otros empleos

    Silvia Magally. A pesar de que la educación básica está mayoritariamente en manos de las mujeres, las maestras tienen poco acceso a puestos de dirección y de representación sindical. Aunado a ello, se ven obligadas a trabajar dobles turnos, estudiar otras carreras o insertarse en actividades económicas para complementar su salario.

    Diferentes estudios de las condiciones laborales de las profesoras advierten que no obstante de la representatividad de las mujeres en el magisterio, las altas jerarquías educativas están bajo la responsabilidad de los varones y lo mismo ocurre en los puestos de representación sindical dentro del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE).

    De acuerdo con la Unesco, en el sector educacional, las mujeres tienen menos oportunidades de llegar a ocupar los cargos de mayor jerarquía académica o administrativa, aunque casi la totalidad de los docentes a nivel preescolar, y la mitad en el secundario, sean mujeres.

    Según la investigadora del Colegio de México, (Colmex), Etelvina Sandoval, el trabajo magisterial femenino enfrenta difíciles condiciones por su baja valoración social, escasos apoyos institucionales y salarios precarios a pesar de que históricamente el magisterio ha demandado el 100 por ciento de aumento salarial, incremento que nunca les ha sido concebido.

    El salario promedio actual de los y las maestras es de aproximadamente tres mil 300 pesos mensuales, más el último incremento de 11 por ciento, (más 2 por ciento en prestaciones) negociado este 15 de mayo, “Día del Maestro”.

    En 1984 un grupo de maestras democráticas de la Sección IX del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en el Distrito Federal, denunció los bajos salarios, la falta de capacidad adquisitiva, pensiones miserables y el autoritarismo, condiciones que persisten en la actualidad.

    La labor magisterial --apunta la especialista-- es ubicada más como una tarea asistencial y de servicio que como “un apostolado apto para las mujeres”, por su alto contenido maternal en donde el magisterio femenino permite la continuación del espacio familiar en el laboral --especialmente en preescolar--, convirtiéndose las maestras en “una segunda madre”.

    Debido a las dobles y triples jornadas de trabajo y las fuertes presiones, tanto en la escuela como el hogar, las maestras son presas fáciles de enfermedades o padecimientos propios de su profesión.

    Según la Sección 10 del SNTE, las características del quehacer docente como permanecer de pie y hablar por horas provocan alteraciones a la salud, tanto en el aparato fonético-respiratorio (afonía, sinusitis, bronquitis crónica) como en el vascular (várices).

    El trabajo del magisterio impacta de manera diferente a cada sexo, en el caso de las mujeres, debido al exceso de trabajo (escuela-casa) deriva en alteraciones tales como cefaleas, migrañas, gastritis, úlceras, colitis nerviosa y edema de las extremidades inferiores.

    Además, falta de energía debido a malos hábitos alimenticios, la ingesta de alimentos de poca calidad nutritiva, diferentes horarios para comer y la poca actividad deportiva-recreativa, se convierten en factores importantes de riesgo para la salud de las docentes.

    Adicionalmente, factores de orden biológico agravan más aún la situación de las maestras como son los embarazos, los cambios hormonales y el uso de métodos anticonceptivos.

    Los investigadores y estudiosos coinciden en la necesidad de elevar la calidad de vida de las maestras si se quiere aspirar a una sociedad más equitativa, así como en reivindicar a las docentes en un momento histórico como el actual, cuando paradigmas tradicionales caducan, a fin de que las profesoras asuman su tarea protagónica como agentes de cambio.

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